1.154 – Desde atrás

 Un amigo pintor prepara, sin prisa, una exposición de cuadros célebres vistos «desde atrás». Todo empezó el día en que se le ocurrió pintar como si estuviera ubicado realmente a espaldas de la Gioconda. En algunos cuadros, mi amigo resolvió espiar por los ojos de algún personaje perdido en el horizonte. En otros, hizo como si existiera allí tal personaje. Esto coloca a mi amigo en posición desventajosa porque debe contentarse con las migajas de los cuadros famosos, mientras que los artistas que él reverencia pasan a ser protagonistas de estas obras invertidas: la espalda de la Mona Lisa puede parecerse a cualquier espalda, no así el rostro de Leonardo contemplándola.
Aunque la idea me resulta ingeniosa, últimamente he comenzado a sospechar que esconde una intención velada. ¿No será que mi amigo anhela, en última instancia, que alguien vuelva a pintar en un futuro estas obras que se dicen canónicas, para que en ellas de frente y a las claras, se materialice un artista fisgón?

Eduardo Berti
El límite de la palabra (Edición de Laura Pollastri) ed. Mesnoscuarto, 2007
La vida imposible (Emecé, Buenos Aires, 2002)

1.152 – Un positivo

 ¡Imbéciles! ¡Exactamente! ¡Eso es lo que detecta esta máquina tan delicada que es mejor no tocar!
Podría intentar explicarle los mecanismos que influyen en la generación de los diferentes tipos de ondas cerebrales, o el proceso con el que hemos diseñado receptores para captar la señal de los sujetos a estudiar, pero no quiero abrumarle con tecnicismos. Y sí, ha entendido usted el proceso de verificación: hay que ponerse el casco tal y como ha hecho, apretar ese botoncito que nadie había pedido que tocara, y en caso de respuesta afirmativa, efectivamente se enciende esa luz roja, señor ministro.

David Reche Espada
Relatos en cadena. Cadena SER . Santillana Ediciones Generales, S.L. 2010

1.151 – Palabras

  Fresca, brillante, antihistamínica, bipolar… El hombre pasa la noche recortando palabras. Agridulce, estraperlo, inquietud… Le sirven todas. Las arranca de los periódicos y las mete a puñados en una bolsa hasta que a eso de las ocho, ella pasa bajo su ventana. Él, para celebrarlo, arroja el particular confeti sobre su melena. La mujer, sin levantar la cabeza, se sacude los vocablos. Con la desidia de siempre aunque hoy, tal vez, con menos aspereza. Ilusionado, el hombre regresa a su cuarto y retoma las tijeras. Qué otra cosa sino una habitación con ventana, qué otra cosa sino palabras es el amor no correspondido.

Isabel González González
Relatos en cadena. Cadena SER . Santillana Ediciones Generales, S.L. 2010
Ilustración: http://elbauldepalabras.blogspot.com.es/

1.150 – El arte de las transformaciones

 Creí dominar el arte de las transformaciones, pero no era más que un aprendiz de brujo. Un pequeño error, un gesto equivocado en el momento del conjuro y heme aquí, cuesta abajo en la rodada, hoy pato, mañana cucharita, montaña, arveja, premolar o polvo edulcorante. Y ahora, precisamente ahora, cuando por fin he logrado controlar tanta locura, reducirla a la ínfima sutileza de un cambio de opinión, ahora es cuando se quejan, absurdos, mis votantes.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida.Ed. Páginas de Espuma 2009

1.149 – Un tipo

 Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.
El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.

Fabio Rodríguez de la Flor
Foto: Aníbal Núñez

1.148 – Personalidad múltiple

 Supe que estaba perdida desde que abandoné la modestia. A cada uno le llega su hora y yo, que había despotricado siempre de los autocomplacientes y de los adoradores de su propio ombligo, me hallaba ahora, castigo de Dios, no solo en su misma situación sino en situaciones múltiples.
Sucedió una mañana, muy temprano, a la hora exacta de las teletiendas. Sin ganas de escribir, incurrí en el vicio nefando de teclear mi nombre en un buscador de Internet. Con comillas, sin comillas, completo o abreviado, el caso es que allí salían páginas y más páginas. No estaba mal como recordatorio (cuándo di yo esa charla) o como álbum de fotos para observar cómo me han tratado los años. Ojalá lo hubiera dejado ahí, pero el orgullo mata. Entre las entradas en las que figuraba mi nombre, he aquí que aparece una mujer homónima que se dedica a la cirugía, y otra que presenta telediarios, una firmante de manifiestos antitodo y otra bibliotecaria y así miles y miles de vidas posibles. Desde entonces no puedo dormir. Me levanto a cada instante para ver si les ha pasado algo a las otras o si siguen vivas.
Me preocupan dos en especial, una declarada en franca rebeldía por un juzgado de Móstoles (qué habrá hecho) y otra suscrita a un foro de sadomaso.
Así se me pasan las mañanas. Rebuscando libros de leyes por si consigo salvarme y huyendo de anuncios de látigos y tachuelas. Tengo la sensación de que hay cosas que me estoy perdiendo y de que en algún momento puedo acabar presentando las noticias vestida de cuero negro.
Estoy por ponerme en contacto con las otras, pero lo mismo me respondo yo y me da algo.


Pilar Galán

Paraiso posible. Ed. De la Luna libros. Abril 2012

http://editorial-delalunalibros.com/paraiso-posible-pilar-galan-miguel-angel-mu%C3%B1oz

http://www.santiagoapostol.net/revista04/galan.html