Lola se tatuó una mariposa en el hombro, un escarabajo al oeste del ombligo, una garza con el cuello estirado a lo largo de su pantorrilla, un sapo somnoliento en el empeine izquierdo y uno saltarín en el derecho, una foca monje en las estribaciones del agujero vaginal, un saltamontes sobre el pecho derecho y un caracol en el trasero. Todo iba bien en su vida. Su marido se marchaba a su trabajo nocturno y ella dormía desnuda. Los animales salían de su cuerpo y danzaban y cantaban canciones de corro en la alfombra del dormitorio. Al alba, cuando escuchaban las llaves del hombre, volvían a sus puestos y esperaban ser agitados por la furia sexual con la que llegaba del trabajo. Todo este hermoso mundo familiar se desmoronó el día que Lola decidió tatuarse en el omóplato una fastuosa cabeza de tigre con dos grandes colmillos con el fin de advertir a los que se acercaran demasiado. Cuando el pasado amanecer regresó el marido gritó con espanto al ver el cuerpo de Lola inerte sobre las sábanas. Los animales se habían dado a la fuga capitaneados por el enorme tigre, que había dejado una marca de sus fauces sobre la yugular de la que aún, y son ya las ocho y media de la mañana, no ha dejado de manar sangre.
Autor: carlos
1.293 – Aviso
Me voy a fumar todo el tabaco que encuentre en el estanco. Me beberé toda la ginebra que me escondan.
Insomnes serán todos mis sueños. No volveré a probar bocado alguno.
Me alejaré del agua, del mar y de tus versos. Luego, si me queda tiempo, me olvidaré de ti.
Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de Sal.Trama Editorial 2012
1.292 – Fue muy triste…
Fue muy triste dejarla en la perrera durante el verano, pero era imposible llevársela en el viaje. Cuando regresaron, meneó la cola con su eterna alegría y se tumbó en su cesta, tan cariñosa como siempre. Pero cuando desvalijaron la casa, ni siquiera ladró.
Espido Freire
Cuentos malvados. Ed . Páginas de espuma, 2010
1.291 – Naufragio
El día que se hundió aquel navío entre retumbos de barriles y añicos de loza, yo nadaba cerca, ocioso, mientras practicaba esgrima intelectual con mi hermano (el irresoluble problema de la flecha del tiempo y la diana de la inmortalidad). La tripulación, desesperada, se agitaba sobre las aguas oscuras. Unos pocos habían logrado aferrarse a pellejos de buey. Al percatarnos de su desgracia, nos sumergimos resueltos y buceamos hacia ellos, aproximándonos a toda velocidad, con estilo poderoso, ondulante. Siempre sucede que, aunque lleguemos a tiempo para redimirlos, ellos no pueden evitar señalarnos y, enloquecidos, gritar al unísono con un timbre particularmente desagradable que el prestigio o quizá el horror concentran: ¡Tiburones! ¡Tiburones!
Ángel Olgoso
La máquina de languidecer. Ed. Páginas de espuma, 2009
1.290 – Performance
Cuando mi mujer le propuso a la vecina del quinto que ejerciera de hija a cambio de una paga semanal, no dije nada; últimamente tiene muy mal genio. Pero la vecina encontró trabajo y dejó de venir, así que puso carteles por todo el barrio solicitando gente para un puesto indefinido, y eso me pareció excesivo. Ahora tenemos una hija divorciada y madre de adolescente problemático, una nuera en rehabilitación y hasta una nieta nigeriana de dos años a la que llevo al parque. El caso es que a ratos me parece que los conozco de toda la vida, y juraría que ayer el chico me abrazó con auténtico cariño.
Rosana Alonso
Los otros mundos.Edit. Talentura, 2012
1.289 – Houdini el escapista
Fue ilusionista, atleta, contorsionista y cerrajero. Se hizo llamar Houdini, creó el número del escapismo y fue el mejor escapista de todos los tiempos. En pueblos y ciudades promocionaba su acto desafiando al jefe de policía o de la prisión local a mantenerlo encerrado. Escapó de cuerdas, cadenas, camisas de fuerza, todo tipo de esposas, barriles, cajas, baúles, bidones, bolsas, sacos, ataúdes, jaulas y habitaciones cerradas. Y sin embargo, yo conseguí atraparlo aquí, para siempre, para ustedes.
Ana María Shua
Fenomenos de Circo. Páginas de espuma 2011
1.288 – Cacería
Permanece estirado, boca arriba, sobre la estrecha cama de madera. Con los ojos apenas entreabiertos busca en las extrañas líneas del techo el comienzo de un camino que lo aleje de su perseguidor. Durante noches enteras ha soportado el acoso, atravesando praderas de hierbas venenosas, vadeando ríos de vidrio molido, cruzando puentes frágiles como galletas. Cuando el perseguidor está a punto de alcanzarlo, cuando lo siente tan cerca que su aliento le quema la nuca, se revuelca en la cama como un gallo que recibe un espuelazo en pleno corazón. Entonces el perseguidor se detiene y descansa recostado a un árbol, aguarda con paciencia que la víctima cierre los ojos para reanudar la cacería.
Ednodio Quintero
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma, 2001
1.287 – Yo, mutilado capilar
Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad. Hace unos veinte años, el espejo delató los primeros claros bajo la melena encubridora. Hoy me provoca estremecimientos de horror el luminoso reflejo de mi calva en vidrieras y ventanas y ventanillas.
Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer ha tenido nombre, o por lo menos número.
Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso:
-Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera.
También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí.

