Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía.Max Aub
Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía.Max Aub
Su novia acababa de comprar una cámara digital. Le hacía fotos y fotos que eran la misma, contra el gotelé parduzco. Una y otra y otra. Todas con las mismas sombras cruzadas, mal puestas, con las crestas de la pintura agigantándose contra la pared.Elena García de Paredes
La primera vez que Laila descubrió un post it pegado en la puerta de su casa, pensó que se trataba de una equivocación. Con una letra de armonioso trazo, alguien había escrito con tinta roja:Alejandra Díaz-Ortiz
Todos han muerto.César Vallejo
Enterada, por los frescos pompeyanos, de que los sátiros poseían un miembro viril bífido, con el que satisfacían a las ninfas por ambos conductos a la vez, Circe les contaba a sus amigas: «No lo creerán, pero anoche me acosté con un sátiro».
Una de las amigas sonrió:
«Te creo, querida. Vi cuando los dos entraban en tu casa».
Marco Denevi
Beethoven escribió diez óperas para piano. En la primera de ellas empezó a sentir un zumbido en el oído derecho. Apenas le dio importancia.Pilar Galán
Se dice que había una vez un católico, según unos, o un protestante, según otros, que en tiempos muy lejanos y asaltado por las dudas comenzó a pensar seriamente en volverse cristiano; pero el temor de que sus vecinos imaginaran que lo hacía para pasar por gracioso, o por llamar la atención, lo hizo renunciar a su extravagante debilidad y propósitoAugusto Monterroso
Y el amor ya no tocaba a su puerta, tenía llaves…Abraham Omar Lugo
Primero faltó a la cita la niña de la caperuza roja.Eugenio Mandrini
«Salió de Betania el señor en dirección a Jerusalén, víspera de Pascua, mientras una multitud de judíos rodeaba la casa de Marta y María por ver a Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos. Pero Lázaro sufría en silencio y nunca habló de lo que vio durante los cuatro días y cuatro noches que estuvo con Abraham en su seno, aunque sus hermanas sabían que no dormía ni comía. Y estando Judas Iscariote recogiendo la esencia de nardos que quedó después de ungir los pies del Señor, fue llamado por Lázaro, quien le dio treinta monedas de oro. Y entonces Judas partió a Jerusalén».
Fernando Iwasaki