No habría sido igual sin la lluvia.
La tormenta se anunció como un redoble de truenos que hizo temblar los cristales del ómnibus. Luego el cielo ennegrecido se abrió de par en par y vomitó un aguacero apocalíptico. Los goterones cayeron con furia sobre el techo metálico, emulando el fragor de la tronera, tapando los agónicos esfuerzos del motor. En pocos instantes el mundo quedó oculto tras un velo empapado y gris.
Entrando en el pueblo el chaparrón perdió fuerza. A través de la ventanilla empañada Tina observó a la gente buscando refugio, a los niños jugando en los charcos, a un hombre en bicicleta con la cabeza cubierta con una bolsa de plástico. Ya en la estación vislumbró la borrosa figura de su amante bajo un paraguas rojo, y el cuerpo se le estremeció.
No, recuerda hoy Tina con añoranza, no habría sido igual sin la lluvia.
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1.841 – El chat
-¿Ya te lo has quitado todo? -le preguntó a aquella extraña a través del chat.
-Solo me quedan las medias -tecleó ella, excitada.
-¡Quítatelas, rápido! -le ordenó, subrayando su exigencia con un golpe en la mesa, como si fuera el signo exclamativo al final de una frase.
-Lo siento, he oído algo, debe de ser la puerta de su despacho, adiós.
-No me dejes a medias -suplicó él.
La mujer abandonó el chat rápidamente. El hombre cerró su ordenador y salió enfurecido, aunque entró en el dormitorio de puntillas para no despertar a su mujer. Bajo las sábanas, la luz tenue de un monitor iluminaba el gotelé de las paredes.
Manuel Sanchez Vicente
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía.2010
1.840 – Mi brazo fantasma
Desde que perdí el brazo izquierdo en un accidente de moto su presencia es más real. Resentido con el mundo por su nueva condición de fantasma, mi brazo se ha vuelto retorcido y caprichoso: exige tocar la guitarra dos horas al día, hacerse un tatuaje de un Cristo yacente y golpear al guardia que nos multó; me amenaza con un dolor intenso si no secuestro a la vecina del quinto que tanto nos gusta.
Óscar Sipán
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía.2010
1.839 – Los amigos..
1.838 – La mañana…
La mañana era hermosa para matar, pero yo estaba en el lado equivocado del pelotón de fusilamiento.
Gabriel Caracciolo
http://www.el-libro.org.ar/internacional/culturales/jornada-de-microficcion/concurso-de-microficcion-en-twitter.html
1.837 – Las manos
Mi mano se encontró con la de aquella desconocida entre las paradas de Entença y Hospital Clínic. Aquejado de una vergüenza infinita no me atreví a mirarla de reojo hasta cuatro paradas después, justo en el momento en que me di cuenta de que había pasado la mía.
Me levanté de improviso pensando que la inesperada unión se truncaría, pero ella me siguió sin soltarse. Como dos colegiales, llegamos hasta la puerta y evitando el reflejo en el cristal, esperamos a que el tren se detuviera.
Tomé la iniciativa. Con un ligero apretón le indiqué que me siguiera hasta la terraza de un bar. Nos sentamos en la misma mesa. Ella pidió café, yo cerveza.
Ninguno rompió el silencio y aunque nuestras palmas permanecían unidas, nuestras miradas seguían sin cruzarse.
A la hora de pagar, y ante la ausencia de presentaciones, pedimos cuentas por separado dirigiéndonos de la misma forma al desconcertado camarero.
Fue ella la que tomó entonces el control. Me arrastró de la mano hacia un paseo por la avenida de Gaudí donde una paloma suicida hizo que lanzara mis brazos al cielo y casi provoca que rompiera nuestro enlace y el mutismo que comenzaba a parecer pactado.
Durante horas anduvimos juntos. Elegimos los mismos caminos, las mismas tiendas, el mismo restaurante.
Fue una decisión unilateral la de vivir en mi casa. Recuerdo con cariño la primera noche en que el pudor hizo que nos ducháramos por turnos; mientras uno estaba debajo del agua, el otro esperaba paciente al otro lado de la cortina.
Tenemos dos hijos. A uno le puse yo el nombre, el del otro lo desconozco.
En cuanto reúna el valor suficiente, le pediré a Carlitos que pregunte a su madre por el suyo y el de su hermano.
Ginés S. Cutillas
Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía. 2010
1.836 – El chequeo
Le habían dicho que todos los americanos se lo hacen una vez al año; y los suizos también. Más valía prevenir… y aunque gozaba de una salud excelente a sus cuarenta y cinco años, se sometió a un chequeo médico, en una clínica particular. El precio le pareció elevado, pero «la salud no tiene precio» le dijo la bella enfermera que le atendió, muy sonriente. Antes de entregarle en mano el resultado del chequeo, el director del centro clínico quiso hablar con él a solas. Sintió que las piernas le flaqueaban… No debía haber consentido jamás someterse a un chequeo. Seguro que era cáncer… El doctor, amablemente, en tono confidencial, le advirtió que el cheque que les había dejado no lo habían podido cobrar por falta de fondos en su cuenta corriente. Se deshizo en excusas y subsanó el error.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.835 – Vasos comunicantes
A poco de ingresar en la cárcel para cumplir una larga condena, empecé a cavar un túnel desde el suelo de mi celda. Al principio actué movido por un impulso de rebeldía y careciendo de las habilidades necesarias para conseguir mi objetivo, cegado por la idea de burlar a mis carceleros. Pero pronto descubrí un extraño placer al dar forma a un proyecto de superación personal, que acabó por convertirme en un experto en la materia.
Calculo que estaba a pocas jornadas de atravesar los muros que me separaban del exterior, cuando llegó el indulto que me puso de patitas en la calle. Y confieso que, al margen del alivio que supuso prescindir de la rutina carcelaria, abandoné el penal con menos euforia de la que habría experimentado si -en lugar de salir por la puerta principal- hubiera huído a través de mi modesta pero eficaz obra de ingeniería. Así que no me sorprendí en absoluto, recién estrenada mi nueva etapa como hombre libre, cavando al otro lado de las altas torres coronadas de alambradas, con la intención de conectar el tramo restante. No es que quisiera volver a mi oscura celda solitaria. Nada de eso. Lo hice para que mi prestigio alcanzara conmigo la libertad.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/10/vasos-comunicantes.html
1.834 – Tu nombre y el mío
Las calles que llevan tu nombre y el mío se cruzan en una plaza hermosa, con farolas y bancos, en la que juegan los niños que nunca tuvimos y los ancianos recuerdan momentos, inolvidables sucesos que no sucedieron.
Las calles que llevan tu nombre y el mío se cruzan en una plaza hermosa, con una fuente de agua salada a la que llegan las gaviotas, confundidas, desde el mar.
Aquí el sol sale tres veces al día. No hay odio ni dolor en la plaza que forman las calles que llevan tu nombre y el mío.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.833 – Adicciones
De adolescente se enganchó de forma compulsiva al tabaco y al cannabis. En su época de estudiante, ya en la universidad, se aficionó sin medida a la bebida y a las drogas de diseño durante cada fin de semana. Su primer sueldo le sirvió para costearse su adicción al juego y después, con el tiempo, se convirtió en un conocido cliente de prostíbulos y burdeles clandestinos. Finalmente, su caso, ya insostenible, acabó en manos de expertos psiquiatras.
Dos años después, libre de cualquier tentación, sigue sin superar su adicción a las terapias de grupo.
