2.362 – Intercambio de flujos

antonio serrano cueto  Por más experiencia y pericia que mostrase en el manejo del remo, el gondolero era incapaz de bogar contra la corriente pujante del Sena. A una distancia de apenas cincuenta metros del Pont des Arts, el veneciano tomaba conciencia de que flotaba sobre un animal imprevisible, de lomo ondulado y fuerza descomunal. Entre el asombro y la inquietud, los cuatro pasajeros le exigían explicaciones, dudando de su capacidad resolutiva ante tan incierta situación. Arriba, en el puente, se agolpaban los curiosos con cámaras fotográficas que abrían sus laberintos digitales para captar la insólita navegación. Aturdido, sudoroso y cansado, pensaba ahora en su laguna apacible y sumisa, derramada en canales seguros y surcada por puentes pequeños. Justo en ese instante, en el Gran Canal de Venecia decenas de pasajeros de un batobus parisino lanzaban voces interrogantes, entre el asombro y la inquietud, contra el cielo acristalado de la nave. Capturado en las pantallas digitales, el piloto se preguntaba, aturdido, sudoroso y cansado, si el gálibo del puente de Rialto tendría la altura suficiente.

Antonio Serrano Cueto

2.361 – Hundimiento

alonso-IbarrolaHuesca  El edificio se vino abajo a medio construir y los técnicos afirmaron que por culpa de una defectuosa cimentación. Los bomberos se afanaban en extraer los cadáveres de los infelices que habían encontrado la muerte trabajando. Un reportero tomaba en su bloc las consabidas notas. Dada la ignorancia, por parte de los dirigentes de la empresa constructora, del número de desaparecidos y víctimas, optó por anotar cuidadosamente los cadáveres localizados… «Diecisiete, dieciocho, diecinueve, vein…». Se detuvo porque los bomberos habían descubierto una pierna, pero al retirar los cascotes en torno a ella, comprobaron que la misma estaba cortada y que pertenecía a un cuerpo encontrado con anterioridad. Borró lo escrito y lo dejó definitivamente en «diecinueve». Lo lamentó porque siempre al titular resulta más llamativa la palabra «Veinte» («Veinte muertos en el hundimiento…», etc) que «diecinueve» («Diecinueve muertos en…» etcétera).

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.360 – Hubo una vez que un hombre muy guapo me amó*

Alejandra_d_ortiz  Hace algunos años, un hombre muy guapo me amó durante treinta y dos días y sus treinta y dos noches.
Se llamaba Francesco, de apellido italiano, fotógrafo de profesión. Me descubrió comiendo con unos amigos. En el postre me dijo que ya me amaba.
En la mañana del día treinta y tres, desapareció.
Fue entonces cuando yo comencé a amarle.

Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos chinos.Trama Editorial 2009
*A Checo

2.359 – Estos días…

jj millas2  Estos días de agosto, durante los ensueños alcohólicos de la hora de la siesta, imagino a veces que soy un personaje de la jet y que puedo hacer rico a un fotógrafo sólo con dejarme fotografiar cortándome las uñas de los pies o haciendo pis contra una tapia. Hoy se valora mucho a la gente que crea puestos de trabajo, y los famosos sostienen, sobre sus genitales mayormente, un imperio editorial que da ocupación a miles de personas. Quizá deberíamos tenerles más respeto. El otro día vi en el periódico a un señor al que habían hecho hijo adoptivo de su pueblo por crear 10.000 puestos de trabajo. No se sabe de ningún escritor, en cambio, que haya publicado 10.000 novelas. Es cierto que hay puestos de trabajo absurdos, pero también hay literatura del absurdo y nos parece bien.
Claro que cuando imagino que por una foto mía dejándome besar por el heredero de una cadena de supermercados podrían pagar millones de pesetas, me da por pensar que la realidad es anormal. O que yo soy un ser superior. Y las dos posibilidades son perturbadoras, porque conducen a consideraciones desastrosas para la salud mental. Fíjense en Aznar, que al no entender cómo ha llegado a presidente del Gobierno, y para evitar la idea de que sus votantes no están bien, se refiere a sí mismo en términos de portento («el milagro de la economía española soy yo»).
El hecho de que parte del producto interior bruto dependa de los muslos de Marta Chávarri o de las declaraciones de Sofía Mazagatos es, en fin, un problema. Crean muchos puestos de trabajo y colaboran a la reducción del déficit, de acuerdo. Pero también de las neuronas. Por eso, cuando despierto de mis delirios alcohólicos, pienso que es preferible dedicarse a la literatura del absurdo. Cualquier cosa antes que veranear en Marbella. O en Mallorca.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

2.358 – Manos que ven

Angel-Olgoso  Una eterna tarde de verano. Subimos la callejuela de este pueblo blanco y calmo del sur cogidos de la mano. En la esquina, tres ancianas a la sombra, absortas en sus labores de costura, indiferentes a la indiferencia de los turistas. Unas sillas de anea, una pequeña radio, unos geranios, un bisbiseo, unas aspidistras. Ella sólo ve los vestidos negros, las infinitas arrugas de la piel. Querría decirle que forman un aparte con el tiempo, con el mundo, que la inmemorial habilidad de sus dedos es una manifestación de lo sagrado, que esos movimientos tienen algo de arácnido, de inconmovible y que no prevén el desconsuelo cuando urden los destinos. Querría decirle que mientras una hila, otra devana y la última corta la hebra de la vida de los hombres.

Angel Olgoso
La máquina de languidecer. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.355 – Al loro con el DRAE

javier_ximens  Como escritor —si no tienes hijos— es muy importante estar al tanto de las últimas actualizaciones que realiza la Academia de la Lengua, te puede salvar la vida.
—¡Julio, ven! —oí que me llamaba la dama seca a la que recurro cuando no sé cerrar un relato.
—Voy —respondí, y como autor erudito seguí viendo el partido de fútbol a favor de los recortes presupuestarios en Cultura.
Se conoce que aburrida por la espera se entretuvo hojeando el diccionario que tengo en el atril del escritorio, como libro sagrado. Se marchó airada —hasta el extremo de guadañar el visillo de encajes que me regaló mi madre para que no me plagiaran los vecinos— y me dijo que la próxima vez volvería cuando estuviera dormido sobre el teclado.
Doblemente satisfecho —el Rayo Vallecano había goleado al torero José Tomás—, al finalizar la retransmisión me dirigí a mi mesa y observé qué había estado leyendo la mala mujer. Qué lista es, pensé, no se le escapa nada ni nadie.
El diccionario estaba abierto por esta locución:
«voy. 1. loc. exclm. coloq.: Respuesta de un hijo a la llamada de sus padres con el significado de «No me esperes»»

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/11/al-loro-con-el-drae.html