Mañana va a llover, como hoy, como ayer, como todos los días. Una lluvia gris, aburrida, silenciosa. Tan tenue que apenas moja pero enmudece el ánimo. La gente aquí hace su vida como si no lloviera, pero todos van cargados de hombros y no sonríen. Los miro desde la ventana mientras espero. A las doce, como siempre, dobla la esquina, entra en la casa y a los cinco minutos vuelve a salir. Bajo corriendo y sin aliento abro mi casillero esperando ver el sol brillar en la estampilla de esa carta del país al que no puedo volver.