1.684 – Ayer…

Petra Acero  Ayer fue mi cumpleaños. El año pasado dije que de 39 no pasaba. No entiendo ese afán de querer saber la edad de los demás. “Ya te queda menos para los 40…”. “Al año que viene 40, ¿eh?”. Sí, todos parecen saber sumar. Pues se iban a quedar con las ganas de restregarme lo de cuarentona. No fui a trabajar, descolgué el teléfono fijo, apagué el móvil, y ni salí a la calle. Hoy, sola en casa, me muero porque alguien llame diciéndome que se olvidó felicitarme ayer.

Petra Acero

http://www.revistaparaleer.com/premiosms2011/mas_votados/19/10
http://petraacero.blogspot.com.es/

1.683 – Bailando con lobos

PedroHerrero  En la clase de primero de secundaria dedicada a normas de comportamiento, la profesora explica a los alumnos que deben ayudar a sus padres en las tareas diarias del hogar. Un alumno la interrumpe y dice que, de las tareas en su casa, se ocupa la sirvienta cuatro veces por semana. La profesora va a responder que no todo el mundo tiene sirvienta en casa, pero el chaval añade que, cuando su padre está enfermo, la sirvienta tarda en arreglar su cuarto más que de costumbre. Antes de que la profesora pueda cortar en seco las risas que provoca ese comentario, una niña afirma que, en su casa, la sirvienta también hace de canguro. Y que, después de acompañarla por la noche, su padre vuelve a casa cuando mamá ya está durmiendo. La profesora, entonces, levantando algo más la voz, se dispone a puntualizar que ése no es, en absoluto, el tema que acaba de plantear. Pero se le adelanta otra alumna para comentar que, la primera vez que papá acompañó a la canguro, volvió a casa con un ojo morado. Ello desata en clase un jolgorio incontenible. Y -ahora sí- perdiendo al fin los estribos para contestar al niño que baja la basura y saca el perro por las noches, la profesora le grita que se calle. Y que si quiere hablar, pida permiso como todo el mundo.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/2012/08/bailando-con-lobos.html

1.682 – Traducción

Iban Zaldua  Soy un escritor obsesivo, lo sé. De los que corrigen sin cesar sus textos, página a página, línea a línea casi; la escritura es uno de esos trabajos que nunca se acaban, y si por fin doy mis libros por concluidos es debido a la insistencia de los editores.
Mi última novela me dejó completamente vacío, tanto que apenas podía imaginarme escribiendo otra; sin embargo, no creía que estuviese acabada del todo. Por eso, cuando surgió la oportunidad de publicarla en castellano, no la dejé escapar y fui yo mismo quien la traduje del euskera. Empleé casi más tiempo en ello que en escribir el original, e introduje muchos cambios en el libro: a fin de cuentas, ya se sabe que los escritores no hacemos traducciones de nuestras obras, sino versiones.
Aunque mis esfuerzos no me satisficieron por completo, cuando surgió la oportunidad de traducirla al francés, no tuve ninguna duda: dispuse que se hiciese del castellano. Pero según iba leyendo la versión francesa me di cuenta de que era bastante mejor que la española; de manera que cuando una editorial inglesa mostró interés por mi obra, les rogué que tomasen como base la traducción al francés.
La traductora inglesa, a su vez, realizó un trabajo excelente, y la lectura del resultado me mostró que sí había solución para los escollos de ciertos pasajes que tanto yo como el traductor al francés habíamos dejado, por así decirlo, sin resolver.
Propuse, por tanto, que la traducción húngara se hiciese desde el inglés. Obviamente, desconozco el húngaro, pero con la ayuda de un diccionario y de una pequeña gramática pude repasar el texto, por encima, y me dejó una inmejorable impresión: estimé que la versión al húngaro era, entre todas, la mejor, y decidí que sería la base para traducir la novela al esloveno.
Pasó lo mismo en los años sucesivos y, respectivamente, con las traducciones al checo, al italiano, al árabe, al neerlandés, al zulú, al ruso y al japonés: cada una me parecía mejor que la anterior. Para repasar la última me dirigí a un amigo mío, que es experto en lenguas del Lejano Oriente, y lo que me contó fue lo que hizo que se me ocurriera la idea; al final, dominado por mi obsesión hacia las traducciones, llevaba años sin escribir nada nuevo. Le pedí a mi amigo que hiciese la traducción al euskera de la novela.
Cuando se la enseñé a mi editor, me dijo que era lo mejor que había escrito hasta la fecha; se presentará en la próxima Feria del Libro Vasco de Durango. No obstante, ya he comenzado a hacer la traducción al castellano, y creo que introduciré algunos cambios…

Iban Zaldua

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.681 – Vórtice

manuel Moyano2  Como yo comentara que las ardillas habían proliferado mucho en aquel parque, el mendigo que compartía mi banco dijo que él podía mostrarme el porqué. Empezó a caminar sobre el césped y me conminó a seguirle. Llegamos al pie de un jacarandá. «Ahora dijo hay que andar seis pasos en dirección a aquella papelera.» Lo hicimos. «Éste es el punto exacto. Deme cualquier objeto que tenga a mano», pidió. Le pasé un bolígrafo que llevaba en la chaqueta. Él lo dejó caer y, un centímetro justo antes de tocar el suelo, el bolígrafo se desvaneció en el aire. «Espere, esto no es todo», añadió. En cuestión de segundos, aparecieron cinco bolígrafos en aquel mismo punto, como regurgitados de la nada. «Cada vez que una ardilla pasa por aquí explicó salen cinco». Repetí la prueba con un guijarro y comprobé que, acto seguido, se quintuplicaba. «Este viejo es irremediablemente idiota me dije para mis adentros; bastaría con que empezase a arrojar ahí las limosnas que recibe, y en poco tiempo se haría rico». Fingí no sentir especial interés por el asunto pero, al caer la noche, regresé con un fajo de billetes de cien. Para mi desdicha, los empleados municipales habían retirado la papelera que servía de referencia. Tampoco he vuelto a ver al mendigo que me impuso esta condena. Desde hace treinta años acudo todas las noches aquí para examinar el césped, palmo a palmo, brizna por brizna.

Manuel Moyano

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.680 – Elipsis amiloidea

gabriel de biurrun  Tal vez fueran los                    , pero yo siempre pensé que eran las termitas. De noche, en aquel establo reformado, a los pies del Pirineo, se oían arañazos y                     en la madera de las vigas. Eso es exactamente lo que ahora oigo aquí arriba; con la diferencia de que esto no es el techo, sino mi cabeza, y lo que se deshace es mi cerebro. En el suelo quedarán, como serrín, los restos de lo que olvido; que ahora son solo palabras, pero que dentro de un tiempo -dicen- serán recuerdos, nombres, caras, funciones.
En resumen, me ha dicho el                     que dentro de un par de años, alguien, que yo no reconoceré como mi propia hija, llorará mientras me limpia el barro de la cara en un parque desconocido a varios                     de mi casa, seis o siete horas después de haberme extraviado; y yo sonreiré asustado.
Así que ahora, con permiso, cojo este                     , aprieto el                     y os dejo tranquilos. Muchas gracias.
Aloysius Marktbreit

Gabriel de Biurrun

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.679 – Carta a un editor

alejandra diaz ortiz2  Cariño, tranquilo, no te pongas esdrújulo.
Está claro que a nuestra relación le urge una separata. Desde hace tiempo que los cuerpos no se corresponden con los verbos. La caja se ha convertido en un complicado oxímoron. Los días se transforman en noches cursivas y el calor nos ahoga con su helada puntuación.
Ya no encontramos más puntos a seguir. Me cansan las interrogaciones y la letra capital. Nuestras rimas desentonan y tus acentos, música en antaño, ahora son un manojo de átonos reproches. Para ti, los adjetivos se han vuelto graves. En mí, ya no quedan sustantivos que agregar.
Aunque duela la verdad, esta prosa se acabó. Nuestras diéresis pudieron con la ficción de una crónica condenada a la errata: lo sabíamos a pie de página. ¿Recuerdas nuestro prólogo? Por aquel entonces, ya tuvimos dos llamadas de mala puntuación. Pero insistimos, abriendo las comillas. Es cierto, nos sobraba admiración, pero abusamos de los puntos y seguidos.
No extrañar tus besos ha sido la coma que ha vuelto imposible la lectura, lo sé. No hay cuadratín que valga para pedir disculpas. De hecho, te confieso, no encuentro nada más que restar. Firmemos, pues, un colofón de mutuo acuerdo y, luego, como amigos, abramos el paréntesis.
Vete ya. Seguro encontrarás una musa más dispuesta, esperándote al otro lado de un nuevo folio.
Por último, querido mío, te agradeceré que no subrayes más: ¡no me toques más los versos!
Afectuosamente,

Constanza de Lapsus Pertinaz

Alejandra Díaz-Ortiz

Pizca de sal. Trama editorial. 2012

1.677 – El descubrimiento

eduardo galeano34  En 1492, los nativos descubrieron que eran indios,
descubrieron que vivían en América,
descubrieron que estaban desnudos,
descubrieron que existía el pecado,
descubrieron que debían obediencia a un rey y una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo,
y que ese dios había inventado la culpa y el vestido
y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

Eduardo Galeano

Los hijos de los días, Siglo XXI de España, editores. 2012

1.676 – Los bárbaros

gines cutillas-¿Qué esperamos congregados en el foro?
 Es a los bárbaros que hoy llegan.
Constantino Cavafis

Ante la inminencia de su llegada, no dudamos en derrumbar las murallas de la ciudad para que no pensaran que osábamos mostrar resistencia y enojarlos aún más. pero también incendiamos las cosechas con el fin de desanimarles si venían con intención de quedarse. Dejamos de escribir las leyes, convencidos de que ellos las rescindirían y también olvidamos castigar a los malhechores, que pronto se adueñaron de la ciudad. A los niños los abandonamos a la deriva en barcos y a todas las mujeres en edad fértil, por no matarlas, les extirpamos los úteros para que ninguna criatura impía creciera en ellos. A los ancianos les dimos una muerte digna y los enterramos con todos los honores.
Más tarde, reunidos en el ágora, debatimos si matar al Rey, por aquello de adelantarles trabajo y quizá conseguir que nos mostraran clemencia. En medio de tanto caos, con la cabeza del monarca todavía rodando por el suelo llegó el oteador, exhausto, para comunicar que ni rastro de los bárbaros, que nadie los había visto en años y que incluso había quien aseguraba que ya no existían.

Ginés S. Cutillas

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.675 – Ganado

 Muñoz Rengel En las regiones del norte de la comarca, inesperadamente, una vaca había comenzado a hablar; dominaba todas las lenguas romances, tres lenguas caucásicas, cuatro lenguas muertas, el sánscrito, el japonés y el persa. En la zona más árida de la llanura, no tardó en aparecer otra vaca que había sido capaz de desarrollar la demostración de la conjetura de la distribución de los ceros de la hipótesis de Riemann. Más tarde, llegaron noticias de una tercera, en los valles de la aldea de Ivy, que tenía intención de publicar una teoría revisada y perfeccionada del materialismo dialéctico de Marx y Engels. En cuanto llegó a oídos del Gobernador que, desde que comenzaron a manifestarse estos fenómenos, las vacas habían dejado de dar leche, ordenó su inmediato sacrificio.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012