1.174 – Cultura musical

 Todos los días a la misma hora del atardecer la música se eleva desde las montañas. Son canciones baratas, las mismas que han circulado entre las simas y los riscos en las radios de los excursionistas. Algunos atribuyen este fenómeno al eco, otros le echan la culpa a la falta de cultura musical de las montañas.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida.Ed. Páginas de Espuma 2009

1.172 – Buenos hermanos

 Si no nimias, suaves. Las diferencias entre Pepe y Jose eran prácticamente insignificantes, pequeñas, exiguas, anodinas, irrisorias, triviales, livianas, inapreciables, sin nada de particular. Donde Pepe era generoso, Jose era desprendido. Donde el primero amable, el segundo cortés. Donde uno torpe, el otro desmañado. Si Pepe trabajador, Jose currante. Si este tozudo, aquel porfiado. Seguro, decidido y fiel uno de los dos. Invariable, constante y leal el hermano, el semejante, el próximo, el pariente. Claro que eso podía tener que ver con la similitud, la analogía, el parecido, el paralelismo, la semblanza, la parejura, la afinidad de sus historias. Cuando Pepe nació, Jose fue dado a luz. Cuando el primero recibió la primera paliza del padre, el segundo obtuvo su tunda prístina. Cuando uno le pidió para salir a Paca, el otro se hizo novio de Francisca. En el momento en que Jose se casaba, Pepe contraía matrimonio. El día en que llegó el primer hijo de uno, fue la jornada en que nació el retoño del otro. A la vez que uno se empeñaba para comprar una casa, el otro se hipotecaba para adquirir un hogar. La época en que Pepe decidió operarse de hemorroides, fue el período que Jose escogió para que lo intervinieran por almorranas. Llegó hasta tal punto esa compenetración, ese entendimiento, esa coincidencia, esa identificación, que la fecha de la muerte de uno de los hermanos fue la data de defunción del otro y para ser respetuosos con su estilo de vida, se organizó un solo entierro y una sola inhumación.

Diagnóstico: Sinonimia (Figura retórica, llamada también metábole, que consiste en usar palabras sinónimas en un mismo contexto).

Flavia Company
Transtornos literarios. Ed. Páginas de espuma. 2011

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1.171 – Heimweh

 Mañana va a llover, como hoy, como ayer, como todos los días. Una lluvia gris, aburrida, silenciosa. Tan tenue que apenas moja pero enmudece el ánimo. La gente aquí hace su vida como si no lloviera, pero todos van cargados de hombros y no sonríen. Los miro desde la ventana mientras espero. A las doce, como siempre, dobla la esquina, entra en la casa y a los cinco minutos vuelve a salir. Bajo corriendo y sin aliento abro mi casillero esperando ver el sol brillar en la estampilla de esa carta del país al que no puedo volver.

Adriana Gabriel
Relatos en cadena. Cadena SER . Santillana Ediciones Generales, S.L. 2010

1.170 – El sobrino de Ken Maynard

 Ken Maynard, el vaquero bravío, llevó a su sobrino a la feria, y después de saborear ambos una enorme nube de algodón y jalarle los bigotes a la mujer barbuda, el niño pidió al hermano de su Mamá que subiera con él al carrusel, el niño eligió el caballo pinto y Ken el de crín alborotado. Subieron y a media sabana ocurrió lo inesperado, les salió al paso el cuarteto de la muerte, montado en caballos negros. El niño echó mano de su pistola y descontó a tres de los bandidos dejando a uno solo con quien se batió a tiros el tío Ken durante la hora restante de la película. Aburrido, el niño se bajó de su caballo al vuelo como un pistolero de garra. `Ya, tío vámonos, no te quedes dormido´.

Raúl Renán

1.169 – Receta

 Para escribir una fábula es necesario contar con un león, un mono y un pintoresco camaleón. Se le pone una pizca de sátira, algo de envidia, pero sólo en pequeñas cantidades, para que apenas se note, las correspondientes dosis de ironía y humor, aplicadas con mesura y oportunidad, y tras pensar en los políticos y escritores, se agita en la imaginación. Luego, ya sólo es necesario poseer el talento y la expresión justa de Monterroso, de modo que en nuestra fábula el mal vuelva a triunfar sobre el bien, sin remedio, como siempre ha sucedido, para escándalo de los crédulos y desesperación de los optimistas. Como debe ser.

Fernando Valls

1.168 – Documental

 Apenas se bajó del coche, el crítico literario reparó en la cámara del aparcamiento e imaginó una garita llena de monitores con su imagen multiplicada en vano, porque en ese momento el vigilante estaría distraído viendo un partido de fútbol y masticando un bocadillo de chorizo. ¿Y si había algún ladrón escondido en el aparcamiento? ¿O un escritor resentido? En esas magias estaba cuando se oyó un portazo y de una furgoneta colorada se bajó el novelista que había reseñado la semana anterior. ¿La reseña había sido buena? Cuando vio el bate de béisbol se acordó.
Si el vigilante no está mirando los monitores –razonó de lo más semiótico-, seguro que en su garita hay otra cámara que registra en otro monitor lo que está ocurriendo, pero si ese segundo vigilante tampoco está atento a los monitores que aparecen en el monitor que debería estar controlando el primer vigilante, siempre cabía la posibilidad de que hubiera una tercera cámara filmando lo que ocurría en la garita del segundo vigilante, de manera que sólo un tercer vigilante podía ser capaz de ver en su monitor, una garita con varios monitores donde un vigilante sigue un partido de fútbol mientras en los monitores de su garita un escritor resentido se propone acabar con el crítico literario. ¿Pero si el tercer vigilante tampoco estuviera pendiente de las imágenes de los monitores que estaban dentro de las imágenes de los monitores que estaban dentro de la imagen de su monitor? ¿Quién podía reparar entonces en un detalle tan minúsculo? En ese momento descubrió su salvación.
– ¿Tú crees que tu novela es original tan sólo porque en ella hay un escritor que escribe sobre otro escritor que escribe acerca de un tercer escritor que escribe sobre un escritor? Pues debes saber que ahora mismo hay un monitor donde sale otro monitor en el que hay un monitor que está grabando en otro monitor lo que pretendes hacer.
– ¿Y tú, cómo mierda sabes eso, maricón?
– Porque el omnisciente soy yo, ¡animal!
Mientras el escritor resentido huía despavorido, el crítico literario se quedó pensando si el narrador de la historia debería ser el vigilante de la primera garita o más bien el de la segunda.

Fernando Iwasaki

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1.165 – Los cuentos de hadas terminan mal

 Durante meses nos habíamos soñado al atardecer desde nuestras ventanas enfrentadas. En el piso 10, donde el smog es sutil, las cortinas ondulan, la luz se modifica a voluntad y los cuerpos no son sino se imaginan, las copas sugerían a diario un brindis con champán o ambrosía.
Los hombres suelen ser crueles para los finales: le bastó un mediodía salir al balcón rascándose la entrepierna y mirar, obsesivo, cómo yo picaba cebolla y ajo.

Gabriela Urrutibehety
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