Supongan que van a un hotel, y que el recepcionista les asigna la habitación 201. Entra dentro de lo normal. El hotel tiene 20 habitaciones, así que tienen el 5% de probabilidades de que así sea. Ahora supongan que hay un asesino que sólo mata a inquilinos de la habitación 201. En España hay unas 15.000 habitaciones 201, así que tienen el 0.0006666666% de probabilidades que entre en la suya.
Pero ahora supongan que siempre que van a un hotel les dan la habitación 201. Las probabilidades de que esto suceda son cada vez más bajas.
0.0025%
0.000125%
0.00000625%
Pero, a la vez, las probabilidades de que se encuentren con el asesino son más altas:
0.000133333%
0.000266666%
Ahora supongan que es de noche. Los truenos les impiden dormir. Están acostados en la 201 a oscuras y en silencio. Y alguien entra en la habitación. Tienen miedo. Los relámpagos iluminan al intruso fugazmente. Tiene algo en la mano. Según sus cálculos, en ese momento hay un 0.0625% de probabilidades de que sea el asesino. Son ínfimas pero, señores, ¿no es ese 0.0625% suficiente motivo para sacar el revólver y disparar varias veces contra la camarera?
Mes: marzo 2015
2.191 – Ni el tiro del final
Cinco segundos. Ni uno más, ni uno menos. A eso llegaba la clarividencia de Joaquín Torres García: ver el futuro, sí, pero el futuro que estaba ahí nomás, esos segundos que median entre pregunta y respuesta, el tiempo justo antes de pisar un charco. Sin poder hacer nada, sentía las catástrofes, viéndolas antes que el resto del mundo: una señora que caía de una escalera, el premio de la lotería perdido por una cifra, un choque de autos, el no en los labios de la mujer amada. Lo que alguna vez pensó como un don se le fue haciendo una carga a Joaquín. Él trataba de cerrar los sentidos a lo que sucediera en el mundo, pero el futuro estaba dentro suyo y era imposible escapar. El tiempo se le metía en la casa, en el espejo, en la pantalla de televisión. Decidió acabar con el futuro: cerró los ojos, y antes de apretar el gatillo supo que la bala le pasaría junto a la oreja izquierda. Eso sí: muy cerca.
Diego Golombek
http://revistamicrorrelatos.blogspot.com.es/2014/08/ni-el-tiro-del-final.html
2.190 – El guardia
Encontró a dos individuos charlando apaciblemente pero apoyándose en el capó de su coche, aparcado junto a la acera de una calle poco concurrida. Les invitó con corteses palabras a que se apartaran del coche y le dejaran entrar en el mismo. No le prestaron la más mínima atención. Se fue en busca de un guardia. Volvió al cabo de unos minutos acompañado de uno. Llevado por su celo profesional, el agente municipal, ante todo, le extendió una multa por «aparcamiento indebido». Luego les conminó a los dos individuos a que despejaran el lugar y desapareció. Los individuos siguieron charlando y el dueño del coche, confuso, se dirigió a la parada más próxima del autobús que le conduciría hasta su casa. El guardia le había hecho un descuento por pagar en el acto.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.189 – Soledades
A veces, coge el teléfono y marca su número. Cuando salta el contestador, deja grabadas todas esas cosas que nunca se atrevió a decir. Otras, en cambio, cuando no puede más, llama directamente al buzón de voz y escucha todo eso que le hubiese gustado que le dijesen.
Ernesto Ortega Garrido
http://www.latoalladelboxeador.blogspot.com.es/2014/05/71-asalto-soledades-seleccionado-en-la.html
2.188 – Aura impecable
Él mismo se considera un alma pura, un ser transparente, el problema es que nadie lo ve.
Eduardo Mancilla
http://casimicrocuentos.blogspot.com.ar/eduardo mancilla
2.187 – Juicio final
A poco de haber muerto, recibí una encuesta en la que se me invitaba a expresar mi opinión sobre mi reciente experiencia como ser humano. Ya en vida, solía hacer caso omiso de ese tipo de reclamos, que siempre llegaban después de haber contratado noches de hotel o viajes de vacaciones. De manera que, una vez fallecido, con mi cuerpo en avanzado estado de descomposición, aún me apetecía menos. La encuesta (muy completa, como cabía esperar) solicitaba mi grado de satisfacción -del cero al cinco- sobre aspectos relacionados con mi salud, la edad que había logrado alcanzar, las metas conseguidas. Y añadía un apartado de extensión libre para que comentara todo aquello que pudiera mejorarse en el futuro. Tampoco faltaba la pregunta final sobre si recomendaba esa experiencia a mis amigos. Como digo, yo ya no estaba en situación de atender esas cuestiones, ni siquiera a cambio de los premios suculentos que prometía cierto sorteo. Pero aunque lo intenté con todas mis fuerzas, no supe hallar la manera de darme de baja. Así que ahora, años más tarde, cuando de mí ya no queda ni el polvo, sigo estando al corriente de las últimas promociones.
Pedro Herrero
http://humormio.blogspot.com.es/2014/12/juicio-final.html
2.186 – El nacimiento de la col
En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda rosa nueva en el momento en que ella tendía, a la caricia del celeste sol, la roja virginidad de sus labios.
-Eres bella.
-Lo soy -dijo la rosa.
-Bella y feliz -prosiguió el diablo-. Tienes el color, la gracia y el aroma. Pero…
-¿Pero?…
-No eres útil. ¿No miras esos árboles llenos de bellotas? Ésos, a más de ser frondosos, dan alimento a muchedumbres de seres animados que se detienen bajo sus ramas. Rosa, ser bella es poco…
La rosa, entonces -tentada como después lo sería la mujer- deseó la utilidad, de tal modo que hubo palidez en su púrpura.
Pasó el buen Dios después del alba siguiente.
-Padre -dijo aquella princesa floral, temblando en su perfumada belleza-, ¿queréis hacerme útil?
-Sea, hija mía -contestó el Señor, sonriendo.
Y entonces el mundo vio la primera col.
Rubén Darío
Por favor sea breve.Ed. de Clara Obligado. Editorial Páginas de espuma.2001
2.185 – Los ángeles dormidos
En una librería de viejo adquirí una caja de antiguas placas de magnesio de un fotógrafo rural, donde abundaban los retratos de niños muertos, repeinados y vestidos de domingo por unos padres arrasados de dolor. Morían los niños en los pueblos y los padres mandaban buscar al fotógrafo para tener un recuerdo que llorar, otra imagen para rezar. Y mientras el artista llegaba andando o a caballo, alguien vestía y peinaba a los niños como si hubieran sido invitados a un cumpleaños triste, amortajados de encajes y almidones. Para sus padres sólo eran ángeles dormidos, pero aquí en mi apartamento siempre serán niños muertos. Y lloran todas la noches.
Fernando Iwasaki
Ajuar funerario. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.184 – Tratado de demonología
Giovanni Papini (II Diavolo, Florencia, 1958) pasó revista a todas las teorías y a todas las hipótesis sobre el Diablo. Me llama la atención que omita o ignore el librito de Ecumenio de Tracia (?-circa 390) titulado De natura Diaboli.
Se trata, no obstante, de un estudio demonológico cuya concisión no obsta a su originalidad y a su enjundia. Ecumenio atribuye sus ideas a un tal Sidonio de Egipto, de la secta de los esenios. Pero como en toda la literatura cristiana y rabínica de los siglos I-V nadie sino él cita a ese Sidonio, podemos conjeturar que el padre de la teoría es el propio Ecumenio, quien echó mano de un recurso muy en boga en su época, la de inventar un autor imaginario de quien el auténtico autor no pretendía ser más que un glosador o comentarista, porque la amenaza del anatema por herejía había empezado a amordazar la libertad del pensamiento cristiano.
Resumiré en pocas palabras el tratadito de Ecumenio.
De distintos pasajes de la Biblia (Job, 1, 6-7; Zacarías, 3, 1, 1 Reyes, 22, 19 y ss., 1 Paralipómenos, 21, 1) se deduce que las funciones de Satán eran las de espiar a los hombres, informar luego a Dios, acusarlos delante de Dios a la manera de un fiscal e inducirlos a una determinada conducta.
Según Sidonio (es decir, según Ecumenio), cuando Dios decidió que uno de sus hijos (=ángeles) se encarnase en carne de hombre, se hiciera hombre y, después de enseñar la Ley en su prístino esplendor oscurecido por las interpretaciones capciosas o acomodaticias, sufriese pasión y muerte y redimiera al género humano, eligió naturalmente a Satán.
Así Satán fue el primer Mesías, el primer Cristo.
Pero Satán, en cuanto se encarnó en hombre, se alió a los hombres e hizo causa común con ellos. En esto consiste la rebelión de Satán: haberse puesto del lado de los hombres y no del lado de Dios.
Que lo haya hecho por maldad, por piedad o por amistad hacia los hombres o por envidia y odio hacia Dios es lo que Ecumenio analiza con un detalle casuístico digno del padre Suárez.
Esa parte del tratado no me interesa. Me fascina, en cambio, la hipótesis, de una increíble audacia, de que Satán, antiguo fiscal y espía de los hombres, apenas se hizo hombre se plegó a los designios de los hombres y desobedeció los planes divinos, obligando a Dios, en la segunda elección del Mesías, a elegirse a sí mismo en la persona del Hijo para no correr el riesgo de una nueva desobediencia, la tercera después de la de Adán y Lucifer.
Marco Denevi
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. 2006
2.183 – Atraco
Tres sujetos de pésima catadura entraron con paso decidido en la entidad bancaria, empuñando sendas metralletas. Al grito de «¡Manos arriba!», todos los empleados y clientes levantaron los brazos asustados. Uno de los atracadores, acercándose al cajero, le ordenó imperiosamente le entregara todo el dinero que tuviera y lo introdujera en un maletín que le tendió. El cajero, sumiso, nervioso, servicial y cabizbajo, fue depositando los fajos de billetes con mucho cuidado y orden en el susodicho maletín. Una vez que hubo terminado la operación, los asaltantes se fueron tan rápidamente como llegaron. La excitación de los clientes y empleados duró varios días y la prensa recogió profusamente el hecho. El cajero compró cinco ejemplares de un diario que mostraba su fotografía, y repetía hasta la saciedad, a todo cliente que se aproximaba a su ventanilla: «Porque tengo cuatro hijos, que si no…»