2.162 – Cartas para Elena

Arantza Portabales  Querida Elena:
El sol de Tarfaya quema. Cabalgo sobre las olas y cierro los ojos. Te veo a mi lado, con tu pelo negro y crespo, teñido de sal. Estiro la mano y casi rozo tu piel de neopreno. Después vuelvo a la orilla. Y no queda nadie. La casa de Amîn está cerrada. Las calles son un inmenso escenario de atrezo en el que todos habéis desaparecido. Suelo deambular por el zoco de El Aaiun, buscando tu rostro en cada puesto, en cada esquina. Nunca estás. Siempre lo tuvimos claro. Hasta que la muerte nos separe. Pero no sabíamos lo que eso supondría. Lo que duele la ausencia.
Busca a Fátima. Dile que he encontrado a Omar. Que lleva aquella camiseta del Barça que le trajimos en nuestro tercer viaje. Está guapo, el enano. Aún tiene ocho años. Juega al futbol a todas horas. Le sigue faltando un diente. Y luce una eterna herida en la rodilla. Díselo. Que estamos juntos. Que estamos bien. Porque este es mi cielo, Elena. Al final, mira tú, resulta que existe. Es hermoso. Huele a cuero, a comino, a hierbabuena y a jazmín. Sabe a dátiles y a mandarinas. Se impregna de la arena del Sahara. Se tiñe de rojo cada atardecer. Tú lo conoces bien.
Esto es todo. Me limito a esperarte, con el pequeño de Fátima pegado a mis talones. Te añoro en cada ola de este mar. En cada playa. ¿Sabes qué? Debiste morir conmigo. Este era nuestro paraíso. Y está a punto de convertirse en un infierno sin ti.

Arantza Portabales
http://unanubedehistorias.blogspot.com.es/2014/08/africatan-cerca.html

2.155 – El novato

Manuel Montesinos  Le recordé que tocar las cosas de los muertos estaba prohibido. Le advertí que el eco, aquí, siempre engaña y nos hace  escuchar  lo que no existe. Sólo el paso del tiempo y la experiencia en el puesto le darán la sabiduría necesaria para distinguir lo que es de lo que está en trance. Entendió, sin alarmarse, que las tumbas murmuran y que las lápidas abiertas deben dejarse así, abiertas -porque a unos –le dije-, les cuesta más que a otros acostumbrarse a su nueva situación. Al despedirme le entregué los guantes, la pala y la estaca de madera.

Manuel Montesinos
Montesinadas: Cuentos de Liliput, 2014 .
http://montesinadas.blogspot.com.es/

2.148 – Volver, con la frente marchita…

pilar galan5  Así he vivido yo,con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,sabiendo que jamás me he equivocado en nada,sino en las cosas que yo más quería.
L. Rosales

A la hora en que abren las panaderías, se apagan los neones y se encienden los árboles, con las últimas luces de la madrugada, espantas los fantasmas del pasillo.
No has querido mirarte en el espejo del coche, ni en el del ascensor, ni contemplar siquiera tu reflejo en el mármol ajado del portal, por si acaso cualquiera de ellos te devuelve una imagen exacta de tu ausencia. Sin alzar los ojos, te lavas la cara, te quitas la poca pintura que te queda, sin respirar casi, no vaya a ser que de nuevo, te invadan los olores conocidos.
Porque hueles a él, por qué ocultarlo, a sus manos fuertes, al tabaco que fuma, a su colonia de hombre. Por más que frotes, hay un olor que no puede abandonarte: la herida del deseo insatisfecho.
Él duerme, como siempre, o como siempre también, se hace el dormido.
Te cuelas en tu lado de la cama, tu almohada, el hueco de tu cuerpo, tu mesilla de noche, tus pendientes, los nombres de las cosas conocidas.
Te gustaría despertarlo, comértelo a besos, como antes, abrir tu piel para sus manos amigas. Llorar como un niño que ha hecho travesuras, pedir perdón, que te lo concediera.
Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, la muda blanca, los baños de los viernes, preguntarle a papá cuándo falló todo, que mamá pasara sus manos por tu pelo.
Pero tienes cuarenta años, un piso a medias, un trabajo, un marido, dos hijos, un híper a la vuelta de la esquina, algún amigo, un amante.
Y un hueco en el estómago que se parece al hambre.
Y dolor al tragar como si tuvieras sed.
Solo que no hay nada en este mundo que calme tu deseo insatisfecho, mientras el reloj se empeña en recordarte que llegará mañana, y aún no estás dormida.

Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed. De la Luna libros. Marzo 2014

2.141 – La conferencia

PedroHerrero  La joven que se ha sentado en la primera fila del auditorio viste una falda negra, no muy ceñida, bajo la cual luce medias negras también, que acaban en una fina blonda trenzada, llena de picardía. Ese detalle tan sugestivo ha quedado patente cuando ha cruzado las piernas, en un gesto fugaz, discreto, presuntamente involuntario.
El conferenciante ha hecho como que no se ha dado cuenta. Pero internamente se ha sentido turbado, sacudido por una visión que -según su criterio- contiene en sí misma la más genuina recreación de la belleza. Aun así, mientras el resto del público va tomando asiento en la sala, hace un esfuerzo supremo por no volver a mirar en la misma dirección, y se concentra en los datos objetivos sobre los cuales piensa argumentar su repaso a la difícil –más bien crítica- situación financiera por la que atraviesa el país.
Pero ¿qué datos objetivos? ¿Qué crisis ni qué niño muerto? ¿Cómo se puede seducir a una dama augurando la ausencia total de perspectivas de crecimiento? ¿Qué mujer caerá rendida a sus pies después de que vaticine, con pruebas tan contundentes que no merecen discusión, el inevitable colapso de la economía?
A todo esto, el público ha acabado ocupando la sala por completo, en respuesta a la enorme expectación creada por la fama del conferenciante. Y este, después de dar las gracias a los presentes por su asistencia, se dispone a empezar su charla reconociendo, antes que nada, que la esperanza es algo que jamás deberíamos perder.

Pedro Herrero
http://http://www.humormio.blogspot.com.es/2014/02/la-conferencia.html

2.134 – Sobre vuelos

miguel angel flores  El día que el vendaval se llevó a Germán, la vida empezó a ser otra. Mamá se varó en el lamento de haberlo subido con ella a tender a la azotea. Y allí se quedó. Papá, que había salido a buscarlo, volvió con una grulla, dos palomas, una cometa y un racimo de globos descoloridos. Pero no era lo mismo. Germán había dejado un vacío muy grande difícil de llenar. A veces, asomados a la ventana, lo veíamos pasar volando. Lo llamábamos a gritos y él saludaba como si fuera en autocar.
Una tarde otoñal el viento lo dejó en la puerta. Lo abrazamos todos. Menos papá, que se había ido de nuevo a buscar cosas que volaran. Germán había crecido un palmo y estaba despeinado. Nos contó cómo era el mundo, pero desde arriba. Altanero. Mamá seguía lamentándose de lo de la azotea. De nada servía que Germán diera saltos ante ella diciéndole que había aterrizado. No volvió a ser la misma. Él tampoco, se creía muy volátil. Y alardeaba de ello. Pero el que más cambió fue nuestro padre, que nunca regresó y nos conformamos con un señor que vivía enfrente. Y no se parecía en nada.

Miguelángel Flores
De lo que quise sin querer. Ed. Talentura, 2014

2.127 – Pavada de suicidio

luisavalenzuela  Ismael agarró el revólver y se lo pasó por la cara despacito. Después oprimió el gatillo y se oyó el disparo. Pam. Un muerto más en la ciudad, la cosa ya es un vicio. Primero agarró el revólver que estaba en un cajón del escritorio, después se lo pasó suavemente por la cara, después se lo plantó sobre la sien y disparó. Sin decir palabra. Pam. Muerto.
Recapitulemos: el escritorio es bien solemne, de veras ministerial (nos referimos a la estancia-escritorio). El mueble escritorio también, muy ministerial y cubierto con un vidrio que debe de haber reflejado la escena y el asombro. Ismael sabía dónde se encontraba el revólver, él mismo lo había escondido allí. Así que no perdió tiempo en eso, le bastó con abrir el cajón correspondiente y meter la mano hasta el fondo. Después lo sujetó bien, se lo pasó por la cara con una cierta voluptuosidad antes de apoyárselo contra la sien y oprimir el gatillo. Fue algo casi sensual y bastante inesperado. Hasta para él mismo pero ni tuvo tiempo de pensarlo. Un gesto sin importancia y la bala ya había sido disparada.
Falta algo: Ismael en el bar con un vaso en la mano reflexionando sobre su futura acción y las posibles consecuencias.
Hay que retroceder más aún si se quiere llegar a la verdad: Ismael en la cuna llorando porque está sucio y no lo cambian.
No tanto.
Ismael en la primaria peleándose con un compañerito que mucho más tarde llegaría a ser ministro, sería su amigo, sería traidor.
No. Ismael en el ministerio sin poder denunciar lo que sabía, amordazado. Ismael en el bar con el vaso en la mano (el tercer vaso) y la decisión irrevocable: mejor la muerte.
Ismael empujando la puerta giratoria de entrada al edificio, empujando la puerta vaivén de entrada al cuerpo de oficinas, saludando a la guardia, empujando la puerta de entrada a su despacho. Una vez en su despacho, siete pasos hasta su escritorio. Asombro, la acción de abrir el cajón, retirar el revólver y pasárselo por la cara, casi única y muy rápida. La acción de apoyárselo contra la sien y oprimir el gatillo, otra acción pero inmediata a la anterior. Pam. Muerto. E Ismael saliendo casi aliviado de su despacho (el despacho del otro, del ministro) aun previendo lo que le esperaría fuera.

Luisa Valenzuela
Juego de villanos. Thule Ediciones S.L. 2008

2.120 – En ocasiones veo porno

pilar galan5  En ocasiones veo porno.
Solo en ocasiones. Las peores semanas.
Lésbicos, maduras, orgías, tríos, pelirrojas, morenas… Las etiquetas no me importan. Unas semanas me dedico al sexo profesional y otras, navego por las páginas de parejas amateur, que normalmente no soporto (esas matas de pelo, las risas escondidas, los pliegues de la carne que conoció tiempos mejores… ).
Los lunes, antes de ir al trabajo, soy más de lesbianas, sobre todo si aparecen en duchas y jardines.
Los martes busco rubias, los miércoles, interraciales, y los jueves los dedico al sadomaso light, más bien tipo oficina, no mazmorras.
El viernes, como ya está cerca el fin de semana, rastreo tríos, el sábado, orgías, y el domingo por la noche, invariablemente triste, autosatisfacción con aparatos.
Lo que no cambia nunca es el procedimiento. Abro la etiqueta que se despliega en la página, y contemplo las imágenes, sin sonido, hasta que empiezan a dolerme los ojos. A veces, no siempre, una mano que parece ajena se desliza bajo los pantalones en busca de una piel que no me pertenece. La pantalla me devuelve el reflejo mudo de una cara de otro que ocupa el lugar donde debería estar la mía.
Entonces, cierro los ojos, y me acaricio con una desgana no exenta de ternura.
Luego, harto de otros cuerpos y hambriento aún del suyo, vuelvo a recuperar el mío, lo lavo un poco por encima y comienzo de nuevo la semana.

Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed. De la Luna libros. Marzo 2014

2.113 – Lecciones en vídeo

alonso-IbarrolaHuesca  Cuando la niña de siete años llegó a casa, a sus padres no les hizo mucha gracia lo que contó. A partir del próximo lunes, la profesora había anunciado que les mostraría un vídeo con unas lecciones prácticas sobre la vida sexual de los animales y de los seres humanos. El padre, particularmente, no tenía ningún inconveniente en lo de los bichos, pero que su hija pudiera ver a una pareja «en acción», le asustaba. La madre, más práctica, se puso en contacto rápidamente por teléfono con otras madres en idéntica situación. Todas estaban preocupadas, molestas y susceptibles. Decidieron reunirse en casa de una de ellas el sábado por la tarde, y de dicha reunión salió nombrada una comisión de cinco madres, que se personaron en el colegio el lunes a primera hora. La Dirección, muy comprensiva con el asunto expuesto por la comisión, accedió a la petición. Antes de exhibir las cintas pedagógicas en clase, podrían contemplarlas y sopesarlas los padres de los alumnos. La noticia corrió como un reguero de pólvora por la ciudad, casi siempre tranquila. El martes por la noche, el salón de actos estaba totalmente abarrotado de padres de familia. Se apagaron las luces y tras una previa presentación de la profesora -que en opinión muy particular de algunos padres era una mujer atractiva y sensual- comenzó el visionado de las tres primeras lecciones. Al llegar a un primer descanso, todos los asistentes estaban conformes con la teoría expuesta. En la segunda parte se visionaron otros tres capítulos, dedicados a los seres humanos, a la procreación, al coito, a las diversas posturas, etcétera. Resulta ahora muy difícil narrar lo que ocurrió entre los asistentes. Habría que remitirse a los comentarios posteriores en cada uno de los hogares, o lo que es peor: a los hechos que se sucedieron y repitieron en más de una casa. Algunos matrimonios, presos de gran excitación en la sala y aprovechando la oscuridad, cometieron actos irresponsables y ofensivos para quienes se sentaban a su lado. Hubo parejas que se besaron con fruición, con pasión, recordando tiempos pasados, de novios. Y en las alcobas, algunas «imágenes» fueron testigos de unos actos que jamás los implicados hubieran soñado con poner en práctica días antes… Las lecciones, de todos modos, fueron prohibidas.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.106 – Errores lingüisticos

pilar galan6

UNO
Desde que supo que bonsái era el grito de guerra de los karatekas tiene miedo a acercarse al jardín. Estas plantas enanas tienen las mismas malas pulgas que los perros pequeños.
DOS
Contempla con otros ojos la ensalada desde que supo que aderezarla significa ponerla derecha. Echa la sal como quien pasa revista.
TRES
Elementos que intervienen en la comunicación lingüística : el abión, el tren y correos. Toma ya el emisor y el receptor. Por plasta

Pilar Galán
Relatos relámpago, Editora regional de Extremadura. Mérida, 2007

2.099 – Una lágrima

luisa-valenzuela22  A lo largo de los años cada tanto aparece en mi Outlook el mensaje de un misterioso admirador proponiendo encontrarnos tal día a tal hora en tal café a tomar un café. Me alegro y de inmediato acepto. Pero él siempre cancela a último momento. A pesar de lo reiterado del juego, mientras la invitación titila, yo me pregunto, ilusionada: ¿será tórrido, fuerte, negro, dulce, con buena y espumante leche, estará cortado? Me refiero al café, naturalmente.

Luisa Valenzuela
Juego de villanos. Thule Ediciones S.L. 2008