Ocurrió en África, en Ifé, ciudad sagrada del reino de los yorubas, quizás un día como hoy, o quién sabe cuando.
Un viejo, ya muy enfermo, reunió a sus tres hijos y les anunció:
—Mis cosas más queridas serán de quién pueda llenar completamente esta sala.
Y esperó afuera, sentado, mientras caía la noche.
Uno de los hijos trajo toda la paja que pudo reunir, pero la sala quedó llena hasta la mitad.
Otro trajo toda la arena que pudo juntar, pero la mitad de la sala quedó vacía.
El tercer hijo encendió una vela.
Y la sala se llenó.
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2.716 – ¡Menudo cuento..!
2.715 – Declaración voluntaria
Te amo más que a nada en el mundo, pero para ser leal, necesito confesarte que suelo mensurar la calidad, la humedad, la intensidad, la vibración y la profundidad de los besos que nos damos y me dejan temblando. Incluyo al experimento, el choque de lenguas, y el intercambio de fluidos. Esto es porque tengo un dispositivo bastante similar al de la escala de Richter. Ese instrumento de precisión se llama dentadura postiza.
Eduardo Mancilla
http://casimicrocuentos.blogspot.com.ar/
2.714 – Marcos 10:14
Comida por las paredes, peluches decapitados, cajones desarmados… mi comedor parecía Kosovo. Los niños, por fin, se habían dormido. Encendí la tele y me derrumbé en el sofá. Cada viernes que mi hermana tenía cena tocaba hacer de tito: que si mama nos explica un cuento, que si hemos visto un monstruo, que Luís me ha metido el dedo en el ojo.… abrí la revista y me dispuse a hacer el autodefinido. Palabra de siete letras para designar hijo. No me costó mucho dar con ella. Podía haber puesto “vástago” pero cogí el bolígrafo y con excelente caligrafía escribí: “deeee-moooo-nio»
Juan Antonio Vázquez
http://blog.rtve.es/wonderland/
Ilustración: http://enbuscadeantares.com/2014/06/03/existe-la-maldad-infantil/
2.713 – Retrato del héroe
Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Graal y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una reina. El héroe sabe que tal aparición no le ofrece una gloriosa aventura, ni siquiera una mera aventura -desdeña la acepción francesa del término- pero tampoco ignora que los héroes no eluden entreveros que acaban en la victoria y en la muerte. Porque no se parece a nuestros héroes criollos, no sobrevive para contar la anécdota. ¿Quiénes la cuentan? Los sobrevivientes, los rivales que él venció. Naturalmente, le guardan inquina y se vengan llamándolo zángano.
Adolfo Bioy Casares
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones 2005
2.711 – El don
Su padre le dio un cachete por fantasioso y embustero, y desde entonces no ha vuelto a contarle a nadie lo que le pasa. Pero lo cierto es que le pasa: percibe en sueños lo que ocurrirá durante el día. Sin ir más lejos, ayer mismo soñó que su padre perdía un dedo arreglando las aspas de un ventilador.
Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010
2.710 – Pe Uve Pe
Un señor que tiene un zorro rojo sobre el labio superior compra medio kilo de carne ahumada y dos paquetes de papel higiénico. «Son dos con cuarenta» informa la hermosa cajera al pelirrojo. Una señora con contundentes anillos de carne vibrando bajo una selvática y holgada vestimenta compra tres cartones de vino rosado y una bolsa de polvos para lavar la ropa blanca. «Son dos con cuarenta» repite la cajera. Dos jóvenes enamorados suspenden sus carantoñas y depositan para el cobro seis bolsas de patatas de diferentes sabores y dos latas de refrescos sin azúcar. «Son dos con cuarenta». Un ciclista compra un cepillo de dientes. «Son dos con cuarenta». Vuelve a entrar y compra dos bicicletas y una caja de herramientas muy plateadas, exhibiendo su virginidad. «Son dos con cuarenta». Los clientes se agolpan en aquella caja. La encargada avisa al gerente a través de la megafonía. Él es el único con autorización para tocar las máquinas. Antes, escucha una última exhibición: un lápiz: «Son dos con cuarenta»; seis quesos de cabra y una caja de cerveza alemana: «Son dos con cuarenta». El gerente mete sus dedos bajo el moño de la cajera, da un golpe seco en su espalda y consigue desatascarle la voz, con lo que los precios del establecimiento vuelven a regularse según las leyes del mercado.
Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.e.d.a. libros.2008
2.407 – Doppelgánger
Dicen que cada uno de nosotros tiene un sosias en alguna parte. Yo encontré al mío una mañana de invierno, mientras paseaba tranquilamente por las Ramblas. Al verlo en la distancia, tuve por un instante la sensación de haberme desdoblado, pues era idéntico a mí hasta en el más minúsculo detalle. Lo seguí y averigüé dónde vivía. A partir de ese día, empecé a maquinar un plan. Dos meses después lo esperé en el portal de su casa y le invité a subirse a mi coche. No dudó en hacerlo, maravillado al verse frente a una copia exacta de sí mismo. Le propuse dirigirnos a mi chalet, en Sitges. Mientras recorríamos las abruptas costas del Garraf, hablando de los jocosos malentendidos que podría originar nuestro extraordinario parecido, detuve el coche en un mirador so pretexto de contemplar el paisaje. Él no sospechó nada. Estaba comentándome la belleza de aquella puesta de sol -el cielo había adquirido un extraño color cárdeno- cuando le asesté un golpe en la cabeza. Cayó al suelo, inconsciente. Lo senté en el asiento del conductor y empujé el coche hasta precipitarlo por el acantilado. Ahora, todo el mundo me cree muerto. Por fin podré empezar una nueva vida. Lejos, muy lejos de aquí.
Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011
2.406 – Perdón
Epifanio quería irse en paz y con las cuentas bien hechas, así que, antes de que fuera demasiado tarde, decidió pedir perdón a todos aquellos a quienes, según los libros de su conciencia, había hecho daño durante su larga estancia en el mundo. Mano a mano con su memoria elaboró una’ lista, usando como criterio de prioridad el calibré, según su propia apreciación, del dolor infligido. Luego se acomodó en el sillón, abrió la agenda, cogió el teléfono y empezó a llamar.
Con Ramiro Pereda no pudo hablar porque ya estaba muerto. Su hijo, sin embargo, se despachó a gusto al caer en la cuenta de quién era.
-Su delación mandó a mi padre a la cárcel, me imagino que eso lo sabe. Lo que no creo que sepa es cómo lo torturaron, cómo lo humillaron, cómo lo rompieron por fuera y por dentro. Lo soltaron de milagro, gracias a la intervención de un amigo. Un amigo de verdad, no un traidor y un cobarde como usted. No vuelva a llamar, Epifanio. En lo que a esta familia respecta, usted no existe.
Con Pepa, su primera mujer, sí pudo hablar, aunque no con mejor suerte.
-Te perdono las broncas, los disgustos… Hasta las infidelidades te perdono, fíjate. Lo que no te puedo perdonar es que me dejases vivir engañada, haciéndome creer que a pesar de todo me querías. Eso no, Epifanio, eso no tiene perdón de Dios.
Consternado, Epifanio marcó otro número.
-¿Está borracho? -preguntó Octavio Márquez, atónito-. Porque hay que estar muy borracho para atropellar a alguien en la acera, como usted atropelló a mi hijo, pero mucho más para pedir perdón así, de repente, después de tantos años. Métase usted la culpa por donde le quepa, Epifanio -dijo, y colgó el teléfono.
Epifanio se quedó inmóvil, con la cabeza apoyada en el respaldo del sillón y la agenda abierta en las rodillas.
-Maldita conciencia -murmuró y, haciendo trizas la lista, se levantó y fue a tirarla a la papelera.
Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010
2.405 – En Gamud, las casas sin chimenea…
En Gamud, las casas sin chimenea pertenecen a las viudas, que tienen la obligación de ser castas y de guardar fidelidad al recuerdo de su difunto. Cuando una viuda comete una falta contra esta costumbre, se coloca una chimenea en su tejado y ha de salir a la calle con un gorro adornado de plumas.
Es una vergüenza tan insoportable, que las viudas que no tiene medios holgados para emigrar, palidecen y adelgazan como un tallo de patata creciendo en la oscuridad.



