2.885 – Talgo

Ruben Abella  En realidad Ticiano iba a Córdoba, pero al ver a aquella mujer montando en el Talgo de Valladolid, supo que tenía que cambiar de destino. Compró el billete, cruzó corriendo el pasaje subterráneo y se subió al tren segundos antes de que partiera.
Avanzó por el pasillo resollando, apoyándose en los respaldos de los asientos. Colocó la maleta en el portaequipajes y, lanzando un sonoro suspiro, se sentó junto a la mujer. Ella lo miró con curiosidad. Sus ojos de azúcar corroboraron lo que él ya sabía: estaba a punto de conocer a su esposa.
O al menos eso es lo que a Ticiano, solterón octogenario y recalcitrante, le hubiera gustado contarle a sus nietos.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

2.882 – Síndrome de Estocolmo I

Lorena escudero Tras horas de intenso maquillaje, la princesa estaba lista para esperar en la ventana de la torre más alta del castillo. Solo habían pasado algunos minutos cuando apareció a caballo el primer príncipe que acudía en su rescate aquel día. Presurosa, se dispuso a afilar los cuchillos. Hoy el dragón había salido.

Lorena Escudero

2.881 – Km. 69

pedro herrero  Aunque hace rato que su mujer y su suegra se lo vienen repitiendo, el conductor del monovolumen no tiene la impresión de haberse perdido; a pesar de que no ve señales que anuncien la feria local del mueble usado y antigüedades. Aun así, detiene el coche frente a un solitario bar de carretera y pide un poco de paciencia, mientras se entera de la ruta a seguir.

En el bar, oscuro como el vientre de una ballena, una camarera exuberante le indica que retroceda hasta la tercera rotonda y que allí gire a la derecha en dirección al polígono industrial. El hombre comenta que nunca antes había pasado por aquí y que ha tenido mucha suerte de hallar un local abierto a estas horas. La chica le informa de que siempre tienen abierto y de que aceptan todo tipo de tarjetas de crédito. El hombre confiesa que con gusto se tomaba una copa ahora mismo, pero que lleva a su esposa y a su madre política a pasar el día fuera de casa. Ella le entrega entonces una tarjeta, que él guarda en su cartera, y le invita a volver sin prisas cuando quiera ver realizadas todas sus fantasías.

“Me he perdido pero vamos bien” –admite finalmente, de regreso con los suyos, al tensar de nuevo el cinturón de seguridad.

Pedro Herrero

2.880 – Doncella y unicornio I

a_m_shua46  Hay quienes suponen agotado el tema del unicornio y la doncella por extinción de ambas especies. Sin embargo el diario de hoy publica la fotografía de un caballo con un manchón sanguinolento sobre la frente. El animal asegura haber sido, hasta pocas horas antes de la toma, una auténtica doncella.
Ana María Shua

2.879 – Secreto

descarga Lo que daría porque fuese ya de día y su dulce voz me susurrase “lavavajillas”, “espumadera” o “colesterol”. Es maravilloso el secreto que compartimos. Del que nadie puede enterarse. Ese poder sobre las palabras que algún día heredaré. Si dice: “Lavadora”, la cocina empieza a girar como la noria del parque de atracciones. Otras veces dice “llave” y todo lo malo se queda encerrado en el desván. Cuando le oímos llegar ella dice: “Colesterol” y las cosas vuelven a su sitio como si nada. Mamá está practicando con una nueva palabra. Un día de estos dirá: “Pájaro” y al fin los dos podremos salir volando por la ventana y escapar.

Marta García Valdés
Relatos en cadena. Cadena SER

2.878 – Valor y precio

images  Era de los pocos detectives honrados que quedaban en la ciudad, una ciudad maleada por la corrupción y el progreso descontrolado en la que todo tenía un precio. La decencia valía menos que el descaro, y la traición cotizaba al alza. Mantener su honradez no le resultaba fácil, ya se había ganado la inquina de los compañeros, tres traslados y lo peor de todo, ese frío glacial en la mirada de su mujer cada vez que le hablaba del último sobre rechazado.

Yolanda Nava Miguélez
Cuentos en cadena. Cadena SER