Toda mi vida fue buscar el lugar donde quería morir. Aún sigo viajando.
Javier Villafañe
Toda mi vida fue buscar el lugar donde quería morir. Aún sigo viajando.
Javier Villafañe
Ámalo despacio y vístete rápido. No querrás enamorarte de ese idiota.
Orlando Romano
Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven. Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado. Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz. Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe. Israel fue cuando era una antigua nostalgia. Todo poema, con el tiempo, es una elegía. Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.
Jorge Luis Borges
El cantor Braulio López, que es la mitad del dúo Los Olimareños, llegó a Barcelona, llegó al exilio. Traía rota una mano.
Braulio había estado preso, en la cárcel de Villa Devoto, por andar con tres libros: una biografía de José Artigas, unos poemas de Antonio Machado y El principito, de SaintExupéry. Cuando ya estaban por liberarlo, un guardián había entrado en su celda y había preguntado:
-¿Vos sos el guitarrero?
Y le había pisado la mano izquierda con la bota.
Le ofrecí una entrevista. Esa historia podía interesar a la revista Triunfo. Pero Braulio se rascó la cabeza, pensó un rato y dijo:
-No.
Y me explicó:
-Esto de la mano se va a componer, tarde o temprano. Y entonces yo voy a volver a tocar y a cantar. ¿Entendés? Yo no quiero desconfiar de los aplausos.
Eduardo Galeano
El joven profesor aguarda con paciencia a que el alumno desenrolle el papel que ha traído guardado en el bolsillo de atrás del pantalón. Lo estira, lo vuelve a enrollar. Se pasa nervioso la mano por el pelo. Manda callar con la autoridad de sus quince años.
Anécdota, s. Relato generalmente falso. La veracidad de las anécdotas que siguen, sin embargo, no ha sido exitosamente objetada: Una noche el señor Rudolph Block, de Nueva York, se encontró sentado en una cena junto al distinguido crítico Percival Pollard. Señor Pollard –dijo–, mi libro Biografía de una Vaca Muerta, se ha publicado anónimamente, pero usted no puede ignorar quién es el autor. Sin embargo, al comentarlo, dice usted que es la obra del Idiota del Siglo. ¿Le parece una crítica justa?
Atormentado y santiguándose frenéticamente, don Manuel caminaba apresurado la calle abajo en busca de confesión. Sudando a mares, se preguntaba angustiado por la naturaleza de su recién cometido pecado, si sería venial o mortal, atormentado por aquel dilema que podría depararle de inmediato, si el corazón, que bombeaba agitado y comenzaba a resquebrajársele hacia el brazo izquierdo, acababa por estallar dentro del pecho, toda una ardiente eternidad en el infierno. Cómo habían cambiado los tiempos, se decía, qué nostalgias del BUP, había que ver cómo eran los muchachos esos, hijos de Satanás. Mientras avanzada cada paso con dificultad aflojándose el alzacuellos, con la respiración entrecortada, sintiéndose cada vez más mareado, se le venía a la mente una y otra vez el punzante recuerdo de aquel instante fatal, nefando y herético en el que, acorralado por el aluvión de descaradas preguntas, impúdicas exclamaciones y salvajes improperios contra el sagrado dogma de la virginidad de María, sin saber ya qué hacer, sin saber por dónde salir, rodeado, como el siervo de Yahvé, por una jauría de mastines, había acabado por reivindicar ante sus alumnos que el primer milagro del Hijo del Hombre había sido reparar con carácter retroactivo, recién surgido de aquellas entrañas de carne mortal, el desgarrado virgo de su santísima madre.
Juan Ramón Santos
Y le hundio el guión hasta la empuñadura.
Max Aub
Llevo conmigo la herida de todas las batallas que he evitado.
Fernando Pessoa