1.432 – El destino y yo

federico fuertes guzman5 Mi vida se desarrollaba a treinta pasos por minuto. A esta velocidad no conseguía demasiadas cosas: llegaba a los bares dos segundos después de que una pareja ocupara la última mesa libre, veía a un señor que pagaba en caja el último abrigo de color negro que quedaba de mi talla y me conformaba con oler el croissant que una respetable dama compraba en la pastelería antes de que retirasen la bandeja hasta la siguiente hornada.
Desde que entró la primavera aceleré mi velocidad hasta cuarenta pasos por minuto. Llego siempre a tiempo y son otros los que quedan frustrados pero no puedo dejar de mirar atrás pensando en los zarpazos o las caricias que mi destino, el de un hombre de treinta pasos por minuto, me tenía reservados. La distancia se agranda día a día y voy perdiendo su rastro a una velocidad de diez pasos por minuto.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.430 – Al punto

IMG_0893 Mientras el señor de la mesa cuatro elige su menú, ignora que en la cocina Everardo acaba de matar a Roco, el gerente en turno, sospechoso de ser el objeto de los excesos clandestinos de Lupita, la camarera. Por las noches, su mujer.
El cliente de la tal mesa se decide por una ensalada y un lomo al punto, tras un breve intercambio de sugerencias con la mujer que le acompaña:? ¡Pero, María! ¿Cómo es que piensas pedir pescado? Date cuenta que estamos en la parrilla de las mejores carnes de la ciudad. No sé cómo o qué les echarán, pero ya me gustaría a mí saber su secreto, porque mejores no he comido…
Él ignora que Lupita, la recién ascendida al cargo de «gerente emergente en funciones», está ordenando, en ese momento, que metan a Roco a la cámara frigorífica. Que limpien la sangre del suelo y que atiendan la última comanda. La de la mesa cuatro.
Everardo, el pinche convertido en inesperado cocinero en jefe, apenas y se atreve a mostrar a su nueva jefa la hoja de existencias. Con la cabeza gacha, extiende una temblorosa mano que sostiene el papel en el que, precisamente, se indica que lomo de buey es lo que no hay. Lupita, impasible, deja caer su mano sobre la tabla de picar, justo sobre el arma del delito.
¡Supremo!, declara el cliente, satisfecho al ver su kilo de carne en el centro de la mesa. Al tiempo que se deleita con una buena tajada, insiste a su compañera de mesa:
— ¿Lo ves, hermosa?… Mira si la carne es fresca en este lugar… Fíjate en las manchas de sangre que lleva la chica en el delantal… ¡Hasta parece que acaban de matar al buey!…

Alejandra Díaz Ortiz
http://alejandradiazortiz.wordpress.com/category/cuentos-del-terror/

1.429 – Costurera de medianoche

karina echevarria —Con cuidado para que no se les caigan los alfileres. Una vez hecho el hilván se sacan, pero sin olvidar ninguno. No queremos que la señora se pinche, ¿no?
La señora era un alma caritativa que recogía a abandonados del destino, como ella, y les daba trabajo, techo y comida, sin pedir nada a cambio. ¿Que no pagaba tampoco? Sí, es cierto, pero una tenía colchón y un plato caliente. ¿Que el plato era de restos y el colchón, viejo? Sí, puede ser, pero era algo. ¿Que la jornada empezaba a las seis y pasaba de medianoche? Y bueno, no tenía otra cosa que hacer.
—No, claro que no queremos.

Karina Echevarría
Relatos en Cadena. Cadena SER.  Ganador del 13/12/12

1.427 – Pandemia

rosana alonso_01 Los médicos aseguran que es una nueva enfermedad. Es como un virus: está en todas partes, lo inunda todo y no se ve. Por eso, aunque aún no ha llegado la primavera, la gente se echa a la calle y las parejas se aman en cualquier rincón; los niños corren y lanzan sus risas al aire helado de enero; los operarios en las fábricas silban canciones que habían olvidado. Los gobernantes observan lo que ocurre e imponen el toque de queda y el uso de mascarilla, pero es inútil. La confianza ha espantado las sombras que mantenían a la población acongojada y, de repente, todo es posible.

Rosana Alonso
Los otros mundos.Edit. Talentura, 2012

1.423 – Descubriendo a Newton

Miguel Pereira Rodrigo Hasta chocarse con una pila de maderos, sobrevolar el muro en un eterno predecir dolores y colisionar de forma brusca sobre un suelo de tierra árida, Bruno no entendió la «Ley de la Inercia» postulada por Newton. No obstante resultó más hiriente comprobar como la gravedad atrajo a la bicicleta, que suspendida en el aire, cayó sobre su frente con esa exactitud tan característica de la ciencia.

Miguel Pereira Rodrigo
Cadena SER. Ganador del 27/09/2012

1.421 – Mary tenía un corderito

alejandra d o2 Supo que lo suyo estaba sentenciado cuando él se fue a dormir al cuarto de invitados.
No le hacían falta las palabras, pero él insistió en justificar su decisión: «Es que tengo que descansar. Vienen días muy duros…»
Mientras trataba de conciliar al sueño con su desasosiego, a modo de ovejas, contó cada una de las noches de los últimos años.
Noches en las que se había acostado a su lado en esa misma cama, ahora medio llena, mientras hacía esfuerzos imposibles por mantenerse en vela, hasta conseguir un insomnio crónico.
Todas esas noches en las que él se apretaba fuerte contra su cuerpo, dejándole caer el brazo sobre la cintura, al tiempo que le musitaba al oído:
— Róncame más, mi amor…
Y ella, afinando el resoplo hasta el amanecer, sin atreverse a dormir, temiendo no roncar lo suficiente…

Alejandra Díaz Ortiz

 

http://alejandradiazortiz.wordpress.com/2012/10/20/mary-tenia-un-corderito/

1.420 – Tila

federico fuertes guzman5 Mojo mi magdalena en la tila una y otra vez. Los recuerdos de mi infancia aparecen con claridad. Soy el mejor del equipo del colegio, del instituto, de la universidad. Varias veces elegido mejor jugador. Llega por fin el gran contrato, el gran equipo, los titulares y las damas de compañía. Llega la selección nacional y los himnos. Llegan partidos intensos, llega la final del campeonato del mundo, llega el último segundo, el empate, el penalti que nos hará reyes o villanos…
Aquí termina el efecto de la tila. Por más que mojo y remojo nuevas magdalenas no consigo recordar si soy el lanzador que anota el tanto definitivo o el portero que detiene el balón.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.416 – La explicación

cientifico Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo. La energía, pura o no, nunca se destruye, pero sí se transforma. Y mucho. Y se convierte en otra cosa. Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos. De ida, y de vuelta. Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale. Y lo infinito sólo está en el cielo. Sólo. Por inercia, todo se mueve o reposa. Y la inercia, créeme, es lo peor. Vamos, para que me entiendas, que he dejado de quererte. De corazón y científicamente.

Miguel Ángel Flores Martínez
Relatos en Cadena. Cadena SER.  Ganador del mes . Octubre 2012

http://www.eternidadesypegos.blogspot.com

 

 

Ilustración: http://harotecno.wordpress.com/2012/10/24/webquest-ciencia-y-tecnologia/