2.865 – La bondadosa Cenicienta

jose_antonio_ayala  Cuando Cenicienta se casó con su príncipe Azul la felicidad la inundaba y quiso que todo el mundo fuese tan feliz como ella, incluyendo su madrastra y sus dos hijas. Le pidió, pues, a su esposo que les regalase a las tres un gran palacio, el más grande que poseyera. Así lo hizo el Príncipe, enamorado de su esposa, y contento de que ésta tuviese tan buenos sentimientos.
El palacio constaba de más de cincuenta dormitorios y salones, bodegas, caballerizas y varios jardines de vistosos árboles y flores. Muebles de calidad y numerosas lámparas, esculturas y pinturas ornaban todas las estancias. La única condición que se le impuso a sus ocupantes fue que el palacio fuese mantenido, personalmente por sus propietarias, tan limpio y cuidado como se les entregaba.

José Antonio Ayala
Chispas (101 microcuentos). 2005

2.864 – La isla de las ondas perdidas *

javier Ximens  Hay en el cielo una isla de nube a la que llegan todas las ondas radiofónicas que no son escuchadas por nadie. Como las olas del mar que traen la arena, las ondas van dejando las conversaciones, la música e incluso las interferencias en su litoral de agua. Casi todas las tardes bajan a la playa de gotas unos angelitos a jugar con las palabras, las notas musicales y los ruidos. Los querubines construyen castillos de letras, con enes como almenas, oes de troneras, aes de puertas y eles de puentes levadizos. También escarban pequeños hoyos en la niebla, se cubren con oraciones y al levantarse dejan huecos por los que se filtra la luz divina que llega a los hombres. A los serafines les gusta recolectar notas para componer y cantar las alabanzas, recogen semifusas que se colocan como peines entre los rizos, se acercan claves de sol al oído y escuchan el sonido de los humanos. Algunos tronos que iban para diablillos cogen los ruidos y los hacen chocar entre sí, suenan como truenos en días despejados y los hombres alzan la vista hacia el cielo.
Solo cuando llegan llamadas de socorro les avergüenza bajar a jugar.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2016/02/la-isla-de-las-ondas-perdidas.html

*Participo en el concurso Esta noche te cuento  que, con motivo del Dia Mundial de la Radio, debía inspirarse en la radio.

2.861 – Peor para ella

millas23  Tengo un ordenador portátil con el que voy a todas partes. Lleva dentro de sí más folios escritos de los que cabrían en un baúl, y más fotografías de las que entrarían en siete cajas de zapatos. Y no pesa más que un libro grande. En eso, los ordenadores se parecen a nosotros, que tenemos la cabeza llena de obsesiones, fantasías, deseos, rencores, agradecimientos, cosas, en fin, que no podríamos meter en un camión gigante de mudanzas ni apretando. Muchas veces, este ordenador se adelanta a mis deseos y si voy a escribir, por ejemplo, la palabra febril, él me sugiere que ponga febrero cuando apenas he tecleado febr. O martes si me dispongo a escribir martillo. Normalmente no le hago caso, pero a veces sí y salen textos curiosos. Por las noches lo dejo encendido para ver si se decide a redondear un artículo entero, o dos, por su cuenta, pero aún no me ha dado esa alegría.
Hace poco, me disponía a escribir una carta a un amigo y tecleé: Querid, pero antes de que acabara la palabra, el ordenador me sugirió: Queridos padre y madre.
Se me cortó el aliento, como pueden ustedes suponer, sobre todo porque soy huérfano y nunca se me habría ocurrido dirigirme a estas alturas a mis progenitores muertos. No obstante, hice caso a mi máquina y redacté una carta que ni siquiera era un ajuste de cuentas: de lo mejor que he escrito en mi vida. No tengo adónde enviarla, pero eso me ocurre también con muchas personas que están vivas.
Ahora bien, lo mejor es que ayer estaba trabajando cuando la pantalla del ordenador se puso negra durante unos segundos angustiosos y luego volvió en sí, como si hubiera tenido una lipotimia, una pérdida, un vahído. A mí me pasan esas cosas también: me desmayo durante un momento y enseguida se me enciende la luz y continúo sin problemas con lo que tenía entre manos. Ignoro si esta compenetración con mi ordenador es rara o no, pero a mí me gusta. O sea, que lo que hace diez o quince años nos habría parecido un cuento de ciencia ficción empieza a ser realismo costumbrista. La realidad es que es muy voraz: materializa todo lo que se nos pasa por la cabeza.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

2.860 – Escondidos

miguel angel flores  Aunque en casa se empeñaron en ocultármelo, pronto supe que soy un monstruo. Desde que los descubrí al otro lado, siempre los observo. Sueño con hacer deberes como ellos, con dormir sin frío, con llorar por algo, sonreír por nada. Cómo desearía que el escondite fuera solo un juego, no una condena.
Todos los niños saben que existimos. Todos. Y conocen de sobras dónde nos ocultamos. Pero nunca se asoman solos. Siempre se esperan a que haya algún adulto con ellos para hacerlo. Hasta se dejan convencer, por esa noche, de que tan solo nos están imaginando. Y un día crecen y dejan de creer para siempre en nosotros, rompiendo así cualquier posibilidad de comunicarnos. Si no lo creo, no lo veo. Así es para ellos.
De todas formas, yo no pierdo la esperanza de que alguna vez un niño se atreva, antes de que lleguen sus padres, a mirar bajo la cama, en el armario, tras la puerta o en ese rincón oscuro, y me descubra al fin. Si eso ocurriera, me hallará preparado para tirar con fuerza de su mano, de su pierna, de su ropa, y saliendo de mi escondite haré que, entonces, le toque a él.

Miguelángel Flores
http://estanochetecuento.com/escondidos/
http://www.eternidadesypegos.blogspot.com

2.859 – Confesiones (o no).

Arantza Portabales  Cosas que te dije: que deberías venir a por tus libros. Que me apunté a Pilates en el gimnasio de Ana. Que este año el recibo del IBI deberíamos pagarlo a medias. Que he dejado de fumar. Y las pastillas para dormir. Que, por fin, como querías, todas las bombillas de la casa son de bajo consumo. Que tu hermana me ha contado lo de Julia.
Cosas que no te dije: que rompí algunos libros. Pero los repuse. Que me acosté con mi monitor de Pilates. Solo una vez. Y que, aunque no estuvo mal, no he vuelto por allí. Que me da igual lo del IBI. Que he firmado los papeles. Que aún fumo y que, como ves, no he podido quitarme esa absurda manía de mentirte. Que sin las pastillas las noches son largas. Y oscuras. Porque no hago nada. Solo esperar la salida del sol para iluminar esta casa vacía (sabes que no soporto la luz fría de esas bombillas, tan económicas, tan antialérgicas, tan de quirófano). Que ya sabía lo de Julia, porque tu madre también me llama. Aunque yo solo quiero que me llames tú.
Para decirte mil cosas.
Para callarme otras mil.

Arantza Portabales Santomé
http://estanochetecuento.com/confesiones-o-no-arantza-portabales-santome/

2.858 – Colás y la moneda del miedo

aitana castano  Levantó la mano para enseñarme la moneda.
-¿La ves? Diomela mi pa antes de marchar a París. Diomela y nun me dio un besu porque los paisanos entonces nun daben besos. Nunca más volvimos a hablar de él en casa. Mi ma no nos dejaba. Y mi güela menos. Un día pillome mirando la moneda y me la quitó de la mano de una hostia. «Nunca más, ¿me oyes?. Nunca más». Taba tan enfadá que nun se dio cuenta de apañala de debajo la cama. Garrela yo y guardela encima de la viga del desván. Yo a veces metíame en la cama con el mi hermanu y preguntabai. «¿Cómo era? ¿Cómo hablaba?». «Era altu y hablaba bajino, pero quítate pallá, Colás, rediós, qué manía tienes de preguntar por él, como nos pille güelita mátanos a los dos. Además, ¿qué ye que tu nun te acuerdes? Pues bien que guardes la moneda que te dio, que lo sé yo, encima de la viga del desván». Yo, la verdad, acordábame de él al principio. Depués veníenme ráfagues a la cabeza de su voz, del su olor, de la su risa, pero nun yeren recuerdos, yeren sensaciones. ¿Me explico?. Asi tuvimos 38 años en mi casa. Sin hablar de él nunca, nunca más. Nun sabía de qué teníen mieu los demás, yo tenía mieu a que mi güela me volviera a dar una hostia…Y pel medio reímos, bailemos, y hasta me casé con la rapaza más guapa de la Pola y tuve dos guajes…

Aitana Castaño
http://sairutsa.blogspot.com.es/2015/11/colas-y-la-moneda-del-miedo.html

2.857 – Penélope y Aracne

Rene Aviles Fabila 2  Nada más falso que Ulises, luego de su penosa y complicada travesía de retorno a Ítaca, haya sido recibido por su fiel esposa. Había muerto. A fuerza de tejer y destejer, de bordar y desbordar, en espera de su amado, Penélope se convirtió en una suprema artista. De sus manos brotaban prendas que se ajustaban a los cuerpos de modo mágico y tapices con las más bellas escenas sobre las deidades griegas. Tejió en lana y seda, en finos linos y suaves telas, ropajes hasta para sus pretendientes. Ello desató el odio de Aracne, quien valiéndose de su figura de araña pudo llegar hasta las habitaciones de Penélope y picarla mortalmente en un brazo. Al parecer, todos han olvidado que Atenea, en su justificada ira para castigar a la irreverente muchacha, la convirtió con jugo de acónito en araña y al hacerlo no consideró que también le daba un mortal veneno y dejaba intactos su egoísmo y envidia
Ulises lloró la muerte de su esposa, pero de inmediato, para hallar consuelo, hizo traer a Circe, la hechicera que había amado durante su ruta de regreso a casa y cuya belleza aún lo subyugaba. Habrá que añadir que Circe detestaba tejer y bordar. Era sumamente sensual y su especialidad era la cocina.

Rená Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015