2.362 – Intercambio de flujos

antonio serrano cueto  Por más experiencia y pericia que mostrase en el manejo del remo, el gondolero era incapaz de bogar contra la corriente pujante del Sena. A una distancia de apenas cincuenta metros del Pont des Arts, el veneciano tomaba conciencia de que flotaba sobre un animal imprevisible, de lomo ondulado y fuerza descomunal. Entre el asombro y la inquietud, los cuatro pasajeros le exigían explicaciones, dudando de su capacidad resolutiva ante tan incierta situación. Arriba, en el puente, se agolpaban los curiosos con cámaras fotográficas que abrían sus laberintos digitales para captar la insólita navegación. Aturdido, sudoroso y cansado, pensaba ahora en su laguna apacible y sumisa, derramada en canales seguros y surcada por puentes pequeños. Justo en ese instante, en el Gran Canal de Venecia decenas de pasajeros de un batobus parisino lanzaban voces interrogantes, entre el asombro y la inquietud, contra el cielo acristalado de la nave. Capturado en las pantallas digitales, el piloto se preguntaba, aturdido, sudoroso y cansado, si el gálibo del puente de Rialto tendría la altura suficiente.

Antonio Serrano Cueto

2.355 – Al loro con el DRAE

javier_ximens  Como escritor —si no tienes hijos— es muy importante estar al tanto de las últimas actualizaciones que realiza la Academia de la Lengua, te puede salvar la vida.
—¡Julio, ven! —oí que me llamaba la dama seca a la que recurro cuando no sé cerrar un relato.
—Voy —respondí, y como autor erudito seguí viendo el partido de fútbol a favor de los recortes presupuestarios en Cultura.
Se conoce que aburrida por la espera se entretuvo hojeando el diccionario que tengo en el atril del escritorio, como libro sagrado. Se marchó airada —hasta el extremo de guadañar el visillo de encajes que me regaló mi madre para que no me plagiaran los vecinos— y me dijo que la próxima vez volvería cuando estuviera dormido sobre el teclado.
Doblemente satisfecho —el Rayo Vallecano había goleado al torero José Tomás—, al finalizar la retransmisión me dirigí a mi mesa y observé qué había estado leyendo la mala mujer. Qué lista es, pensé, no se le escapa nada ni nadie.
El diccionario estaba abierto por esta locución:
«voy. 1. loc. exclm. coloq.: Respuesta de un hijo a la llamada de sus padres con el significado de «No me esperes»»

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/11/al-loro-con-el-drae.html

2.348 – Historia bastante atroz

alonso-Ibarrola2  La conducta de John Foster resultaba lógica en un buen profesional. «Quiero una oportunidad», afirmó balbuceando, una tarde de otoño, en el despacho del redactorjefe de un importante diario neoyorquino. Si un tal García recibió el mensaje en las montañas de Cuba; si Stanley localizó al doctor Livingstone, también él tenía derecho a una oportunidad…, y la tuvo. Partió camino del Pakistán Oriental con una cámara fotográfica bajo el brazo. El horror y la miseria se presentaron implacablemente ante sus ojos. ¿Qué pensó, qué sintió, qué hizo John Foster ante aquella tremenda realidad? Nada supieron de él en el diario hasta varios meses después. Y su ausencia la atribuyeron a la vergüenza padecida por el fracaso en la misión. La escena más trágica, la foto más patética, no era de John Foster. El mundo no olvidará fácilmente el rostro de aquel desgraciado que trataba inútilmente, con sus débiles y temblorosas manos, de frenar la trayectoria implacable de aquella bayoneta calada en el fusil, que esgrimía un militar. Su cuerpo se apoyaba en el de un compañero ya sacrificado y dentro de poco sería un cadáver exangüe… La multitud, curiosa y sonriente, rodeaba al trío… y nadie protestó ante el asesinato atroz. Los reporteros gráficos cumplieron con su deber y solamente John Foster, alejado de todos, vomitó y lloró. Arrojó lejos de sí, furioso, la cámara fotográfica y pensó que la vida no merecía la pena vivirla, que ya no sería el mismo John Foster de siempre y decidió no volver nunca más a Nueva York. Dicen que el tiempo todo lo borra y de tal habitual forma operó en John Foster. A los dos años se presentó en el diario, siendo perdonado y admitido. Ahora John Foster aguarda una nueva oportunidad. No está dispuesto a fracasar nuevamente. Si fuera preciso hablaría con el de la bayoneta, llegarían a un acuerdo económico, trataría de hacer un trabajo «en exclusiva» y cuidaría el enfoque. El de la bayoneta, firme y decidido; la víctima, en el suelo panza arriba, con ojos de terror, y él en la distancia conveniente… ¡Ahora!, gritaría John Foster y el de la bayoneta actuaría sin vacilar. El «clic» de su cámara coincidiría casi con el «ihaaag!» de la víctima. Mirando todo a través de una cámara se siente uno más alejado, más distanciado de la realidad…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.341 – Tauromaquia

carmen peire  Es la hora del paseillo, le dijeron cuando abrió la puerta. Y el monosabio se puso el uniforme, pantalón oscuro, blusón rojo, gorrilla del mismo color. Pensando en su trabajo en el ruedo durante la lidia, él, que ayudaba al picador, que podía pisar la arena junto a los toreros, salió de casa a cumplir con su destino, extrañado de que fueran a buscarlo en una fría noche sin luna.

Carmen Peire
Horizonte de sucesos. Ed. Cuadernos del Vigía. 2011

2.334 – La rana fantasma

Jaime Alberto Velez G.  La rana fantasma puede croar a cualquier hora del día, pero suele hacerlo sobre todo en la noche. Su canto, aunque carece de realidad, no se diferencia del que emite una rana común, y hasta llega a confundirse con él. Pero no sólo eso: la rana fantasma jamás canta sola y prefiere, más bien, hacerlo acompañada de un grupo de ranas reales. Así que en una noche cerrada y en mitad del campo resulta imposible distinguirla; afirmar lo contrario constituiría una completa falsedad. Por esta razón, el miedo que este fantasma llega a producir posee tal exclusividad, que nadie puede aseverar que lo haya experimentado de verdad. Y, sin embargo, ¿quién podría asegurar que la rana fantasma no existe?

Jaime Alberto Vélez G.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/31-jaime-alberto-velez.html

2.327 – Gente de pena

javier xi  En invierno, todas las tardes el mismo dilema con las limosnas, si comprar un chusco de pan y algo de engaño o picón para el brasero.
Por las mañanas subo a Madrid siguiendo las recuas de mulas con carros que llevan el pan desde Vallecas. Si tengo suerte —y no me lo quitan antes los mayores—, un bache o tropiezo deja caer una hogaza que se rompe en mil pedazos y guardo algunos en mis bolsillos. Otros días, si no he podido pegar ojo por el frío, llevo un capacho para intentar recoger la carbonilla que pierde el pequeño tren que sube a los cuarteles de Atocha.
Al atardecer, en la puerta de la chabola, enciendo el brasero con trozos de madera y papel. Mientras se prende el carbón, hablo con los vecinos que se acercan a buscar mendrugos en cama de galgos. Luego, arrebujado con las faldas de la mesa camilla, me caliento el cuerpo y me entretengo con una radio.
Sin embargo, días como hoy que tengo tanto frío y el hambre me causa dolor tan fiero, lamento no haber muerto en el vientre de mi madre, allí, tibio y alimentado.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2015/04/gente-de-pena.html

2.320 – La caza

alonsoibarrola  El dueño del coto de caza, próximo a la capital, y cuatro amigos, empuñando sendas escopetas, iniciaron la caminata en busca de conejos. Observaron por los cerros colindantes a varias personas y se dirigieron a ellos, pues supusieron que estaban cazando en lugar vedado. En su mayoría eran chiquillos, que echaron a correr en medio de risas y bromas. Uno de ellos, antes de desaparecer tras un montículo, gritó: «¡Hijos de p…!». El dueño del coto, lleno de furor, empuñando la escopeta, disparó contra el chiquillo que corría veloz. Le acertó en plena cabeza. Más tarde, ante la Guardia Civil, explicaba cómo casualmente se le disparó la escopeta cargada al tropezar con una piedra, confirmando el hecho en todos sus detalles sus tres amigos, y hasta el guarda de la finca, que no se atrevió a negarse a declarar ante la sugerencia de su amo, aunque cuando ocurrió el hecho no se encontrara allí. Lo triste del caso es que el chiquillo muerto era su hijo.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.313 – Lapsus

perro-loco  Ya no podíamos contar con él, llevaba un tiempo haciendo cosas raras: a veces hacia girar tanto su cola que salía volando como un helicóptero y con el torbellino tiraba las figuritas del armario, otras se colgaba de la lámpara, se sacudía y nos llenaba toda la alfombra de pelos, pero lo peor es cuando adoptaba la figura de caza, inmóvil como una estatua y la cola se le ponía morada.
Hoy ha venido el veterinario y dice que no hay que sacrificarlo, nos ha explicado que las pastillas anti-pulgas son estas marrones, y las azules, las del abuelo.

María Elejoste Larrucea
VIII Edición de Relatos en Cadena, de la SER
Relatos participantes en la final de mayo
Ganador Semana 28

Ilustración: https://cosasqueaportan.wordpress.com/2012/11/26/hello-world/perro-loco/

2.306 – Desalojadas

Festival-Lesbico-2015  Cuando el inspector Turing regresó a Waterloo aquella tarde de marzo, las calles olían a chocolate y leña, pero el cielo estaba nublado y el invierno se mantenía imbatible.
Refugiado en las solapas de su vieja gabardina, atravesó la solitaria Plaza del Cañón y se dirigió, apresurado, al lugar de la tragedia. Mandó retirar el sello de la puerta y entró cauteloso en la alcoba donde las dos mujeres, pálidas y serenas, yacían, cogidas de la mano, sobre una cama limpia y estrecha.
En la mesita reposaban las cajas de barbitúricos y la botella de ginebra que aplastaba, implacable, una carta para el juez. Algunos discos y libros apoyados en hilera se enfrentaban, descaradamente, al voto manifiesto de pobreza y, aunque no se apreciaba signo alguno de atropello ni violencia, todo en aquel insignificante y austero apartamento, estaba ordenado con desesperación, con temor a que la verdad se desvaneciera.
Antes de partir, se asomó a la ventana que miraba hacia la Colina del León y, mientras sonaban furiosas las campanas de la torre del Convento de Fichermont, en las cuerdas del tendal, dos túnicas de novicia se enredaban con el viento y trataban, en vano, de volar hasta las nubes.

María José Escudero
http://estanochetecuento.com/desalojadas-maria-jose-escudero/

Ilustración:  http://dondeir.com/arte-y-cultura/festival-lesbico-2015/2015/02

2.299 – El orden de los factores

perecalders_vert  Le tocó un entrevistador de aquellos que se quieren lucir con preguntas impertinentes. El invitado al programa era un prohombre ilustre y el locutor le preguntó de pronto:
-¿Sería Usted capaz de dar la vida por una idea?
El entrevistado se abrió de corazón y, ofreciendo el perfil favorecedor a la cámara, dijo:
-No. Me gustaría más encontrar una idea que me salvara la vida.

Pere Calders