Isaías era muy fácil de abandonar. Con tanta celeridad lo dejaban las mujeres, que algunas lo habían hecho antes de comenzar una relación.
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1.867 – El descanso eterno
Había llevado una vida bastante penosa, precaria, de trabajos serviles, de desgracias familiares. En su lecho de muerte su rostro reflejaba todas estas amarguras y, sobre todo, un infinito cansancio. Dejó dicho que en su tumba grabaran el siguiente epitafio: «Por favor, no me resuciten».






