UNO
Desde que supo que bonsái era el grito de guerra de los karatekas tiene miedo a acercarse al jardín. Estas plantas enanas tienen las mismas malas pulgas que los perros pequeños.
DOS
Contempla con otros ojos la ensalada desde que supo que aderezarla significa ponerla derecha. Echa la sal como quien pasa revista.
TRES
Elementos que intervienen en la comunicación lingüística : el abión, el tren y correos. Toma ya el emisor y el receptor. Por plasta
Categoría: General
2.105 – Caducidad
Como rió el último, rió dos veces. La segunda, sin saber exactamente de qué.
Pedro Herrero
http://humormio.blogspot.com.es/2014/08/nanorrelatos.html
2.104 – Presumida
No parece el entorno ideal para una sirena, pero a ella se la ve contenta; tirada en la alfombra con esa postura de horizonte parece pensar en las maravillas que le corresponden por su naturaleza, mientras intenta destacar entre el gentío inanimado para que la niña la prefiera a ella, aun a riesgo de que por preferir entienda arrancarle su colita de plástico escamado.
Alberto González
Futuro imperfecto.Clara Obligado ed. lit. 2012
2.103 – Fama póstuma
La pintora Alba del Canal era famosa porque en su primera juventud había pintado un efebo y lo había titulado El efebo. La crítica fue unánime al afirmar: «No se sabe si contemplamos a un adolescente o a una adolescente, es verdaderamente genial tanta ambigüedad». A raíz de este hecho, que se remonta en su trascendencia a la antigua Grecia, la pintora no había vuelto a pintar nada que provocara la atención de la crítica; pero eso sí, la gloria le duró varios lustros. Incluso después de muerta fue recordada por El efebo y no por sus ochocientas acuarelas de Venecia. Acuarelas que le ocasionaron un artritismo considerable, del cual murió a los ochenta y cuatro años.
Neus Aguado
Por favor sea breve.Ed. de Clara Obligado. Editorial Páginas de espuma.2001
2.102 – Metafísicas transpersonales
Me apunté a un curso de filosofía transpersonal, un seminario cuyo objetivo era algo así como remover nuestro interior para sacarlo fuera, dejando el exterior dentro, más o menos. Me pasa siempre con estas cosas que me cuesta ponerme en situación. Cuando ya todos estaban meditando con los ojos cerrados, yo aún no podía quitarme de encima la sensación de estar haciendo el ridículo, allí sentado en la posición del loto. Intenté sacar mi yo interior y mutarlo por mi ello exterior, tal y como decía el profesor, pero sólo conseguí que me doliera el estómago por acumulación de gases.
Jordi Cebrián
www.cienpalabras.com
2.101 – Inseguridades
Apuraba tranquilamente el gin-tonic de media tarde, cuando en la mesa de al lado un individuo le dijo a otro que estaba muy contento, porque el médico, tras un chequeo, le había dicho que todo estaba en orden.
-El colesterol y la tensión también -preguntó el otro-, ¿todo?
-Todo, sí. Me dan ganas de irme a bailar.
Los dos habían superado con creces (qué rayos significará creces) la cincuentena y parecían hermanos. Tras unos segundos de silencio, el que parecía más joven continuó preguntando.
-¿Y el PSA está en orden?
-En orden. Además me he hecho una ecografía pélvica y la próstata tiene el tamaño de un tipo de cuarenta años. Por otra parte, y como hace ya siete años que he dejado de fumar, me ha dicho el médico que tengo los pulmones de un no fumador. Como si no hubiera fumado nunca.
-¿Te importa que encienda un cigarrillo? -preguntó el hermano aguafiestas.
-Tú verás, son tus pulmones, es tu vida. Tienes cuatro años menos que yo, todavía estás a tiempo de dejarlo sin pagar por ello.
La conversación comenzó a parecerme sobrecogedora.. Había por debajo de lo que hablaban una fe ciega en la culpa y una fe ciega también en la suerte. La vida era una combinación de suerte y de fe. Si dejabas de fumar y tenías suerte, podías regresar al principio, reiniciarte como un ordenador. La suerte, por su parte, se atraía con gestos de la voluntad.
El fumador dio un par de caladas, con la mirada perdida, como si buscara dentro de sí otro argumento para amargarle la tarde al hermano mayor.
-¿Te has hecho también una colonoscopia? -preguntó al fin.
-¿Una colonoscopia? No, ¿por qué?
-A partir de los cincuenta conviene. Un vecino mío estaba bien de todo, excepto por unas formaciones musgosas que le salieron en el intestino, a la altura del colon. Duró dos meses, y no había fumado nunca.
-No hay modo de estar seguro de todo -respondió con expresión de derrota el mayor.
-Es lo que te quería decir -concluyó el fumador.
Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011
2.099 – Una lágrima
A lo largo de los años cada tanto aparece en mi Outlook el mensaje de un misterioso admirador proponiendo encontrarnos tal día a tal hora en tal café a tomar un café. Me alegro y de inmediato acepto. Pero él siempre cancela a último momento. A pesar de lo reiterado del juego, mientras la invitación titila, yo me pregunto, ilusionada: ¿será tórrido, fuerte, negro, dulce, con buena y espumante leche, estará cortado? Me refiero al café, naturalmente.
Luisa Valenzuela
Juego de villanos. Thule Ediciones S.L. 2008
2.098 – Envidia
2.097 – La pérdida del amor
Mi antiguo enamorado me tenía entre algodones de azúcar y siempre repetía que yo era la más dulce; era su bombón de chocolate, su caramelo masticable. Por desgracia una creciente diabetes lo obligó a apartarse de mi lado.
La separación me agrió a tal punto el carácter que a mi nuevo pretendiente le produje acidez. Ahora a ninguno el resulto apetecible. Muy a mi pesar tendré que alejarme de esta secta de caníbales entre los cuales me sentía muy querida si bien algo diezmada.
Luisa Valenzuela
Juego de villanos. Thule Ediciones S.L. 2008
2.096 – La casa encantada
Una joven soñó una noche que caminaba por un extraño sendero campesino, que ascendía por una colina boscosa cuya cima estaba coronada por una hermosa casita blanca, rodeada de un jardín. Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de la casa, que finalmente fue abierta por un hombre muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En el momento en que ella empezaba a hablarle, despertó. Todos los detalles de este sueño permanecieron tan grabados en su memoria, que por espacio de varios días no pudo pensar en otra cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el instante en que iba a empezar su conversación con el anciano.
Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en automóvil a Litchfield, donde se realizaba una fiesta de fin de semana. De pronto tironeó la manga del conductor y le pidió que detuviera el automóvil. Allí, a la derecha del camino pavimentado, estaba el sendero campesino de su sueño.
-Espéreme un momento -suplicó-, y echó a andar por el sendero, con el corazón latiéndole alocadamente. Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito subió enroscándose hasta la cima de la boscosa colina y la dejó ante la casa cuyos detalles recordaba ahora con tanta precisión. El mismo anciano del sueño respondió a su impaciente llamado.
-Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?
-Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que la compre. ¡Esta casa, hija mía, está frecuentada por un fantasma!
-Un fantasma -repitió la muchacha-. Santo Dios, ¿y quién es?
-Usted -dijo el anciano y cerró suavemente la puerta.

