Diga lo que diga es un hombre hecho a sí mismo, lo que pasa es que le gusta tan poco el resultado que no quiere reconocer su autoría.
Mes: octubre 2017
3.456 – Fe de erratas
Fui Eva expulsada del Paraíso. Fui la esposa de Lot convertida en estatua de sal. Fui Dalila cortando la melenuda fuerza de Sansón. Fui la reina de Saba enamoradamente perdida en el nombre de Salomón. Fui Salomé pidiendo la cabeza de Juan el Bautista. Fui María la Virgen recibiendo al Arcángel Gabriel. Fui María ‘Magdalena descubriendo la tumba vacía.
De todos estos episodios encontrarás testimonio en las Escrituras.
También fui la elegida que salvó a todas las especies del diluvio universal; la que, vendida como esclava por sus hermanas, interpretó los sueños del Faraón de Egipto; la que guió al pueblo de Dios hacia la Tierra Prometida a través del Mar Rojo y el desierto. Fui la Mesías que murió crucificada, la que al tercer día resucitó de entre los muertos.
Estos y muchos otros sucesos también han quedado escritos. De ellos hallarás versiones corregidas y aumentadas por la pluma de Judas.
Patricia Calvelo
El límite de la palabra. Ed. Menoscuarto – 2007
3.455 – Feroz
En el pueblo no se habla de otra cosa que de la preocupante plaga de Caperucitas que asola nuestros bosques.
Desde que desapareció su depredador natural las de rojo provocan accidentes, destrozan los huertos y remueven la tierra buscando raíces después de la lluvia. Por las noches merodean por los polígonos industriales y se acercan a los límites de la ciudad para hurgar en los contenedores de basura.
Algunos municipios organizan batidas clandestinas que reúnen a los habitantes más siniestros de la comunidad.
Cada vez que los ecologistas proponen reintroducir el lobo ibérico, los ganaderos salen a la calle con escopetas y garrotes.
Mientras tanto, ellas deambulan en pequeños grupos, con la mirada alucinada y mostrando una maraña de pelo color miel bajo sus harapientas caperuzas. Si se les acorrala cuando van con sus crías -esas deliciosas y pálidas criaturas- se revuelven y atacan con ferocidad.
En el bar yo no me pronuncio sobre el asunto, pero estoy haciendo mucho más que todos esos charlatanes para solucionar el problema. Cada veintiocho días, siguiendo mi naturaleza, acudo al llamado de la luna llena. Me muerdo el aullido que brota de mis entrañas, y salgo de cacería.
Paz Monserrat Revillo
3.454 – La perdonamuertes
Mi padre fallecía cada poco. Pero no lo hizo nunca por llamar la atención ni por fastidiar a nadie; simplemente se moría y ya está. Recuerdo que justo antes de expirar sonreía con cierta beatitud y, diciendo adiós con su mano velluda, dejaba de respirar. Lo mismo que la lavadora cuando para de centrifugar, poquito a poco y sin más. Mamá se ponía de luto, se apagaba la tele, porque era alegre, y todos llorábamos su partida. Luego, al volver a la vida, mamá lo recibía enfurruñada por su ausencia; con ese mohín que, según él, la ponía tan guapa. Entonces él la abrazaba y le hablaba al oído de angelitos, ánimas y purgatorios. Ella cedía, nos mandaba a la cama y se les oía cuchichear mucho rato. Papá era un vividor en eso de morir. Y mamá siempre se lo perdonó. Lo hizo hasta la muerte.
Miguelángel Flores
De lo que quise sin querer – Ed. Talentura – 2014
3.453 – Vigilia*
Esta mañana, la horrenda máscara que tengo por rostro me ha sobresaltado al mirarme de nuevo en el espejo. Mientras desayunaba en silencio, el ser que se hace llamar «tu hija» me ha rozado con su boca carnosa, poco antes de abandonar la casa, y yo he repetido mecánicamente sus mismas palabras: «Te quiero». Luego, la entidad que dice ser mi mujer ha anunciado que salía a hacer la compra, a lo que he asentido con un leve movimiento de mi apéndice superior. Ha sido un gran alivio quedarme a solas. Así, ha ido pasando un día más. Ya es otra vez de noche y sigo sin poder conciliar el sueño. Los sonidos guturales que esas criaturas emiten en la oscuridad me llenan de zozobra y de espanto. No sé cuánto tiempo más podré seguir ocultándoles que no sé quién soy, que no sé qué soy.
Manuel Moyano
Mar de pirañas. Ed Menoscuarto. 2012
*A Ángel Zapata
3.452 – En el convento de San Agustín…
En el convento de San Agustín, de Sevilla criaban un carnero enano que discurría por toda la casa, dejando poco limpios los claustros, el Capítulo y los lugares más frecuentados. Acordaron los padres, por no tenerle encerrado, que le atasen una taleguilla debajo de la cola, que recogiera lo que caía en el suelo. Para esto, ofreció fray Juan de Velasco un saquillo, en que le habían traído de Nueva España un poco de chocolate. Pusiéronsele al carnero, de suerte que vino a caer hacia la parte de fuera el sobrescrito que la talega trajo de Indias, y que no se le había borrado; y decía: «Para fray Juan de Velasco».
Juan de Arguijo
Cuentecillos para el viaje – Editorial Popular – 2011
3.451 – El cielo y la tierra
3.450 – Tiene tanto miedo…
3.449 – Cita a ciegas
La dama llegó a la cita antes de lo previsto. Se la veía inquieta, ausente, asustadiza. Pero allí estaba al fin, haciendo realidad un sueño tan audaz como disparatado. El caballero la abordó de inmediato con voz temblorosa, pero sacando fuerzas de los contactos previos por teléfono, cuando ambos intentaban sintonizar sus pretensiones y especulaban con el aspecto que tendría cada cual. Hubo un instante de tensa vacilación por parte de la muchacha, un intento comprensible de volverse atrás y echarlo todo a rodar. Pero la voz de su galán, cada vez más sereno y confiado, logró tejer una nube de ensueño que aprestó el deseo y las ganas de dejarse llevar a cualquier parte. Y los dos salieron a la calle y pararon un taxi.
Al cabo de media hora, la otra mujer, la que de verdad había quedado con aquel hombre, hizo su aparición en el lugar acordado.
Pedro Herrero
Los días hábiles. Serial Ediciones. 2016
3.448 – La aparición
Paseaba solo por el monte, en un terreno solitario, y repentinamente experimenté una extraña sensación. El viento movía los árboles y creí desvanecerme. ¿Serán éstos los momentos previos a una aparición milagrosa? Un estremecimiento recorrió mi cuerpo. Podía echar a correr, pero permanecía quieto, clavado en el suelo. Mentalmente repasaba las preguntas que le formularía, las entrevistas que posteriormente me harían en la televisión y en los periódicos, lo mucho que podría obtener con una entrevista en exclusiva, y las posibilidades de venta del agua milagrosa, previamente embotellada. ¿En qué lugar exactamente surgiría el chorro? Por un momento llegué a pensar en la posibilidad de pedirle… me da vergüenza decirlo. Empieza por p… Una nube negra ocultó el sol por unos momentos e intuí que toda posibilidad me había sido denegada.
Lentamente, perezosamente, reanudé mi camino… De todas las maneras los negocios petrolíferos resultan muy complicados.


