La mujer recogió la mesa y ayudó a sus nueve hijos a la hora de acostarse. Rendida y fatigada se dirigió a la cama, en la que ya se encontraba su marido hacía rato leyendo una novela. Apagaron la luz y se abrazaron. De repente, el hombre, como picado por un escorpión, se incorporó y preguntó: «¿Te has acordado de tomar…?». Ella dudó, terminó respondiendo afirmativamente, pero él, receloso, se alzó, se dirigió a la cómoda, localizó la caja, contó el número de píldoras anticonceptivas, comprobó el día y más tranquilo, volvió al lecho matrimonial. Ya para entonces, su mujer se había dormido. Pero la despertó…