Ken Maynard, el vaquero bravío, llevó a su sobrino a la feria, y después de saborear ambos una enorme nube de algodón y jalarle los bigotes a la mujer barbuda, el niño pidió al hermano de su Mamá que subiera con él al carrusel, el niño eligió el caballo pinto y Ken el de crín alborotado. Subieron y a media sabana ocurrió lo inesperado, les salió al paso el cuarteto de la muerte, montado en caballos negros. El niño echó mano de su pistola y descontó a tres de los bandidos dejando a uno solo con quien se batió a tiros el tío Ken durante la hora restante de la película. Aburrido, el niño se bajó de su caballo al vuelo como un pistolero de garra. `Ya, tío vámonos, no te quedes dormido´.