2.075 – Recuperación

Umberto Senegal  ¿Abuelito Isauro recuperó su agilidad?
Abuelito Isauro recuperó su agilidad. Esta mañana caminó por el jardín a la espera de algo que se le adivinaba en los ojos y en el movimiento de sus brazos. Al aparecer los colibríes rondó las flores del prado, ascendió hasta las orquídeas que penden del balcón, libó en el rosal y después se alejó entre ellos, sin despedirse.

Umberto Senegal
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.074 – Cajitas

julia otxoa_2  Construyo cajitas de madera para enterrar los sueños rotos. Todos aquellos que quieren olvidar definitivamente lo que pudo haber sido y no fue, contratan mis servicios, me presento entonces en el lugar que me citan con una de mis cajitas, son todas iguales,de madera de pino sin pintar, sus medidas también son siempre las mismas 7 x 7 centímetros, me gusta el número siete, todo el mundo lo asocia con la sabiduría.
Una vez en el lugar de enterramiento, coloco la cajita abierta en el suelo y mi cliente relata en voz alta el sueño roto que quiere enterrar, para que éste pueda introducirse por entero en la cajita, luego le pongo la tapa, lo sello con siete clavos y la entierro. A partir de este momento mis clientes se sienten más aliviados, más ligeros sin el lastre del pesado recuerdo, hasta el punto que una vez un señor de Valladolid tras el rito de enterramiento echó a volar como un feliz pajarillo hacia su casa.

Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013

2.073 – Hubo una vez…

Augusto Monterrosod  Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue.Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos.
Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.
Únete siempre a los filisteos.

Augusto Monterroso

2.072 – Amor reo

carmen peire  En pleno acto amoroso, aprieta los ojos de su amante con tal fuerza que traspasa su visión. Mete los dedos en su boca y, ante la humedad generosa que ella le ofrece, absorbe su lengua. Sigue sus caricias por el cuello, baja su mano al pecho y en un descuido le arranca el corazón. Adquiere entonces un mundo alterno de palabras y sentimientos. Ahora va por el mundo presumiendo de ser un hombre nuevo.

Carmen Peire
Horizonte de sucesos. Ed. Cuadernos del vigía, 2011

2.071 – No hay que complicar la felicidad

MarcoDenevi34  Un parque. Sentados bajo los árboles, Ella y Él se besan.

-El: Te amo.
-Ella: Te amo.
Vuelven a besarse.
-Él: Te amo.
-Ella: Te amo.
Vuelven a besarse.
-Él: Te amo.
-Ella: Te amo.
Él se pone violentamente de pie.
-Él: ¡Basta! ¿Siempre lo mismo? ¿Por qué, cuando te digo que
te amo, no contestas que amas a otro? -Ella: ¿A qué otro?
-Él: A nadie. Pero lo dices para que yo tenga celos. Los celos alimentan el amor. Despojado de ese estímulo, el amor languidece. Nuestra felicidad es demasiado simple, demasiado monótona. Hay que complicarla un poco. ¿Comprendes?
-Ella: No quería confesártelo porque pensé que sufrirías. Pero lo has adivinado.
-Él: ¿Qué es lo que adiviné?
Ella se levanta, se aleja unos pasos.
-Ella: Que amo a otro.
-Él: Lo dices para complacerme. Porque yo te lo pedí. -Ella: No. Amo a otro.
-Él: ¿A qué otro?
-Ella: No lo conoces.
Un silencio. Él tiene una expresión sombría.
-Él: Entonces ¿Es verdad?
-Ella: (dulcemente) Sí. Es verdad.
Él se pasea haciendo ademanes de furor.
-Él: Siento celos. No finjo, créeme. Siento celos. Quiero matar
a ese otro.
-Ella: (dulcemente) Está allí.
-Él: ¿Dónde?
-Ella: Allí, detrás de aquellos árboles.
-Él: ¿Qué hace?
-Ella: Nos espía. También él es celoso.
-Él: Iré en su busca.
-Ella: Cuidado. Quiere matarte.
-Él: No le tengo miedo.
Él desaparece entre los árboles. Al quedar sola, Ella ríe.
-Ella: ¡Qué niños son los hombres! Para ellos, hasta el amor es un juego.
Se oye el disparo de un revólver. Ella deja de reír.
-Ella: Juan.
Silencio.
-Ella: (más alto) Juan.
Silencio.
-Ella: (grita) Juan!
Silencio. Ella corre y desaparece entre los árboles. Al cabo de unos instantes se oye el grito desgarrador de Ella.
-Ella: ¡Juan!
Silencio. Después desciende el telón.

Marco Denevi.
Falsificaciones. Thule ediciones S.L. 2006

2.070 – De pronto…

Espido-Freire2  De pronto se giró porque creía escuchar pasos tras él. La calle solitaria aparecía desierta. De nuevo se volvió; nadie. Sintió miedo. Apretó el paso. Entonces le golpearon en la cabeza, cayó al suelo, y antes de morir vio cómo el humano al que debía custodiar le arrancaba las alas estremecidas.

Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010

2.068 – La melodía

leon_de_aranoa  Apoyado en la pared de adobe llena de agujeros, el soldado silba una melodía sencilla mientras el pelotón que va a ejecutarle carga, apunta y dispara sus armas.
El capitán al mando se sorprende esa misma noche en la cantina, tarareando la melodía. Evita a las soldaderas, le incomoda su risa. Rechaza el alcohol y la euforia con la que sus oficiales celebran la victoria de hoy y conjuran el miedo a la derrota de mañana.
Pasa la guerra, se olvida. Si se ganó o se perdió, pocos lo recuerdan ya.
El capitán se hace brigada y el brigada, general, sin que la melodía se borre de donde sea que haya quedado grabada. Pueden pasar meses sin que vuelva a su cabeza, pero sabe que en el instante en el que lo desee podrá tararearla otra vez y, sin saber porqué, lo percibe como una amenaza.
Así sucede el día de la comunión de Andrés, su hijo; una tarde en los caballos, en la que apostaron cuarenta pesos a Veloz y perdieron; la mañana que a su mujer le dieron la terrible noticia y tres meses después, justo después de su entierro, en una cafetería del centro de la ciudad a la que no había regresado desde que se fueron a vivir al barrio alto, en los años setenta.
La silbará por última vez ausente, en su lecho de muerte. Su hijo, ya un joven cadete de la escuela de oficiales Baltasar Luengo, pregunta por su origen, pero el anciano militar le miente.
Años más tarde la tararea él también en un bar, una noche, sin darse cuenta. Una joven, que le escucha, se enamora de él dos mesas más allá. La melodía le es familiar. Su padre la silbaba cuando ella era niña, cuando el mundo comenzaba y terminaba en el caballo imaginario de sus rodillas. Pero eso fue hace mucho, antes incluso de la guerra, en la que había muerto fusilado.
La joven tiene una mirada hermosa: hay tanta vida en sus ojos que asusta. Y sin embargo, sin que pueda comprender por qué, al joven cadete le cuesta sostenérsela.
Siente que le debe una explicación, pero no sabe cuál.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

2.067 – El precursor

jordi maso rahola   Cada escritor crea a sus precursores.   J. L. Borges, Otras inquisiciones

Ahora soy un escritor consagrado y estas cuestiones ya no me inquietan, pero cuando empezaba a abrirme camino en el mundo literario, cansado de oír a los críticos asociarme con determinados autores –mis «influencias evidentes», mis «referentes», insistían– me inventé un escritor que sería mi precursor: un romántico danés, Lars Haugaard (1849-1898). Si me preguntaban por un autor que me hubiera influido, siempre contestaba que «obviamente» Lars Haugaard, el estilista nórdico, el príncipe de las letras de Dinamarca, el bardo de Copenhague. Los sabiondos fruncían las cejas; los prudentes afirmaban con la cabeza; los ignorantes exclamaban: «¡Ah sí, Haugaard!». Pregonaba que mis libros no se entendían sin su magisterio, que yo siempre sería la sombra pálida de Haugaard. Le imaginé una obra (extensa), una biografía (trágica), una imagen (atormentada).
Con el tiempo, cuando me llegaron los honores, convertido yo en el referente de los jóvenes, Haugaard se difuminó. Le olvidé.
Pero hoy, casualmente, le he encontrado en Internet. Lars Haugaard: novelista y poeta danés. He encargado todos sus libros. Los espero, temeroso de haber sido su sombra pálida.

Jordi Masó Rahola
http://nalocos.blogspot.com.es/2014/07/jordi-maso-rahola-ganador-del-premio-de.html

2.066 – La llamada

cabina80  “Deberías airearte un poco”, recuerda que le decía ella y nunca le hacía caso. Ahora todas las noches cumple con aquella frase. Después de cenar sale a la calle. Camina con su leve cojera hacia la cabina de teléfonos más cercana, entra y cierra la puerta. El hombre marca el número de su casa mientras observa su decrépito reflejo en el cristal de la cabina por el que se deslizan pequeñas gotas de lluvia. Nervioso escucha el primer tono, el segundo y al quinto, como siempre, salta el contestador automático. Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer.

Manuel Nicolás Andreu
VIII Edición de Relatos en Cadena (Finalistas)
http://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2014/