—¡Pues yo no sé de qué te quejas —estalló la Victoria Alada de Samotracia al oír los lamentos de la Venus de Milo—, al menos conocen tu rostro!
—¡Pues yo no sé de qué te quejas —estalló la Victoria Alada de Samotracia al oír los lamentos de la Venus de Milo—, al menos conocen tu rostro!
Aún se hablaba de la guerra, de desaparecidos, de muertos, de fantasmas, de bombardeos, de ciudades en llamas. Era un tiempo oscuro, gris, y siempre hacía frío y llovía. Las casas en penumbra, los pesados abrigos. Las tardes pasaban lentísimas. Y a la noche, se oía el parte hablado en la radio, la voz neutra y tersa del locutor. Y una música triste. Y luego nos íbamos a la cama para soñar, arrullados por el viento, los sueños que no nos regalaba la cruda realidad.
Ángel Guache
Es imposible que finjas que nada de esto pasó. No mientas al decir que mis sueños no estuvieron en los tuyos. No puedes haber olvidado el temblor de tus manos desmenuzando mi cuerpo. ¿Cómo creer que se han desvanecido las huellas de mis dedos ciñendo tu piel?Alejandra Díaz-Ortiz
Para dormir cómoda, me despojo de todo lo superfluo. Sentada en el borde de la cama me quito lentamente la ropa. Dejo caer los brazos, que se estiran sobre la alfombra como gruesas serpientes. Con un movimiento brusco me desprendo de las piernas y sacudiendo la cabeza hago volar mis facciones (ojos, boca, nariz) por todos los rincones de la habitación. Y continúo, hasta que no queda entre las sábanas más que mi sexo, que de todas maneras nunca duerme.
Ana María Shua
Fue un adiós desigual. Sólo ella miró atrás.
Antonio Cruz
Al grito de «yo no soy la criada de nadie», Juanita abandonó el lecho conyugal.Rosa Beltrán
Mi hijo pequeño me da un grito desde su habitación:Juan José Millás
En mitad de la mesa, hacinados en un cóncavo recipiente, duermen los caramelos. Su sueño es dulce y sin ronquidos. La mano que elegirá a uno de ellos todavía está lejos, ni siquiera ha entrado en la habitación, ni siquiera ha pulsado el timbre de la casa. Cuando esto suceda, cuando la mano salga al fin del bolsillo, pulse el timbre, entre en la habitación y se aproxime a la mesa, los caramelos se desprenderán de su dulce sueño agitándose levemente, y cada uno de ellos rezará esperanzado a su dios particular (de color rojo, de color verde, de color naranja) para ser el elegido y disolverse para siempre en el cielo de una boca.Javier Puche
Yo entendí que eran tres puntos suspensivos, pero ella insiste en que eran tres veces punto final.
Mirta Castro – Finalista. II concurso literario de Hiperbreves Movistar 2007
Hojeando un poemario en una espléndida tarde de verano, el poeta se deleitaba despreocupado sobre la yerba. Se había arremangado los pantalones, y refrescaba sus pies desnudos en las serenas aguas del río. Como una tormenta que se desata de imprevisto, un gomioso caimán – respondiendo a un instinto natural – lo agarró por una pierna y desapareció entre las turbulentas aguas. Allí quedó el libro de poemas sobre la verde y húmeda yerba.
Lázaro Gómez Carriles