Un justo acuerdo

jacobs_barbaraPor diferentes delitos, la condenaron a cadena perpetua más noventa y seis años de estricta prisión.
Como era joven, los primeros cincuenta los pasó viva. Al principio no faltó quien la visitara; en varias ocasiones concedió ser entrevistada, hasta que dejó de ser noticia. Su rutina sólo se vio interrumpida cuando, durante los últimos años y a pesar de que las autoridades la consideraron siempre una mujer sensata, fue confinada al pabellón de psiquiatría. Ahí aprendió cómo entretenerse sin necesidad de leer ni escribir; acaso ni de pensar. Para entonces ya había prescindido del habla, y no tardó en acostumbrarse a la inmovilidad. Al final parecía dominar el arte de no sentir.
Cuando murió la llevaron, en un ataúd sencillo, a una celda iluminada y con bastante ventilación, donde cumplió buena parte de su condena: a lo largo de este período, el celador en turno rara vez olvidó de llevarle flores, aunque marchitas, obedeciendo la orden, transmitida de sexenio en sexenio, de mantenerla aislada, si bien no por completo.
Hace poco, debido a razones de espacio, las autoridades decidieron enterrarla; pero, con el fin de no transgredir la ley y de no conceder a esa reo ningún privilegio, acordaron que el tiempo que le faltaba purgar fuera distribuido entre dos o tres presas desconocidas que todavía tenian muchos años por vivir.

Bárbara Jacobs

La ruptura

david_lagmanovich_jmv-Vengo a decirte que me he dado cuenta de que he dejado de quererte -dijo Viviana apenas entró en la oficina, después de cerrar delicadamente la puerta tras sí.
Luis apartó los ojos de la pantalla del ordenador, los posó en Viviana, y de inmediato desplazó la mirada hacia la ventana, por la cual se alcanzaba a ver un trozo de cielo plomizo y un fragmento de jacarandá en flor.
-¿No me has oído, Ricardo? Ya no te quiero -insistió Viviana.
-Es que no soy Ricardo -respondió Luis con aire cansado.
-¿Qué importa? Te suplico que no conviertas esto en una discusión sobre nombres. Se acabó mi amor por ti, y basta.
-Está bien, está bien, Nelly –dijo Luis-. No quiero convertir nada en una cuestión de nombres. Es más: no quiero tener ninguna discusión contigo. En la oficina de al lado está Vicente: ve a comunicarle que dice Paco que ya no lo quiere, y en paz.

David Lagmanovich

La reina virgen

marco deneviHe sabido que Isabel I de Inglaterra fue un hombre disfrazado de mujer. El travestismo se lo impuso la madre, Ana Bolena, para salvar a su vástago del odio de los otros hijos de Enrique VIII y de las maquinaciones de los políticos. Después ya fue demasiado tarde y demasiado peligroso para descubrir la superchería. Exaltado el trono, cubierto de sedas y de collares, no pudo ocultar su fealdad, su calvicie, su inteligencia y su neurosis. Si fingía amores con Leicester, con Essex, y con sir Walter Raleigh, aunque sin trasponer nunca los límites de un casto flirteo, era para disimular.Y rechazaba con obstinación y sin aparente motivo las exhortaciones de su fiel ministro Lord Cecil para que contrajese matrimonio aduciendo que el pueblo era su consorte. En realidad estaba enamorado de María Estuardo. Como no podía hacerla suya recurrió al sucedáneo del amor: a la muerte. Mandó decapitarla, lo que para su pasión desgraciada habrá sido la única manera de poseerla.

Marco Denevi

Casa prestada

a_maria_shuaMe han prestado su casa y yo la he perdido, qué vergüenza, qué vergüenza,  cómo presentarme otra vez ante esta gente, me van a querer matar. Recorro  sin suerte las calles de la ciudad, veo que faltan varias casas que han sido  arrancadas de raíz, como si fueran muelas, quedan apenas pozos  sanguinolentos, encías devastadas. ¿Quién soy yo? Alguien que tiene miedo de  no despertar si lo matan en sueños. Casa, casa, dónde estás. Y la encuentro,  de pronto, toda ella alrededor de mí, muy cerca, por suerte, de la almohada.

Ana María Shua

La tregua

mario benedetti54“¿Usted ve alguna salida?

Lo que es yo, por mi parte, no la veo.

Hay gente que entiende lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ese es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como éste. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la verguenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día que sientas asco de tu propia pasividad, ese día te convertirás en algo útil.” 

Mario Benedetti