2.747 – Sobre los celos

marco_denevi  Desdémona se hace la ofendida, llora, patalea, pero no le pregunta a Otelo por qué está celoso. Se me dirá que para permitirle a Shakespeare los cinco actos de una tragedia. No voy a examinar un argumento tan pueril. La razón de la extraña conducta de Desdémona es otra. Se siente halagada por los celos de su marido y de algún modo se los estimula. Sabiéndose inocente, está segura de que no le ocurrirá nada malo. Toda mujer, aún la más fiel, aspira a excitar los celos del hombre que la ama: esa es, la señal de su propio valor. El hombre, pues, debe mostrarse discretamente celoso, pero sin caer en la trampa en la que cayó Otelo.

Marco Denevi
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. 2006

2.733 – El oficio III

rogelio-guedea  Si el deseo de decir fuera esa mujer que cruza el río: he dicho un beso acaso. Pero si el deseo de decir fuera el deseo de esa mujer que ya ha cruzado el río: no he dicho nada. Nada: salvo aquello que dicen las palabras perdidas en un país desconocido. Entre cruzar y no cruzar: hay una enorme distancia. Entre decir y no decir: un río. A menos que haya una mujer esperándonos en la otra orilla, una mujer parecida a su deseo, valdrá la pena atravesar sus aguas. Pero sólo yendo sin volver: para que tenga sentido.

Rogelio Guedea
Cruce de vías. Ed. Menoscuarto – 2010

2.726 – La caca

jj millas2  Era la hora de la siesta y me encontraba tumbado en el sofá, aturdiéndome con un programa cualquiera de la tele, cuando sufrí un arrebato místico en cuyo transcurso los dioses (porque eran varios) me revelaron que el sentido de la vida del hombre era la producción de caca. La sorpresa, como comprenderán, fue mayúscula, de modo que volví a preguntar y recibí idéntica respuesta. Por lo visto, hemos sido creados, al igual que el resto de los animales, para producir aquello que tomamos equivocadamente por un residuo; el residuo somos nosotros. La caca es la estrella, por eso hay tantas clases de heces, cada una con su textura y su tamaño, desde la de la mosca a la del elefante. Los dioses no nos quieren, pues, por nuestra alma, sino por nuestros excrementos, que alimentan y dan lustre al mundo vegetal. El mundo vegetal, a la chita callando, resulta que es el rey de la creación, de ahí que los perros levanten la pata cuando pasan junto a un árbol: es su modo de orar, porque los perros saben a qué han venido a este mundo y quién es quién.
Una vez más, pensé en medio de aquel arrebato místico-escatológico, los sentidos nos han engañado. Decía Freud en un célebre artículo que el narcisismo del hombre ha sufrido a lo largo de su historia tres grandes heridas. La primera fue descubrir que no éramos el centro del universo; la segunda, que descendíamos del mono; la tercera, que el yo no manda nada. Me fastidia haber dado con la cuarta, pues jamás he envidiado el destino cruel de los descubridores. Quizá algún día mi nombre figure junto al de Copérnico, al de Darwin, al de Freud, genios que supieron mirar adonde debían para no dejarse arrastrar por las apariencias. Bien, ¿y qué? ¿Qué importa figurar en ese cuadro de honor cuando sabes que lo único que los dioses esperan de ti es que vayas al baño con regularidad?

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

2.719 – Reunión de padres

ana maria shua 8  En la reunión de padres de la escuela se discuten diversos métodos para ejecutar a la maestra. La mamá de Romina revuelve el café con un dedo que se disuelve lentamente en la taza. En mi época, recuerdo con melancolía, se optaba por la lapidación, y los ejecutores eran los alumnos mismos. En el patio, como siempre, se escuchan gritos.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

2.712 – Otelo*

manuel Moyano2  No podía tolerar que mi esposa acudiera todos los domingos a verle y que le susurrara cosas al oído, cuando a mí ya ni siquiera me dirigía la palabra. Admito que él era más joven y más delgado que yo: cómo iba a ignorarlo, si tenía la desfachatez de pasarse todo el día semidesnudo, exhibiendo su magro torso. Una mañana no pude resistir más tanta provocación y me acerqué al templo. A ella le descerrajé un tiro en el entrecejo. A él lo descolgué del crucifijo y lo hice astillas contra el suelo.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

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(*) A Paco López Mengual

2.405 – En Gamud, las casas sin chimenea…

antonio fernandez molina  En Gamud, las casas sin chimenea pertenecen a las viudas, que tienen la obligación de ser castas y de guardar fidelidad al recuerdo de su difunto. Cuando una viuda comete una falta contra esta costumbre, se coloca una chimenea en su tejado y ha de salir a la calle con un gorro adornado de plumas.
Es una vergüenza tan insoportable, que las viudas que no tiene medios holgados para emigrar, palidecen y adelgazan como un tallo de patata creciendo en la oscuridad.

Antonio Fernández Molina
Las huellas del equilibrista. Ed. Menoscuarto 2005

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2.398 – Vecino *

Manuel Moyano (1)  La primera ocasión en que llamó al timbre fue para pedir un puñado de sal. Debí haberle dicho que no en aquella ocasión, pero fui incapaz de anticipar el peligro. Luego, se animó a reclamar otros favores: unas hojitas de laurel, pilas para su despertador, un paquete de arroz, una corbata estampada, agua destilada para la plancha. Mi mayor error fue permitirle ver un partido de fútbol en el televisor de nuestro salón. Tampoco debí consentir que besara a Claudia en mi presencia. Ahora, es él quien duerme en mi propia cama. Con ella. Por el momento, aún me dejan pasar la noche en el balcón.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

*A José Miguel Belando

2.391 – Bosques y árboles

federico fuertes guzman4  Filosófica, la mamá recomendó a su hijo:
-No llores porque las nubes te impidan ver el sol ya que las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Paradójica, la madre insistió: -Está bien, al menos no llores porque ni siquiera podrás ver las nubes cuando se retiren. Determinante, la madre zanjó la conversación. -Llora al menos con un motivo -dijo a su hijo mientras daba por tres veces con su zapatilla en el infantil trasero.
Entonces, cantó el gallo.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. e.d.a. libros. 2008

2.374 – Antiguo cuento japonés

ana m shua  En un antiguo cuento japonés el zorro desafía al tejón. Ambos son versados en las artes de la transformación: intentarán, por turnos, engañar a su rival.
A un costado del camino el tejón, que es piadoso, ve un templo. Adentro hay varias estatuas de Buda. Cuando está a punto de depositar su ofrenda, nota que una cola de zorro asoma desde atrás de una de las estatuas. Tirando de la cola, templo y estatuas vuelven a ser zorro.
El zorro sigue andando por el camino. Lo interrumpe el cortejo de un príncipe. Adelante va el ejército. De un empujón, un soldado lo aparta del camino. A continuación, en caballos lujosamente enjaezados, siguen los cortesanos, rodeando la litera del príncipe, que se asoma entre cortinillas de brocado. Una multitud de mendigos viene detrás, luchando por las piezas de cobre y de plata que los cortesanos arrojan. El zorro espera sin impaciencia. El último andrajoso tiene cola de tejón. Al tirar de la cola, todo el cortejo (ejércitos, cortesanos, litera, príncipe y limosneros) vuelve a ser tejón.
Entonces el zorro se transforma en antiguo cuento japonés y gana. Se invita al lector a descubrir la cola.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009