Attilia Novi cuenta, en sus memorias de cortesana comprometida con el poder fascista, una extraña anécdota. Se trata -nos dice- de un recuerdo de sus años rebeldes, cuando una mañana vio correr a un muchacho único precedido por su sombra.
El profesor Monti, relojero muy preciso en sus consideraciones, sostiene que, en buena lógica, debería entenderse al muchacho como sombra, y a la sombra como cuerpo en movimiento. De esta manera -concluye- no habrá peligro de equivocarnos.
Attilia Novi, no sin cierta añoranza, concluye la historia narrándonos cómo aquel singular joven dedicó su vida al circo, y en él estuvo hasta que -oh milagro de la metamorfosis- su cuerpo llegó a oscurecer tanto como la sombra, y esta adquirió con el tiempo corporeidad humana.
Etiqueta: Martes
2.086 – Algo ha cambiado
Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Me habla sin miedo, como se hablan las parejas. Me mira a los ojos sin parpadear. Yo la acaricio, la beso… A veces la aseo como puedo y cepillo su cabello. Ya casi no llora o, al menos, parece evitarlo cuando estoy delante. No ha vuelto a intentar gritar y, alguna vez, me ha parecido que esbozaba una sonrisa cuando le doy de comer esa crema de calabaza con picatostes que tanto le gusta. Temo equivocarme, precipitarme, pero siento en mi interior que pronto podré desatarla. Al menos las manos, para que podamos abrazarnos.
Salvador Terceño Raposo
VIII Edición de Relatos en Cadena (Finalistas)
http://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2014/
2.079 – La ruleta de los recuerdos
Cargo mi revólver marca Browning, con un montón de recuerdos de mi vida. Giro un par de veces su cilindro como queriendo alejarlos de la memoria, pero al fin, coloco el cañón sobre mi sien y disparo. El recuerdo que me tenía que matar falla. Tengo curiosidad por conocer el contenido que me ha perdonado la vida. Intento abrir el proyectil fallido, pero enseguida me arrepiento y lo dejo. Quizá el siguiente aclare las cosas y me brinde la oportunidad de la muerte. Me preparo y… Esta vez no falla.
Sin duda era uno de los recuerdos más queridos de mi vida, piensa mientras muere.
Alfredo Castellón
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma. 2001
2.072 – Amor reo
En pleno acto amoroso, aprieta los ojos de su amante con tal fuerza que traspasa su visión. Mete los dedos en su boca y, ante la humedad generosa que ella le ofrece, absorbe su lengua. Sigue sus caricias por el cuello, baja su mano al pecho y en un descuido le arranca el corazón. Adquiere entonces un mundo alterno de palabras y sentimientos. Ahora va por el mundo presumiendo de ser un hombre nuevo.
Carmen Peire
Horizonte de sucesos. Ed. Cuadernos del vigía, 2011
2.065 – Lobotomía y picahielos
El Dr. Walter Freeman inventó una nueva técnica quirúrgica a la que denominó «lobotomía transorbital», empleada en más de veinte mil casos en los Estados Unidos y que le valió ser galardonado con el premio Nobel. Describía el procedimiento de la siguiente manera:
«La técnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y, mientras están bajo el efecto del «anestésico», introducir con fuerza un picahielo entre el globo ocular y el párpado a través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal; en este punto se efectúa un corte lateral moviendo el instrumento de una parte a otra».
Como ven, es una técnica muy sencilla. Ahora quiero que se dividan en parejas para un primer ejercicio práctico. Sobre mi escritorio encontrarán nueve picahielos. Ustedes son dieciocho, la velocidad es una cualidad esencial en futuros cirujanos.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
2.058 – Caducidad
Hace tiempo que esta ciudad caducó. Solo mamá sigue acercando a su nariz las flores que encuentra, aunque siempre las abandone defraudada. Como si le fuera la vida en encontrar una sola que conserve su esencia. Aún hay quien, como ella, intenta adiestrar sin éxito ruiseñores en el canto, o exprime a diario limones para beber su insípido néctar.
Quizá son los únicos que conservan algo de fe…
No. Tampoco ellos creen en la posibilidad de que todo vuelva a ser como antes, de recuperar lo que estropeamos. Simplemente son más escurridizos al desengaño.
Lorena Escudero
Futuro imperfecto.Clara Obligado ed. lit. 2012
2.051 – Éxtasis
El enfermero del sanatorio psiquiátrico me introdujo en una habitación. «El lo llama celda«, me aclaró. las ventanas estaban cerradas herméticamente y el sol radiante del exterior no encontraba resquicio alguno. Mi hermano estaba arrodillado sobre un reclinatorio, el mismo que compró estando con nosotros en casa y que hubimos de trasladar al sanatorio cuando el doctor decidió su ingreso aquí. De esto ya hace un año. Hoy me han permitido visitarle. Con los ojos muy abiertos, mirando Fijamente a una imagen piadosa que cuelga de la pared y con la única y exclusiva iluminación de una vela, no parece darse cuenta de mi presencia… No me atrevo a interrumpir su soliloquio. En casa lanzaba furiosos denuestos contra nuestra madre, cuando ésta interrumpía sus soliloquios, para anunciarle que la comida estaba en la mesa. El día que se subió sobre ella -cumplía años nuestro padre y había varios invitados- y comenzó a recitar las bienaventuranzas, decidimos, sin más, internarlo. Ahora se ha percatado de mi presencia y me mira. En sus ojos hay lágrimas… «¿Por qué -me dice sollozando-, por qué conmigo se comporta así?». ¿Quién? «El» -me aclara, indicando con un gesto la imagen ¿Sabes? Es terrible tener que confesarlo y admitirlo, pero no puedo soportar más este peso, este secreto… Cuando me habla (su voz es un susurro) tartamudea… Sí, tartamudea. ¡júrame que no se lo dirás a nadie!».
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.044 – Agentes del orden
Oí sonidos suaves que procedían del salón, me asusté y desperté a mi marido. Juan cogió el calzador dispuesto a defender nuestro hogar y nuestras vidas. Allí abajo estaba el policía, con un plumero en la mano derecha y colocando los cacharros con la izquierda, la linterna en la boca. Llamé al servicio de alerta. Cuando oyó el ruido de cadenas saltó por la ventana, pero aún así le dio tiempo a sacudir el polvo del ficus. Al instante hizo presencia un grupo de ladrones con modernos medios de desorden, desbarataron los cajones, repartieron los platos sucios por los muebles, borraron las pistas impolutas e incluso hubo algún buen ladrón que sacó los restos de tortilla del cubo de la basura y los puso encima del televisor. Uno, posiblemente el más cobarde, saltó por la ventana persiguiendo al agente. Después de dejar la casa patas arriba, el capo nos dijo que parecía que no sobraba ningún objeto, que le detendrían pero que no serviría de nada, a las veinticuatro horas estaría volviendo a poner orden en las casas. Esa mañana, Juan y yo llegamos temprano al trabajo y con el temor de que cualquier día los policías puedan entrar en casa y recoger el cuarto de los niños.
Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/02/agentes-del-orden.html
2.037 – De botellas y de barcos
Está lo del camello y lo del ojo de la aguja y lo de entrar o no el rico en el reino de los cielos. O lograr la novia obesa embutirse en el traje blanco.
Entonces esto no es muy diferente. Entonces cómo es posible que yo, expertísimo hacedor de miniaturas, queriendo rizar el rizo de las embarcaciones minúsculas y embotelladas, errara al crear con mis propias manitas y un perfeccionismo extremo la réplica a escala del Juan Sebastián Elcano, no mayor que una caja de fósforos, desde cuya borda oteo ahora el horizonte vidrioso intentando encontrar la manera de salir de este mar de cristal donde mis gritos quedan ahogados, intentando también explicarme cómo he podido quedar yo atrapado en semejante universo cerradísimo e irreal que apesta insoportablemente a ron.
Miguel Ángel Zapata
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.030 – La ardilla verosimil
Un hombre es amigo de una ardilla que vive en el jardín de un conocido financista. Trepando de un salto al alféizar de la ventana, la ardilla escucha conversaciones claves acerca de las oscilaciones de la Bolsa de Valores. Usted no se sorprenderá en absoluto si le cuento que el amigo de la ardilla se enriquece rápidamente con sus inversiones.
Pero yo sí estoy sorprendida. No dejo de preguntarme por qué usted está tan dispuesto a creer, sin un instante de duda, que una ardilla pueda entender conversaciones claves acerca de las oscilaciones de la Bolsa.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009