1.469 – Autobús

Luis_mateo_Diez33 Ella sube al autobús en la misma parada, siempre a la misma hora, y una sonrisa mutua, que ya no recuerdo de cuándo procede, nos une en el viaje trivial, en la monotonía de nuestra costumbre.
Se baja en la parada anterior a la mía y otra sonrisa furtiva marca la muda despedida hasta el día siguiente.
Cuando algunas veces no coincidimos, soy un ser desgraciado que se interna en la rutina de la mañana como en un bosque oscuro.
Entonces el día se desploma hecho pedazos y la noche es una larga y nerviosa vigilia dominada por la sospecha de que acaso no vuelva a verla.

Luis Mateo Díez
La otra mirada.Antología del microrelato hispánico. Ed. Menoscuarto.2005

1.468 – ¿Quien es la víctima?

ana maria shua Los payasos actúan en parejas. Por lo general uno de ellos es víctima de las bromas, trucos y tramoyas del otro: el que recibe las bofetadas. Las parejas pueden ser Augusto y Carablanca, Pierrot y Arlequín, Penasar y Kartala, el tonto y el inteligente, el gordo y el flaco, el torpe y el ágil, el autor y el lector.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.467 – Metamorfosis

angel guache2 Cuando despertó aquella mañana, descubrió al resto de los humanos transformados en cucarachas, y él, Gregorio Samsa, representante de calcetines y de jamones de pata negra, recientemente instalado en España, se encontró, de la noche a la mañana, desprovisto de clientes; arruinado su negocio.
Después de darle muchas vueltas al asunto, hizo acopio de valor, y de una considerable cantidad de insecticidas.

Ángel Guache
Sopa nocturna, Pre-textos-1994

1.466 – Es muy mala la tristeza

eugenio mandrini Malísima, es. Y por eso el recién llegado dijo que la podía curar, que solo él la podía curar. Así fue que lo eligió al Luis, un muchachote de una cara de tristeza sepulcral y de labios del color de las tardes cuando empiezan a envejecer, y lo hizo sonreír. Para ello se valió de un hilo casi invisible de tan fino, con el cual cosió cada comisura de los labios y las unió a cada lóbulo de las orejas. El Luis, su familia y la gran mayoría del pueblo quedaron satisfechos y extasiados con esa sonrisa desmesurada que era como todas las sonrisas a la vez. Solo unos pocos, los escépticos de siempre, persisten en afirmar que, de algún modo, el curador de la tristeza fracasó, porque no supo borrarle de los labios al Luis ese insoportable color de las tardes cuando empiezan a envejecer.

Eugenio Mandrini

1.465 – El alba

alonso ibarrola Me resulta difícil conciliar el sueño. Me pongo a pensar en la hora de mi muerte y llega el alba. Un día más, me digo con gran satisfacción. No quiero que la muerte me sorprenda durmiendo. Quiero saber realmente cómo llega.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

1.464 – Elogio de la iniciativa privada

eduardo-galeano-ii Jesús te mira. Vayas donde vayas, sus ojos te siguen.
La tecnología moderna ayuda al hijo de Dios a cumplir sus funciones de vigilancia universal. Tres capas de plástico polarizado, que bloquean sucesivamente el paso de la luz, le facilitan la tarea.
Allá por 1961 o 1962, una de estas imágenes de ojos corredizos llamó la atención de un periodista. Julio Tacovilla iba caminando por una calle cualquiera de Buenos Aires, cuando se sintió observado. Desde una vidriera, Jesús le había clavado los ojos. Retrocedió y la mirada de Jesús retrocedió con él. Se detuvo y la mirada se detuvo. Avanzó y la mirada avanzó.
Esta señal divina le cambió la vida y lo sacó de pobre. Poco después, Tacovilla voló a Port-au-Prince, y por medio de la embajada de su país en Haití consiguió una audiencia con el presidente vitalicio Papa Doc Duvalier.
Llevaba un gran cuadro bajo el brazo: -Tengo algo que mostrarle, Excelencia -dijo. Era un retrato del dictador. Los ojos se movían.
-Papa Doc te mira -explicó Tacovilla. Papa Doc asintió con la cabeza.
-No está mal -dijo, yendo y viniendo ante su propia
imagen-. ¿ Cuántos puede hacer?
-¿Cuánto puede pagar?
-Le pago lo que sea.
Y así Haití se llenó de miradas vigilantes y el inquieto periodista se llenó de dinero.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos. Siglo XXI -1989

1.463 – Silencio de sirenas

marco_denevi Cuando las Sirenas vieron pasar el barco de Ulises y advirtieron que aquellos hombres se habían tapado las orejas para no oírlas cantar (¡a ellas, las mujeres más hermosas y seductoras!) sonrieron desdeñosamente y se dijeron: ¿Qué clase de hombres son éstos que se resisten voluntariamente a las Sirenas? Permanecieron, pues, calladas, y los dejaron ir en medio de un silencio que era el peor de los insultos.

Marco Denevi

1.462 – El tirador

ana maria shua 12 En los pequeños circos del Lejano Oeste exhibía su arte un famoso tirador. Dominar ese oficio exige aptitud, vocación e infatigable ejercicio. Nuestro hombre se había entrenado en el arte de la buena puntería hasta ser capaz de perforar con una bala el centro justo de una moneda a cincuenta pasos de distancia. Unas horas antes de morir justificó ante el doctor Pemberton su miserable derrota: ninguno de los bandidos que lo atacaron llevaba encima calderilla.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.461 – Tierra en los ojos

patriciaestebanerles_72ppp Y de repente mi hermana Leonor se incorporó dentro de su ataúd y me apretó el antebrazo. Lloré de felicidad, pensé que después de todo Dios había atendido mis plegarias y su muerte no había sido más que una pesadilla. Pero entonces ella soltó una carcajada de ultratumba y dijo todo aquello de que llevaba diez años acostándose con mi marido en mis narices, sin que yo me enterara de nada porque era tonta perdida. Luego volvió a morirse y yo me pasé el resto del velorio con los ojos secos y su mano entre las mías, clavándole el filo de una llave en la palma hasta que cerraron el féretro.

Patricia Esteban Erlés

1.460 – El milagro

Eduardo Berti 2 Según mi amigo L., Cristo vivió siete días antes de Cristo porque nació el 24 de diciembre y el primer año cristiano no comenzó hasta el 1º de enero siguiente a su nacimiento. Mi amigo, que es ateo, no cree en ningún milagro de Jesús, excepto en este de haber vivido antes de sí mismo.

Eduardo Berti
Por favor sea breve 2
Ed. Páginas de espuma 2009