Los ojos

angel olgoso 2 Me sucede en ocasiones, al contemplar con detenimiento los ojos de mi esposa, que no veo por un instante su delicada forma almendrada, casi bizantina, ni el centelleo de sus pupilas de color oporto, su calidad de espejo, de prístino horizonte de eternidad, sino dos canicas monstruosas, de presencia simétrica y desencajada, dos esferas blancas, atroces, desproporcionadas, carentes de párpados y pestañas, que se hospedan precariamente en el reborde de las órbitas; y, si no aparto pronto mi mirada, creo sufrir el nervioso asedio de dos globos de cristal soplado que pertenecieran a la cabeza de un pesadillesco limúlido de las profundidades.
Nada hay más difícil que asimilar la realidad escondida bajo la superficie, esto explica que ya nunca bese sus labios, una rendija tibia, fina y apenas entreabierta, pero del tamaño suficiente como para permitir que asomen los dientes, esos huesos desnudos.

Ángel Olgoso

Nombres /1.

eduardo galeano34 A la casa de los nombres acudían, queriendo llamarse, las personas y los bichos y las cosas. Los nombres tintineaban, ofreciéndose: prometían buenos sones y ecos largos. La casa estaba siempre llena de personas y bichos y cosas probándose nombres. Helena soñó con la casa de los nombres y allí descubrió a la perrita Pepa Lumpen, que andaba en busca de un nombre más presentable.

Eduardo Galeano

El pueblo siguiente

kafka Mi abuelo solía decir: «La vida es asombrosamente corta. Ahora, en el recuerdo, caigo de pronto en la cuenta de que, por ejemplo, a duras penas entiendo cómo un joven puede decidirse a cabalgar hasta el pueblo más próximo sin tener miedo de que, aparte de alguna desafortunada casualidad, el tiempo que dura una vida corriente y dichosa no baste ni con mucho para hacer semejante excursión».

Franz Kafka

La comunión

comunion Matías estaba feliz porque iba a celebrar su primera comunión. La noche anterior pasó la mayor parte del tiempo en vela, pensando en la hostia y en cómo era posible que un cuerpo tan grande como el de Cristo cupiera en ella. Amaneció. Con rapidez y con torpeza se duchó y se vistió. Llegó a la iglesia del brazo de sus papás. No podía concentrarse en la santa misa, él sólo esperaba el momento de tan anhelada comunión. Hizo la fila. «Este es el cuerpo de Cristo», dijo el cura. Tomó la hostia, y al comerla Cristo se hizo carne. Era tan grande que Matías se atragantó, se asfixió y murió. Debió ascender al cielo, porque en su interior llevaba el cuerpo de Cristo.

Amparo Agudelo

Caballos

rafael perez estrada55 En las horas inquietas de ciertos amaneceres los oigo galopar. Su locura y su confusión recuerdan la dinámica de los océanos, el ir y venir de las olas, el rugir de las marejadas, la insaciable ira de las tempestades. Son los caballos perdidos en la fiebre del poeta muerto. Caballos apenas concebidos, ni realidad ni metáfora. Mas yo los oigo incansables —como la sangre arrebatada en un cuerpo sin sombra— ir de acá para allá buscando las orillas de un sueño ya imposible.
Caballos sin nadie que los sueñe.

Rafael Pérez Estrada

Cayó el muro

ORLANDO VAN BREDAM El día que cayó el muro de Berlín, yo estaba jugando al fútbol en una canchita de barrio en El Colorado. Fue sintomático. Se comprobaba el fin de las ideologías, desaparecían la izquierda y la derecha. Con los muchachos nos dimos cuenta enseguida. A mí, que siempre me costó patear con la zurda, la sentía ahora más enérgica y creativa. Este asunto de la caída del muro venía en serio, hasta algunos escombros cayeron cerca de nuestro arco y nuestro arquero, inocentemente, los adjudicó a la hinchada adversaria. Nada de eso. El mundo cambiaba. Ahora daba lo mismo patear con la derecha o la izquierda. Nadie hacía diferencias. Eso sí: terminó imponiéndose el juego aéreo, por arriba; los que juegan por arriba usan la cabeza para jodernos, en cambio los que no tenemos astucia ni malicia seguimos pateando por abajo, como podemos.

Orlando Van Bredam

Teoría sobre el pecado original

marco denevi Según el heresiarca Pórpulus (?-473), quien por defender esa teoría fue condenado a la condición de personaje apócrifo, el pecado original consistió en la incorporación de la espiritualidad a la sexualidad (de ahí el súbito pudor de Adán y Eva por la desnudez), con lo que el amor humano se independizó de la mera procreación y le disputó su sitio al amor divino. Dios se puso celoso.

Marco Denevi

Dispersión

anamaria-shua El problema empieza cuando el virus, desdeñando las células, ataca la estructura molecular misma del organismo, cuyos átomos entran en un proceso de dispersión lento pero continuo como si fueran imanes que se repelen unos a otros.
El primer síntoma es un curioso y sumamente parejo aumento de volumen del paciente que no va acompañado por un aumento de peso. En efecto, su masa no varía aunque al cabo de varias semanas se lo note perceptiblemente más alto y más gordo. Pronto se nota que la persona comienza a atenuarse y los familiares cercanos se quejan de su falta de nitidez.
Si no se actúa a tiempo, la dispersión se acentúa hasta que las moléculas pierden cohesión. El enfermo ya no tiene apetito pero tampoco siente dolor. Antes de su completa desaparición queda reducido a una enorme mancha borrosa de cuya existencia es posible dudar, como si fuera una suerte de ilusión óptica.

Ana María Shua