Asuntos delicados de la selva

alberto-barrera1-237x300Un leopardo homosexual puede sufrir mucho. Si decide pintarse los colmillos con las hojas de un rábano, los cachorros lo miran sospechosamente. Si prueba estirarse como una garza, los mayores se burlan con descaro. Si observa durante horas el cuerpo de un amigo (sus músculos tensos, su cabello, su sexo como aceitunas jóvenes), toda la manada lo desprecia.
Un leopardo homosexual (en general) se mortifica. Está siempre al acecho y (en particular) encuentra amantes debajo de los ríos, abrazos rápidos detrás de las sombras de la madrugada.
De tanto andar en estas guerras, algunos leopardos homosexuales terminan por creer que ellos son los únicos que sufren.

Alberto Barrera Tyszha

Dejar de ser mono

augusto monterrosoEl espíritu de investigación no tiene límites. En los Estados Unidos y en Europa han descubierto a últimas fechas que existe una especie de monos hispanoamericanos capaces de expresarse por escrito, réplicas quizá del mono diligente que a fuerza de teclear una máquina termina por escribir de nuevo, azarosamente, los sonetos de Shakespeare. Tal cosa, como es natural, llena estas buenas gentes de asombro, y no falta quien traduzca nuestros libros, ni, mucho menos, ociosos que los compren, como antes compraban las cabecitas reducidas de los jíbaros. Hace más de cuatro siglos que fray Bartolomé de las Casas pudo convencer a los europeos de que éramos humanos y de que teníamos un alma porque nos reíamos; ahora quieren convencerse de lo mismo porque escribimos.

Augusto Monterroso

La casa al revés

Iliana Gomez Berbesi 23

 

 

 

Así que fue a su casa y supo por fin que a ella también le gustaba coleccionar viejitos de loza y jirafas de cristal. Así que ella tenía su cama desfallecida de novelas de Ágatha Christie y Simenon. Y adivinó que prefería la lluvia, las manzanas y los paisajes de Watteau. O la neblina sobre el puente. Y si nunca se lo hubiese confesado, cada cosa en el cuarto lo evidenciaba. Así que ella también temió por lo que pudiera decir y guardó todas sus imprudencias en el clóset. Porque por supuesto, él no iba a llegar a tales extremos. Mientras esperaba a que se quitase la ropa, se preguntó si algún día podría verla cubierta de cremas y tomando el té, gorda, envejecida y más risueña, preguntándole si se acordaba de aquella colección de cristal, de la cursilería, de que tenían mucho frío o del amor.

Iliana Gómez Berbesí

Felicidad

andres_neumanMe llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal.
No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo; iba a decir el mejor, pero diré que el único.
Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal.
Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos.
A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

Andrés Neuman

El recto

juan ramon jimenezTenía la heroica manía bella de lo derecho, lo recto, lo cuadrado. Se pasaba el día poniendo bien, en exacta correspondencia de líneas, cuadros, muebles, alfombras, puertas, biombos. Su vida era un sufrimiento acerbo y una espantosa pérdida. Iba detrás de familiares y criados, ordenando paciente e impacientemente lo desordenado. Comprendía bien el cuento del que se sacó una muela sana de la derecha porque tuvo que sacarse una dañada de la izquierda.
Cuando se estaba muriendo, suplicaba a todos con voz débil que le pusieran exacta la cama en relación con la cómoda, el armario, los cuadros, las cajas de las medicinas.
Y cuando murió y lo enterraron, el enterrador le dejó torcida la caja de la tumba para siempre.

Juan Ramón Jiménez

La mujer que vuela

ana maria shua 8 Puedo volar -dice la mujer. Se la ve grande y cansada. Fue bella.
– Trapecista. Una genial trapecista- entiende el director del circo.
– No. Yo vuelo. De verdad.
– ¿Con cables invisibles? ¿Con un sistema de imanes, como el mago David Copperfield?
– Usted no entiende. Como Súperman.
La mujer alza el vuelo y da una vuelta completa alrededor de la carpa.
– Una gran artista. Pero no es este su lugar, señora – el director es sincero y odia tener que rechazar a una gran artista. – Este es un modesto circo de minicuento. Estoy seguro de que tendrá más suerte en una novela de realismo mágico.

Ana María Shua

Crítica literaria

pilar_galan_2bPara mí que lo de las metáforas es un invento, de ellos, de los de siempre. Te lees un poema que no se entiende nada, que no sabes si están hablando de un perro o de lo triste que está el poeta, vengan torres, o rosas desnudas o tardes azules. Y te explican que es que está lleno de metáforas. Acabáramos. A ver si es que cuando uno no quiere que se le entienda habla en metáforas. Pues para metafórico el tonto de mi pueblo cuando masculla. Eso sí que es un no entender. Luego, carraspea, aclara la garganta y echa un gargajo como quiera. No he visto mejor poema en mi vida.

Pilar Galán

Séptimo


A
bro los ojos
y todo está oscuro. Se me ocurre decir la siguiente frase: haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras. Todo a mi alrededor cambia y me animo porque cuando he despertado no sabía quién era y ahora hay bastantes posibilidades de que sea el mismísimo Dios del universo (llenos están el cielo y la tierra de mi gloria).
Paso así los siguientes días. Me canso. Dios no se cansa nunca, así que lo más probable es que esté equivocado. El séptimo día, hundido y desencantado, lo dedico a dormir profundamente.
Mañana será otro día.
Federico Fuertes Guzmán