Suplicio

cupido_death«Los dos debemos morir a la vez», le dijo él a ella. «Recuerda que fue nuestro sagrado compromiso ayudarnos el uno al otro, el otro al uno», le dijo él a ella.
«Sí, pero yo amo a otro, y mi compromiso ahora es con él», le dijo ella a él, «y tú debes morir solo, sin embargo por fidelidad a cuanto nos dijimos, mi deber es ayudarte».
El ingenuo hombre la escuchó sorprendido, mientras ella tranquila fue hasta !a gaveta del nochero, sacó el revólver, lo miró y con un poco de compasión apuntó bien. Ambos sonrieron.
Carlos Alberto Agudelo Arcila

Agradecimiento

JULIA OTXOAHortensia Salazar recogió de la tintorería el abrigo rojo que días atrás había dejado para limpiar. El abrigo traía en su bolsillo izquierdo una pequeña carta dirigida a ella. Se le invitaba a acudir a una misteriosa cita en la playa, el martes doce a las tres de la tarde.
La dama, picada por la curiosidad, acudió a la cita y esperó por espacio de tres largas horas. Cuando cansada e indignada se disponía a marcharse, un niño le entregó otra carta de color verde. En ella, el misterioso personaje, que firmaba con las iniciales A.Z. se excusaba por no haberse presentado y le volvía a convocar para dentro de siete días en los jardines de la catedral.
Hortensia Salazar guardó fidelidad ininterrumpida durante más de veinte años a los sucesivos requerimientos, a pesar de que a ellos, jamás acudió nadie.
Gracias a la diversidad geográfica de las citas, la paciente dama llegó a conocer perfectamente todos los rincones de su ciudad. Y cuando murió, siendo ya muy anciana, lo hizo quedando profundamente agradecida a aquel desconocido, que durante tantos años había llenado su vida, manteniendo viva en ella la llama de la pasión por lo ignorado e inasequible.

Julia Otxoa

Necrofilia

marco deneviCuenta el mitólogo Patulio: «Al regreso de la guerra contra los mirmidones, Barión sorprendió a su mujer, Casiomea, en brazos de un mozalbete llamado Castor. Ahí mismo estranguló al intruso y luego arrojó el cadáver al mar. Noches después, estando Barión deleitándose con Casiomea, se le apareció en la alcoba Castor, pálido como lo que era, un muerto, y lo conminó a ir al templo de Plutón en Trézene y sacrificarle dos machos cabríos para expiar su crimen. Barión, aterrado y no menos pálido, obedeció. Mientras tanto el fantasma de Castor reanudaba sus amores con Casiomea, quien no se atrevió a negarle nada a un ser venido del otro mundo. Varias veces Barión debió ceder su lecho al cuerpo astral de Castor sin una protesta, porque el joven lo amenazaba, si se resistía, con llevarlo con él a la tenebrosa región del Infierno». El mitólogo Patulio agrega que Castor tenía un hermano gemelo, de nombre Pólux, pero de este Pólux nada dice.

Marco Denevi

Vecinos

velaNada más llegar, la primera noche, ella pasó a pedirme una vela. «Nuestro piso está a oscuras», me explicó.
Al día siguiente preguntó si podía dejarle un poco de sal, después aceite. Azúcar, especias, aspirinas y chinchetas faltaban también en aquella casa de carencias insospechables.
Una tarde, ella llamó con fuerza al timbre. Yo salí enojado y antes de que pudiera decir nada, sus labios rozaron los míos y me empujaron hacia mi cuarto. Sobre el lecho en penumbra nos amamos algunas tardes.
Anteanoche hubo una tormenta y la luz se apagó en el edificio. Escuché fuertes voces y algunos golpes en el piso de al lado. Creo que ella lloraba. Después esos golpes llegaron a mi puerta.
Abrí, y ante mí estaba él, su esposo. «¿Tienes una vela?», me preguntó, y se quedó mirándome, con la respiración agitada. Antes de que pudiera volver con la vela, me pidió sal y luego aceite.
Yo conocía esa secuencia…
Carlos Gracia Traín

Muso inspirador

violencia genEl doctor J. E debió renunciar a su cargo de asesor legal en el Congreso cuando su esposa Carla escribió, detalló y hasta editó, con pelos y señales, las palizas que antaño él le propinara.
El grueso volumen fue best-seller, y Carla empezó a pucherear como Dios manda.
El doctor J. E no pudo desde entonces conseguir digno trabajo. Pero en cambio ganó un juicio imposible sobre estímulo creativo y propiedad de textos.
Ahora comparte con Carla los derechos de autor.

Marta Nos

Pasión

juliomiranda
El hombre, con los brazos abiertos dela0nte de la puerta, le obstaculizaba el paso. Ella no pudo evitar una sonrisa, pese a todo.
 -Pareces un Cristo.
-No te vas.
-Volveré en unos días.
-¿Está aquí de nuevo, verdad?
-¿Para qué lo preguntas?
-No te vayas.
-Déjame salir.
-¿Esto va a durar toda la vida?
-No lo sé.
El hombre se apartó, cruzó junto a ella evitando rozarla, se sirvió un trago y se hundió en un sillón, derramándose encima la bebida, mientras la puerta se cerraba. Se levantó de inmediato, fue hasta la ventana: sólo entonces se dio cuenta de que llovía.
-Se va a mojar -dijo, en voz muy baja.
Julio Miranda

Contaminación semántica (para José María Merino)

Luisa-ValenzuelaLa vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.
A pie o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los hispanistas y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de hispanistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.

Luisa Valenzuela