Salió del sueño tan abruptamente que a duras penas pudieron rearmar la realidad antes de que abriera los ojos.
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1.609 – Sensatez
Dispuesto a inculcar un poco de sensatez en los reclutas, el nuevo comandante en jefe ordenó que, en lugar de romper filas, se limitaran a deshacerlas.
Pedro Herrero
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1.608 – España
1.607 – Tras morir…
Tras morir, nota atónito el suicida cómo un tipo lo saca a la luz y le corta el cordón umbilical. Frustrado, rompe a llorar.
Maria Jesus Lavado Jimenez
http://madseasonenserie.blogspot.com.es/2012/05/i-concurso-microrretales.html
1.606 – Principios de siglo
El abuelo siempre hablaba de aquellos años, donde el futuro era color de rata, decía. Me contaba que por entonces los jóvenes tenían que emigrar para asegurarse un futuro, y que lo de estudiar era sólo casi para señoritos. Que los ricos eran muy ricos y que muchos de los que no lo eran, vivían de beneficencia; o de la caridad de los primeros, a los que les encantaba jactarse de ello. Que los que trabajaban no podían permitirse lujos, pero eran muy afortunados por tener con qué mantener a su familia, y a alguna más. Que continuamente la vida se encarecía al tiempo que los salarios menguaban. Que uno pagaba hasta para ir al médico. Que lo de tener casa propia era un sueño, al alcance de pocos, que podía acabar en pesadilla para muchos. Que los políticos hacían como que hacían para cambiar las cosas, para así no tener que hacer nada por cambiarlas. Que las leyes casi siempre beneficiaban al poder, no a los justos.
Mi abuelo hablaba con indignación de aquella época plagada de injusticias que le tocó vivir, en la que el pueblo apenas tenía derechos, mientras el rey apuntaba para otro lado. Cierto es que a lo mejor chocheaba un poco, pero quizá era verdad que a principios del siglo veintiuno las cosas eran así.
Miguel Ángel Flores
1.605 – Sicario
Te acercas a cara descubierta porque ya no hay nada que esconder. Sin mediar palabra sacas la pistola y me apuntas al pecho, con un gesto así como muy peliculero. Yo me arrodillo, te suplico, lloro, tiemblo, aun sabiendo que no cambiarás de opinión. Cumples órdenes. Como último recurso te ofrezco dinero, drogas, mujeres, y tú sonríes mientras una a una vas negando todas mis ofertas con la cabeza. Sin más, vacías el cargador en mi cuerpo. A quemarropa. Un asesinato rápido, sin improvisaciones. ¿Lo has entendido? ¿Sí? Perfecto. Pues coge el dinero y la pistola de ahí encima y cuando quieras empezamos.
Víctor Lorenzo Cinca
http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.es/2013/06/sicario.html
1.604 – Motivos suficientes
Cualquier hombre en el lugar de Ulises también hubiera preferido las sirenas. Eran perfectas para las orgías que festejaban en los barcos, y un ingrediente exquisito para la paella.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/06/motivos-suficientes.html
1.603 – Instrucciones para escribir una carta
Conocer a una mujer una tarde, en una terraza del centro de su ciudad. Convidarla a un café y entablar con ella una conversación ligera, pero no superficial. Apreciar la calidez y el silencio, su rutina de sonrisas, titubeos. Imaginar vivamente su aliento en el nuestro y la caricia dorada del sol en su pelo castaño, en la ventana, al caer la tarde.
Amarla después, echarla de menos. Aguardar a que pasen catorce días exactos.
Entonces ya está usted listo para escribir una carta.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.602 – Débil
Habían cometido un error imperdonable: asaltar una joyería enclavada en una demarcación que no era la suya. La «mafia» no perdona estas cosas. Lo sabían y es por ello que trataron de huir. En vano, los dos amigos fueron atrapados y conducidos a un sótano discreto. Primeramente se llevaron a uno de ellos. Se cruzaron una mirada de complicidad. No hablarían. Horas más tarde volvió… Resultaba casi irreconocible: un rostro tumefacto, una cuenca del ojo mostrando su horrible vaciedad, tres o cuatro dientes menos, pelo arrancado de cuajo en algunas partes de la cabeza, un hilo de sangre que le brotaba de la comisura izquierda de la boca, y también manchas de sangre en torno a la bragueta que hacían intuir estragos por la zona. Respiraba, jadeaba… «No he hablado», dijo con voz imperceptible. Su compañero, sin embargo, dijo todo lo que sabía, y dio todos los nombres al instante. Antes de volver junto a su desfigurado amigo se despeinó para disimular un poco y tratar de justificarse…
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.601 – Robinson
Todas las mañanas bajo corriendo hasta la playa, para ver si las olas han arrastrado algún objeto que pueda serme útil: un jirón de vela, unas tablas, alguna cuerda, un barril de ron… Pero, rara es la vez que encuentro algo provechoso.
Tampoco vislumbro en lontananza la silueta de ningún barco. Ni encuentro a nadie conocido con quien hablar. Ese muchacho negro al que llamo Viernes, hace días que no aparece. Aburrido y descorazonado, a mediodía recojo la toalla y la sombrilla y me voy para la piscina del hotel.
