Que el amor no tiene nada que ver con el sexo, me lo dijo Aute demasiado tarde…
Cuando llegué a la parada 66 del metropolitano para volver a casa, donde me esperaban mi mujer y los niños, fue imposible no fijarse en su cara llena de tristeza. Era tal el dolor que reflejaba que no pude evitar rodearle con mis brazos, como queriendo asegurarle que «todo está bien». Lejos de rechazar mi gesto, me apretó muy fuerte y comenzó a llorar amargamente. Hipaba, gemía e iba dejando mi camisa empapada sin que yo aflojase el abrazo.
Tras quince minutos de llanto y tres autobuses perdidos, cogí su mano hasta una cafetería cercana. Sin preguntarle nada, pedí una tila (he escuchado que es buena para calmar a las personas) y, para mí, un café. Le indiqué al camarero que en ambas tazas echara un buen chorro de coñac.
Busqué una mesa en el rincón. Nos sentamos. Nos miramos por primera vez a los ojos. Una lánguida mueca apareció en su rostro. Acaricié su mano con dulzura, con mucha calma. Me estremecí. Entonces, una especie de sonrisa desdibujó el rigor de sus labios.
Encendí un cigarro, que coloqué suavemente entre sus dedos. Todo fue instinto: yo no sabía si bebía o fumaba; si deseaba infusiones o abrazos; si quería hablar o seguir llorando, pero seguí haciéndolo con la certeza de que a nada dijo que no.
Durante una eternidad nos estudiamos en silencio.
Las tazas quedaron vacías.
Entre el sexto cigarrillo y un suspiro irremediablemente enamorado, susurré: -Me llamo Luis, ¿y tú? -Pablo…
Etiqueta: Martes
1.736 – Una línea aérea…
Una línea aérea regaló billetes de avión a las parejas de todo cliente que viajara semanalmente con ellos por negocios, también el hotel, e incluso un circuito de spa. Fue un éxito. El publicista envió un correo a los acompañantes para que compartieran su experiencia, pero pronto un grupo de ejecutivos recién divorciados le sepultó bajo la Ley de Protección de Datos. Todavía llegan cartas de cónyuges en las que preguntan: ¡¿Qué viaje?!
Nereida Abreu Pérez
1.729 – Rutina
Le regaló un papelito en el que había escrito la palabra “rosa”, luego otro con la palabra “colgante”, y otro con “pendientes a juego”. Ella se acostumbró pronto a aquella fantasía compartida, a sus “cajas de bombones de marca cara” que no engordaban y a los “relojes de lujo” que no necesitaban pilas, y siempre esperaba con ilusión a que llegara la siguiente nota de papel. Su corazón dio un vuelco de emoción el día que recibió el “anillo de compromiso de oro y diamantes”. Pero cuando se fueron a vivir juntos, empezaron a tener dificultades y a descuidar los detalles. Comprendió que todo había terminado en su primer aniversario, cuando él le regaló una “bufanda de lana” en lugar de un “camisón de seda” porque no se lo podía permitir, porque era más práctico y porque la intención es lo que cuenta.
María José Barrios
http://nalocos.blogspot.com.es/2010/12/maria-jose-barrios.html
1.722 – Deducción ilógica
Si la niña de la caperuza no hubiera cruzado el bosque aquella noche, nunca habría tenido aquel encuentro apasionado con el lobo, tras el cual nacieron dos niños gemelos, que serían amamantados por Luperca, su tía paterna.
Puede concluirse, entonces, que si la abuelita no hubiera caído enferma, hoy no existiría la ciudad de Roma.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2011/06/deduccion-ilogica.html
1.715 – RIP en RED
La noche se convirtió en día y el día en noche, los minutos se empastaron con las horas y el tiempo se detuvo. Frente a la pantalla, fuiste perdiendo fuerza hasta que no pudiste comer ni levantarte. Te lo hacías todo encima y encima del teclado dormías. No hizo falta que tu cuerpo desprendiera el olor de la putrefacción, los bomberos echaron la puerta abajo exactamente al tercer día de tu muerte. Nadie te echó físicamente de menos, pero 1.000 personas se temieron lo peor cuando tu magnífico blog dejó de actualizarse.
Raúl Sánchez Quiles
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012
1.708 – La vida sexual de las palabras
El coleccionista de palabras las regaba por las mañanas, les cortaba las tildes secas, les echaba comida de la buena y las consentía con las manos de un devoto. Algunas crecieron y se salieron de su patio, de esas hay unas que son malísimas, que se han hecho operaciones, extirpaciones y se cambiaron la cara. Son rebeldes, promiscuas, se ponen haches en el ombligo, kas en las partes más raras y compiten por sus tatuajes hechos con emoticonos; pero las condenadas se volvieron populares y salen en las revistas. Otras, las que se quedaron con su cuerpo tal cual las parieron, tienen fama de vírgenes, de viejas aburridas que aparecen en libros y de solteronas. Cada día entran al patio del coleccionista palabras nuevas, hijas que llegan sin padres. Él piensa que tienen cara de alienígenas, pero las quiere en silencio porque muchas son divertidas y le enseñan idiomas, aunque le tiren de las raíces a las ancianas aburridas y las hagan llorar de rabia.
María Paz Ruiz Gil
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012
http://lacomunidad.elpais.com/historias-de-una-cronopia/posts
1.701 – Tormenta
Leía impaciente una palabra con cada relámpago de la tormenta.
José Valenzuela
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es/search/label/Concurso%20Tormenta
1.694 – Arte poética
Él cree que las palabras le siguen muy de cerca. A veces trata de sorprenderlas y de súbito se vuelve cuando camina por la calle. Y, sin embargo, no las puede ver. Acaso se esconden, delgadas como son, detrás de los árboles y las farolas. Acaso le siguen tan de cerca que las lleva adheridas a la espalda y en ella se amontonan, tumultuosamente, sin que pueda asirlas.
Pedro Ugarte
Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012
1.687 – Un desembarco
Se aproximaron a la costa unos grandes buques de guerra y durante siete días estuvieron disparando enormes proyectiles que fueron a estallar junto a la orilla. A continuación, hicieron su irrupción rápidas lanchas anfibias, que abrían sus compuertas y vomitaban centenares de soldados armados hasta los dientes. Las bombas no cesaban de estallar junto a la orilla. Un oficial con muchos galones y un pequeño revólver, gritaba a los buques: «iIdiotas, más allá!». Pero los buques de guerra seguían disparando imperturbablemente contra la orilla. Los soldados caían como moscas. Otro oficial dijo: «¡Al ataque!», pero en el momento de echar a andar, se aturdió, tropezó y cayó al suelo. El resto de los soldados que le seguían, indecisos, se echaron asimismo al suelo. Uno comenzó a llamar a su madre. Otro gritó «¡traición!», al ver que su compañero caía muerto con un tiro en la espalda e increpó duramente a otro por su descuido. Al final todos se retiraron en desorden, exclamando: «¡Volveremos!». Mientras, en el buque-insignia, el almirante, consultando detenidamente los mapas, exclamó sencilla y llanamente:
– Nos hemos equivocado de orilla. Es la de enfrente…
Y con voz un tanto enérgica, gritó: – ¡Adelaaaaaaaaaaaaaaante…!
El dedo índice de su mano derecha señalaba un punto imaginario en el horizonte sin fin del Océano.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.680 – Elipsis amiloidea
Tal vez fueran los , pero yo siempre pensé que eran las termitas. De noche, en aquel establo reformado, a los pies del Pirineo, se oían arañazos y en la madera de las vigas. Eso es exactamente lo que ahora oigo aquí arriba; con la diferencia de que esto no es el techo, sino mi cabeza, y lo que se deshace es mi cerebro. En el suelo quedarán, como serrín, los restos de lo que olvido; que ahora son solo palabras, pero que dentro de un tiempo -dicen- serán recuerdos, nombres, caras, funciones.
En resumen, me ha dicho el que dentro de un par de años, alguien, que yo no reconoceré como mi propia hija, llorará mientras me limpia el barro de la cara en un parque desconocido a varios de mi casa, seis o siete horas después de haberme extraviado; y yo sonreiré asustado.
Así que ahora, con permiso, cojo este , aprieto el y os dejo tranquilos. Muchas gracias.
Aloysius Marktbreit
Gabriel de Biurrun
Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012