1.427 – Pandemia

rosana alonso_01 Los médicos aseguran que es una nueva enfermedad. Es como un virus: está en todas partes, lo inunda todo y no se ve. Por eso, aunque aún no ha llegado la primavera, la gente se echa a la calle y las parejas se aman en cualquier rincón; los niños corren y lanzan sus risas al aire helado de enero; los operarios en las fábricas silban canciones que habían olvidado. Los gobernantes observan lo que ocurre e imponen el toque de queda y el uso de mascarilla, pero es inútil. La confianza ha espantado las sombras que mantenían a la población acongojada y, de repente, todo es posible.

Rosana Alonso
Los otros mundos.Edit. Talentura, 2012

1.423 – Descubriendo a Newton

Miguel Pereira Rodrigo Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la «Ley de la Inercia» postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar como la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia.

Miguel Pereira Rodrigo
Cadena SER. Ganador del 27/09/2012

1.422 – El circo de los recuerdos

xavier blanco 1 El circo emergía cuando el verano angostaba. Aparecía sin música ni elefantes. No había magia, tampoco equilibristas. El público acarreaba sus propias sillas hasta la plaza y, como no tenía carpa ni pista que montar, la función se representaba en la calle. Los vecinos participaban facilitando los animales: una cabra, un conejo y un par de gallinas. Tío Anselmo, el gaitero, se soltaba con alguna salmodia, y Marcial, el alguacilillo, relataba historias tristes de otros tiempos. Nadie oficiaba de maestro de ceremonias y nunca se escucharon risas ni ovaciones. Decían que el mejor número era uno protagonizado por fantasmas, pero ningún ser humano pudo verlo. Las campanas tañían a muerto y, finalizada la función, la compañía se evaporaba. Sin música, sin aplausos, sin nada, y marchaban por el mismo camino por el que nunca vinieron.

Xavier Blanco
http://xavierblanco.blogspot.com.es/

1.421 – Mary tenía un corderito

alejandra d o2 Supo que lo suyo estaba sentenciado cuando él se fue a dormir al cuarto de invitados.
No le hacían falta las palabras, pero él insistió en justificar su decisión: «Es que tengo que descansar. Vienen días muy duros…»
Mientras trataba de conciliar al sueño con su desasosiego, a modo de ovejas, contó cada una de las noches de los últimos años.
Noches en las que se había acostado a su lado en esa misma cama, ahora medio llena, mientras hacía esfuerzos imposibles por mantenerse en vela, hasta conseguir un insomnio crónico.
Todas esas noches en las que él se apretaba fuerte contra su cuerpo, dejándole caer el brazo sobre la cintura, al tiempo que le musitaba al oído:
— Róncame más, mi amor…
Y ella, afinando el resoplo hasta el amanecer, sin atreverse a dormir, temiendo no roncar lo suficiente…

Alejandra Díaz Ortiz

 

http://alejandradiazortiz.wordpress.com/2012/10/20/mary-tenia-un-corderito/

1.420 – Tila

federico fuertes guzman5 Mojo mi magdalena en la tila una y otra vez. Los recuerdos de mi infancia aparecen con claridad. Soy el mejor del equipo del colegio, del instituto, de la universidad. Varias veces elegido mejor jugador. Llega por fin el gran contrato, el gran equipo, los titulares y las damas de compañía. Llega la selección nacional y los himnos. Llegan partidos intensos, llega la final del campeonato del mundo, llega el último segundo, el empate, el penalti que nos hará reyes o villanos…
Aquí termina el efecto de la tila. Por más que mojo y remojo nuevas magdalenas no consigo recordar si soy el lanzador que anota el tanto definitivo o el portero que detiene el balón.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008