1.922 – La extraña

jose_antonio_ayala  Cuando se despertó, la vio a su lado, todavía dormida, y le pareció una extraña. Se levantó a beber un vaso de agua y miró de reojo los dos o tres retratos que había por encima de las mesas. Allí estaba ella, con él, más joven, más guapa. Distinta. Nada que ver con su acompañante actual. Se vistió, procurando no hacer ruido, y antes de marcharse le dejó algún dinero encima de la mesilla de noche.

Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.921 – En horario laboral

raul ariza escritor 01  Yo conté hasta doce gatos. Los había de todos los colores y razas. Atigrados en gris o en marrón, con topos como los de las jirafas o los guepardos. Otros eran totalmente negros, o blancos o caobas. Había uno con una mancha casi azul en la frente, sobre un fondo metálico. Doce llegué a contar, mientras estuvimos en la casa levantando el cadáver de la vieja.
La jueza tardó más de la cuenta en llegar, así que mientras esperábamos, tomamos las fotos rutinarias de la escena e hicimos un poco de tiempo, charlando de cosas insustanciales con los dos policías locales que nos habían dado el aviso. La noche había salido templada, y una luna enorme lo alumbraba todo.
La casa era, es verdad, un desorden total, una leonera, un almacén en perfecto cambalache en el que se podía encontrar cualquier cosa. Muebles viejos, ropas y harapos, periódicos amarillentos. Había montones, torres de papeles, revistas y libros desvencijados con algunas páginas arrancadas y las demás raídas.
Las paredes estaban preñadas de cuadros ocultos tras una gruesa capa de polvo y me sorprendió encontrarme con tres frigoríficos, dos de ellos en el salón.
Junto al cuerpo de la anciana, en el sofá, había un álbum de fotos. Lo abrí, retirándome a un lado del salón, y lo ojeé. La reconocí en ellas. Estaba mucho más joven y guapa. En algunas aparecía sola, rebosando vida, posando sonriente para el fotógrafo. En otras se la veía acompañada de distintos hombres, a veces de su brazo y otras besándose con ellos. Había muchas en las que se la veía con una niñita rubia, de largas trenzas, que compartía evidentes rasgos familiares con la muerta.
Recuerdo que lo único que se me ocurrió decirle a mi compañero cuando me miró con reproche al verme con aquello en las manos, fue que me encantaba pronunciar la palabra álbum. Él no me hizo mucho caso, entretenido como estaba ahuyentando con chasquidos y aspavientos a los gatos que ronroneaban cerquita de su dueña.

Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda. Ed. Talentura. 2012
http://elalmadifusa.blogspot.com.es/

1.920 – Casting

caniche  Circulaba por la ciudad, en pleno entierro de la sardina, cuando me dieron el stop en un checkpoint con farolillos rojos. Allí, una mujer disfrazada de letraherida, se subió al coche y me indicó que continuara. Llevaba (cómo no) unas Ray-Ban de espejo, una kaláshnikov y un perro faldero. Olía a gasolina: la mujer; el perro parecía recién salido de la peluquería. Sin quitarse el pasamontañas, me confesó enseguida que en realidad era una periodista buscando inspiración. Entendí el disfraz; no lo que vino después: Sacó una libreta, apagó la radio y comenzó a hacerme preguntas quisquillosas que, al rato, me hicieron sentir incómodo al responderlas y lleno de miedos antiguos. Ya estaba a punto de pedirle que se saltara la etapa adolescente, cuando toqué sin querer el fusil y un disparo fortuito activó el airbag (negro, enormísimo), desviando el coche barranco abajo.
A mí me rescataron con un hilo de vida; a ella pude verla, con su disfraz irreprochable, paseando por el filo de la carretera. Justo antes de desaparecer, descubrí la nota que me había dejado en un bolsillo: “Ni para un obituario”, decía. Luego perdí la conciencia, entre ecos de ladridos de aquel estúpido caniche.

Vicente Fernández Almazán
http://estanochetecuento.com/casting/

1.919 – Pesca

federico fuertes guzman4  ¡Otra vez mi mujer me ha dejado destapado! Ella tira y tira, y la madrugada me encuentra aterido y en posición fetal. Son las seis y todavía quedan un par de horas de cama, así que intentaré recuperar el tapado. Primero llega una colcha estampada de flores, después una primera manta de color celeste y una segunda amarilla (colores patrios para nosotros). Siguen llegando mantas y yo sigo tirando: mantas de lana, edredones, colchas estampadas, sábanas de franela y, ¡oh sorpresa!, después de mucho esfuerzo, aparece un gran banco de boquerones que dan sus últimos saltos sobre el lugar que hasta ese momento ha correspondido a mi cónyuge en el lecho nupcial.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.E.D.A.libros.2008

1.918 – Zorro rey

Jaime Alberto Velez G.  El zorro no perdía oportunidad de acercarse al león y de caminar a su lado en actitud de familiaridad y camaradería. El león lo miraba con displicencia y oía sus palabras sin prestar atención. Con el correr del tiempo, el zorro creyó compartir con el león sus mismos atributos y, por esa razón, en su ausencia, se empeñaba en imitar sus poderosos rugidos. Los animales salvajes también parecían considerarlo Rey de la Selva, o eso, por lo menos, sintió el zorro cuando, sedientos de venganza, cayeron por sorpresa sobre él.

Jaime Alberto Vélez
El león vegetariano y otras historias. Bogotá: Alfaguara, 2000

1.917 – Oración lingüistica

pilar galan 65  Mi suegra dice te se y me se, y asín, mientras la eternidad es una tarde de domingo atrapada en la mesa camilla de su casa.
Mi hijo pequeño dice sidericordia, y nos reímos. En el colegio estudia que los verbos indican acciones, y se buscan en el diccionario a través de los infinitivos. Ar, er, ir. También confiesa que confunde verbos y adjetivos, y que la lengua le aburre porque tiene que escribir renglones y renglones, y copiar los cuadros amarillos.
Mi madre no dice nada. Musita palabras sin sentido, o te mira fijamente intentando reconocer el camino de vuelta ya olvidado. A veces tose, o empieza a gemir y sobrevuela un conato de esperanza, que se diluye enseguida.
Mi hijo mayor escribe tqmuxo, y volveré trd. Bs.
Mi jefe dice reestructuración y objetivización adaptizada de contenidos actitudinales. Y luego plis, traime un café, porfa, enseñando unos dientes manchados de nicotina.
Durante el día, mi marido y yo cruzamos insultos y reproches, con el desafecto rápido de antiguos conocidos.
Por la noche, cuando todos duermen, hablo sola.
En el principio fue el Verbo, dicen.
Del final no dicen nada.
Porque estamos saciados de desprecios.
Sidericordia, señor, sidericordia.

Pilar Galán

1.915 – Sobre el racismo

perich2  En España no somos racistas. Si de un tío que trabaja desorbitadamente, decimos que «trabaja como un negro»; de un avaro, decimos que es «un judío»; de un hombre excesivamente celoso, decimos que es un «moro»; o de un individuo tonto, decimos que «le han engañado como a un chino», es porque somos un pueblo dicharachero y sin prejuicios.

Jaume Perich
Autopista. Ediciones Estela. Barcelona. 1970

1.914 – La historia de la familia que discutía

Ursula+Woelfel  Una familia que siempre estaba discutiendo se fue al parque a pasear. Era invierno, y de repente se les vino encima una tormenta de nieve.
El padre dijo:-Por la derecha es el camino más corto hasta la puerta del parque.
-¡Qué disparate! -dijo la madre-. Tenemos que ir por la izquierda.
-¡Estáis locos! -gritó la hija-. ¡La puerta está detrás de nosotros! ¡Tenemos que volver!
Pararon. Ninguno cedía. Se hizo de noche, descargó la tormenta y cada vez hacía más frío. Los tres seguían riñendo y no se daban cuenta de que se les estaban congelando los pies.
Un guarda fue a cerrar la puerta del parque. Se encontró delante de él tres muñecos de nieve, y oyó que gritaban:- «¡Derecha!». -«¡No, izquierda!»- «¡Volved!».
Salía de la nieve y sonaba horripilante, ahogado. El guarda se asustó tanto que se volvió, corrió a casa y dejó la puerta del parque abierta. Tuvo que tomar siete copas de aguardiente, y se tranquilizó un poco.
Por la mañana estaban los tres tiesos, helados. Ahora veían que la puerta estaba delante de ellos. Ninguno tenía razón. Pero sólo podían decirlo con los ojos. En ese momento volvía el guarda. Cuando vio mover los ojos a los muñecos de nieve tuvo que volver a tomarse otras siete copas de aguardiente. Después fue a buscar a la policía y a los bomberos.

Ursula Wölfel
http://www.calarca.net/minificciones/index35.html