3.158 – Amor y basura

carmela greciet2   Correr una vez más en medio de la noche al vertedero. Sumergirme hasta el cuello en la montaña hedion­da que emana gas y moscas. Buscarte y rebuscarte frenético y a tientas entre el caldo de grasas y vísceras podridas, de vinagre y de bilis, de orines y cebolla, de entrañas maceradas, de amoniaco, de sangre. Encontrarte indefensa y fetal y rescatarte. Cargarte a mis espaldas como un fardo humeante y, ya en casa, amor mío, limpiarte la carita y desamordazarte y regresarte y besarte y peinarte y amarte, amarte, amarte hasta que ya de hastío pueda odiarte. Hacer entonces, contigo, un fardo, vida mía, y arrojarte después a la basura, para de nuevo correr al vertedero, y una vez más, mi amor, poder salvarte, amarte, odiarte y arrojarte.

Carmela Greciet

3.156 – Oficios Navideños

fabian_vique4  Patricio siempre dice que el momento propicio para robar un banco es el 24 de diciembre a las doce de la noche, cuando el escándalo de los petardos disimula el estruendo de la molotov que hace añicos la caja fuerte.
Por lo general lo dice después de las doce, después del brindis con la familia, en el bar de siempre, con los amigos de toda la vida. Alguien le recuerda que es portero de escuela hace treinta años. Más a mi favor, dice, ¿quién va a sospechar de un portero de escuela?, y agrega nuevos detalles del golpe.

Fabián Vique

3.155 – El secuestrador

  alonso ibarrola  Estuvo vigilando a un hombre de negocios que lloraba porque sus familiares se negaban a pagar el rescate. Sabía que trataban de regatear aunque declaraban compungidos por las emisoras radiofónicas que estaban desolados. Luego, en casa, veían sus programas favoritos en la televisión. El secuestrado y él se tomaron mucho cariño. Jugaban a las cartas, al ajedrez y el secuestrado se ponía muy contento cuando ganaba. Luego, de repente, se acordaba de que estaba prisionero y se echaba a llorar. Al separarse —una vez pagado el rescate— se fundieron en un fuerte abrazo de despedida. Cuando meses más tarde detuvieron al secuestrador, el hombre de negocios se personó para su identificación, y exclamó: » ¡ Sí, es él!», al mismo tiempo que le propinaba una sonora bofetada ante los perplejos policías.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

3.154 – Sapo y princesa III

ana maria shua   La princesa besa al sapo, que se transforma en príncipe, besa al príncipe, que se convierte en jofaina, besa a la jofaina, que se torna en petrel, besa al petrel, que cambia su forma por la de un heliotropo, besa al heliotropo que se vuelve espejo y es inútil y hasta peligroso que la princesa siga insistiendo en besar su propia imagen pero lo hace, de todos modos, complacida.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

3.153 – Crono

Elisa_de_Armas  Su aparición en el centro de la carpa sobrecoge al público: se rumorea que le cortó los cojones al padre, que se comió a sus propios hijos, que se oculta bajo un nombre falso. El gigante, impertérrito, lanza al aire y recoge más de treinta bolas mientras, con las caderas, hace girar tres aros. Los espectadores aplauden. Olvidan que están siendo devorados.

Elisa de Armas

3.152 – Destrezas familiares

eva_manzano   Era costumbre en mi familia, de larga tradición de magos, indagar en lo sobrenatural. Cada año, enseñábamos lo que habíamos aprendido. Mi padre fue el primero en comenzar. Se encaminó hacia la mitad del jardín y, con una rama, moldeó un extraño picaporte que hincó en el suelo con fuerza. Empuñándolo, de un giro abrió la tierra en dos. Con terror contemplamos los abismos en llamas. Mi padre cerró su proeza y se sentó.
Entonces mi hermana, la prestidigitadora, se subió a la mesa y deshilvanó los arabescos del mantel, que se convirtieron de inmediato en serpientes. Mientras los reptiles desaparecían entre la hierba, mi tío se transformó en un vaso de agua. Sin esperar a que disfrutáramos de la transfiguración de la materia, su hija se lo bebía de un trago y provocaba una tormenta que nos dejó empapados.
Bajo un sol frío que iba a volver tan solo en sueños, toda la familia brindó por el poder de la magia.
Antes de irnos, mi adorado abuelo se levantó y propuso un último truco que no olvidaríamos jamás: la inigualable destreza, imposible de comparar, de dejarnos de querer para siempre.

Eva Manzano
Futuro imperfecto.Clara Obligado Ed. lit.- 2012

3.151 – Blanco y negro

ernesto ortega   El día que repusieron “Casablanca” en el cine de verano hacía tanto viento que a Humphrey Bogart se le voló el sombrero y fue a parar a la fila siete, justo en mis rodillas. No pude evitar ponérmelo. Cuando terminó la película el cielo se había vuelto gris. Un hombre que se ocultaba entre las sombras me sonrió. Llovía y por alguna ventana se escapaban las notas de un piano. Una chica me pidió fuego. Yo no fumaba, pero me entraron unas ganas irresistibles de encenderme un pitillo y llamarla muñeca. Desapareció en un Austin blanco. Paré un taxi y dije: “Rápido. ¡Siga a ese coche!”, pero la perdí. Al llegar a casa una mujer me esperaba sentada en el sofá con un vestido negro. Me quité el sombrero y lo dejé sobre la mesa. Cuando iba a besarla, me dijo: “Venga, cámbiate, que llegamos tarde a la cena”, y todo recuperó su aburrido color original.

Ernesto Ortega
Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor, Talentura, Madrid, 2016