Un año más tarde de que Blancanieves fuera hallada por los siete enanitos, ya se la conocía por Blancanieves y los ocho enanitos.
Categoría: General
1.621 – El tobogán
Aquel tobogán era tan alto que cada niño que se deslizaba por la rampa llegaba al piso con dos años más.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2011/07/el-tobogan.html
1.620 – Dolor
¿Cuál es el límite humano ante el dolor? Hay personas que soportan la muerte de un ser querido, de dos seres queridos, de tres seres queridos al mismo tiempo, y en cambio se hunden en el colmo de la desesperación cuando les roban el coche.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.619 – Cita a ciegas
La dama llegó a la cita antes de lo previsto. Se la veía inquieta, ausente, asustadiza. Pero allí estaba al fin, haciendo realidad un sueño tan audaz como disparatado. El caballero la abordó de inmediato con voz temblorosa, pero sacando fuerzas de los contactos previos por teléfono, cuando ambos intentaban sintonizar sus pretensiones y especulaban con el aspecto que tendría cada cual. Hubo un instante de tensa vacilación por parte de ella, un intento comprensible de volverse atrás y echarlo todo a rodar. Pero la voz de él, cada vez más sereno y confiado, logró tejer una nube llena de fantasía, que aprestó el deseo y las ganas de dejarse llevar a cualquier parte. Y los dos salieron a la calle y pararon un taxi.
Al cabo de media hora, la otra mujer, la que de verdad había quedado con aquel hombre, hizo su aparición en el lugar acordado.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/04/cita-ciegas.html
1.618 – Las estrellas…
1.617 – Desfiguros
El pequeño oxímoron entró en la adolescencia: decía una cosa y al instante se contradecía, su madre lo miraba preocupadísima, no fuera a terminar hecho una antítesis (estaba muy susceptible a los cambios desde que a la ironía le había dado por volverse sarcasmo). Hasta que un día al despertar, oxímoron se dio cuenta de que sus pies se salían de la cama. No podía creerlo: ¡se había convertido en una paradoja!
Adriana Azucena Rodríguez
1.616 – Los asesinos precavidos
Los científicos de la Antigüedad creían que, al morir, quedaba grabada en la retina de nuestros ojos la última imagen que habían visto. Suponían, por tanto, que buscando en ella encontrarían el rostro del asesino en el momento de asestar la puñalada definitiva, como si se tratara de una placa fotográfica, revelando su identidad. Por ese motivo, las víctimas de crímenes violentos aparecían con frecuencia con las cuencas de los ojos vacías.
Hoy sabemos que no es así.
Sin embargo, los asesinos, precavidos, siguen matando por la espalda.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.615 – Finitud
Papá solía morirse dos veces al día. Casi siempre por las calles del centro. La multitud se aglutinaba alrededor mientras yo me encargaba de las carteras. Mi hermana pequeña, de los bolsos. Entonces al menos sacábamos para ir tirando. Pero llegó una época en la que tenía que morirse quince o veinte veces diarias a cambio de una billetera vacía o unas ridículas monedas. Luego hubo un tiempo en que todos pasaban de largo. Poco después algunos individuos volvían a detenerse. Lo hacían con disimulo para vaciarle a papá sus bolsillos. Ahora ni siquiera hay gente. Nos limitamos a huir de los perros.
Manuel Merenciano Felipe
Cadena SER – Relatos en cadena – Finalista 09/09/2010
http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2011
1.614 – Forzando al destino
Por si acaso existiese la suerte, até a mi mano los noventa y nueve pájaros restantes.
Eduardo Vardé
http://www.cuentosymas.com.ar/blog/forzando-al-destino/
foto: http://revistalapergola.blogspot.com.es/2012/02/poema-la-piedra-en-el-zapato-eduardo.html
1.613 – No es por mala puntería
Una multitud camina por las calles de la gran ciudad. Hombres y mujeres avanzan con pasos veloces, de manera desordenada, tratando de no chocarse entre sí, esquivando con audacia los baches y los vehículos que pasan en rojo.
Mientras tanto, desde la terraza de un rascacielos, alguien observa la escena con un arma entre sus manos. Examina individualmente a los caminantes, intentando adivinar a qué se dedican, cuáles son sus gustos y necesidades, si tendrán familia. Busca con dedicación a cada una de sus futuras víctimas escondidas entre la muchedumbre. Por costumbre, prefiere a los sujetos que muestran mayor infelicidad. Nunca elije niños y, salvo escasas excepciones, tampoco ancianos.
Cuando los tiene en la mira, dispara el arma repetidamente. Dos personas se detienen como consecuencia del impacto, pero por error una de ellas no coincide con las elegidas. Una vez más, no hay marcha atrás, el daño está hecho. Pero no le importa. Sabe que, de todos modos, da lo mismo.
Es imposible acertar todos los tiros si el blanco se mueve con tanta prisa, se justifica Cupido, mientras prepara otra flecha.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/05/no-es-por-mala-punteria.html
