Al principio siempre se lo toman a broma, y cuando ven que va en serio, ya no pueden hacer nada. Mi madre los trata muy bien y, mientras beben, les habla con mucho cariño. Nosotros, debajo de la mesa, no aguantamos la risa cuando se empiezan a quedar como tontos. Y les pellizcamos las piernas al ver que ya no pueden moverlas. Me gustan esos días, son divertidos. Me chiflan sus caras cuando despiertan, y quemar la ropa. Pero, sobre todo, que mamá nos guarde a los más pequeños las orejas, y que las fría mucho para que crujan.
Mes: octubre 2017
3.466 – El bebé del éter
Presenteme en Belén, se teme el penetre que el mequetrefe emprende desde el este:
-¡Defenderé el bebé! -espeté enfervorecida.
De repente en este frente emerge el célebre Xerxes, ese pelele repelente, que me desteje:
-Resérvese, enhebre el eje. Serénese. Entrégueme el bebé, enteréme del event en el pesebre. Celebre.
-Deje de pretender -expresé-. Veré. Enséñeme el pene, ese que pende del pendex.*
Xerxes teme que pese, teme que enrede, emprende:
-Sé decente, tente de frente, ten fe. Ten sed. Neguéme: pretende que esté pepe, ¡qué nene!
-Espere -reflejele-, entérese que el ser endeble en ceguese el deber.
-¡El deber en el retrete! ¡Entrégueme el bebé! Espere que se entere Meneses…
-Meneses repéleme. Péguele, envenénele, deféquele, cercénele. El que se mete en el frente del bebé debe ser esplendente.
* Exigencia para detectar al invasor, dado que ningún cristiano de entonces estaba circuncidado.
Luisa Valenzuela
3.465 – Carta al enólogo
He probado el muy estructurado, el afrutado, el que tiene cuerpo; me he saciado con la frescura y la elegancia, con la redondez y el carácter; me he regodeado con la boca y con lo aterciopelado. Estoy completamente borracha y quiero seguir probando. Dígame usted: ¿existirá el que me cuadre o el problema está en mi paladar?
Mónica Lavín
3.464 – Justicia en Santa Reparata
3.463 – Canónicos I
Aquel tímido intercambio de miradas sobre sus cuerpos desnudos, fue incorporando abundantes besos, después caricias, hasta convertirse en una pasión desenfrenada que liberaban de manera casi salvaje, varias veces por día. Lograron así olvidarse de la manzana prohibida, que permaneció intacta en el Árbol del Conocimiento. Dicen que, de igual manera, Dios los expulsó del Paraíso. Pero ellos ni se dieron cuenta.
Martín Gardella
3.462 – La pena
El hombre tiene una pena grande, domesticada como un animal, maciza. Es torpe, el pelo le tapa los ojos, y apenas puede mirar hacia adelante. En las noches de invierno se sienta con el hombre junto al fuego. Él la protege, la alienta, no la deja morir porque la pena se le confunde con su vida misma.
Por las mañanas le abre la puerta hacia el mundo y ella corre por calles implacables, de cara al viento, extremada y oscura en un deseo que no sabe su objeto.
María Rosa Lojo
El límite de la palabra. Ed. Menoscuarto – 2007
3.461 – Receta
El prestigioso médico dijo que no había nada que hacer por su padre. Ella estuvo un largo momento presa de la desesperación. Luego fue a ver a su amigo el farmacéutico. Juntos eligieron las pastillas: rosas para el amanecer, azules para la hora del crepúsculo.
El padre experimentó una extraordinaria mejoría. Y estableció con su hija una delicada trama entre el amanecer y el crepúsculo hasta su última hora, que no tardó en llegar.
Nélida Cañas
El límite de la palabra. Ed. Menoscuarto – 2007
3.460 – Habla Aldonza
Señora mía Dulcinea, os digo que no. Jamás, ni siquiera en sueños, osaría ocupar el lugar de Su Señoría. El lugar reservado para la egregia dama del Toboso por el caballero a quien llaman Don Quijote. Una pobre aldeana ¿se atrevería a competir con dama tan encumbrada? Lo que el caballero dice es cosa de sueños, imaginaciones de un seso trastornado por lo que llaman poesía. Mi mundo, señora, es mucho más humilde; bien sé que las damas y caballeros lo desprecian. En este mundo mío me tocó entretener a mi vecino, el hidalgo Alonso Quijano, quien en las noches solía allegarse a mi lecho para hacer conmigo su voluntad, como los hombres suelen. De esos amores —si amores fueron— nació mi niño, a quien trato de criar en el amor de su madre y el temor de Dios. ¿Advierte vuesa merced cuán diferentes son nuestras circunstancias? Yo nada sé de mundos de caballerías. He sido la barragana de un hidalgo; nunca fui la figura espléndida de un sueño. Ahora don Alonso usa otro nombre, el nombre que a sus imaginaciones conviene. Quién sabe si no me desea todavía, en sus noches célibes y desaforadas, cuando el alba le quita los deseos de soñar.
David Lagmanovich
El límite de la palabra. Ed. Menoscuarto – 2007
3.459 – Días hábiles
Hace días que el lunes anda como loco por estar junto al sábado. Cada año ocurre lo mismo cuando llega el buen tiempo y los fines de semana se transforman en pequeñas vacaciones que alteran la rutina de los días laborables. Desde principios de mayo el lunes suele quejarse de cualquier cosa, ya sea del clima, los negocios o la quiniela de fútbol. Nunca está cómodo iniciando la semana porque, en su opinión, la gente arrastra una resaca por los excesos del sábado y del domingo. El martes y el miércoles comparten ese punto de vista, pero como reciben un eco amortiguado de esos mismos efectos no apoyan a su compañero en sus reivindicaciones. Y con el jueves es inútil pactar, ya que su posición intermedia lo hace insensible a las inquietudes de los extremos. El viernes es, por tanto, el rival a batir. La inminencia del fin de semana lo convierte en un día positivo y eso se nota en el ambiente. Así que el lunes ha propuesto al viernes cambiar su lugar en el calendario. Le ha dicho que, empezando la semana en viernes, la gente no estará de mal humor. Y el viernes se lo está pensando. No en vano, está harto de guardar las formas hasta el mediodía, para ser considerado luego como la antesala del desmadre. Aunque solo fuera por variar, le gustaría dar a todos con la puerta en las narices por descanso del personal. Por ello ha prometido al lunes que estudiará a fondo su propuesta, y que ya le dirá algo el día menos pensado.



