2.999 – Pude salvarme

antonio fernandez molina  Esperaba tranquilo en la celda. Aunque me hubieran condenado a muerte, confiaba en que un rasgo de súbita inspiración me ayudaría a salvarme en el último momento.
Llegó la hora y la comitiva abrió la puerta de la celda. -Buenos días -dijo un sujeto con acento convencional-, le deseo -siguió en una ya absoluta metedura de pata que me hizo reír y contagió a todos los presentes. Cuando disminuyó el sonido de las carcajadas, pudo seguir.
-Bueno, bueno. Ha llegado el momento y usted puede formular su último deseo.
-Quiero… -titubeaba con la intención de ganar tiempo-. De pronto tuve un rasgo de súbita inspiración y seguí:
-Quiero mirarme en un espejo de cuerpo entero. Hubo silenciosas y rápidas consultas en el grupo y él me contestó:
-Enseguida.
No tardaron en traer un espejo de grandes dimensiones. Al colocarme ante él, sentí una voz susurrarme con energía: «¡Ahora!». Crucé el espejo con decisión y pude salvarme.

Antonio Fernandez Molina
La huellas del equilibrista. Ed Menoscuarto, 2005

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