—Pero Margarita ¡Créeme por favor!, es mentira que las camelias curen la tuberculosis.
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3.317 – Si usas la lengua…
3.316 – Caso del niño y el mago
La policía de Montecarlo busca desde la semana pasada a un niño de cinco años, desaparecido en la fiesta de su propio cumpleaños. El mago que animaba la velada no pudo concluir su truco más famoso, que consiste en introducir a la gente en una jaula hermética para volverla invisible, porque falleció en pleno acto, de un colapso cardíaco. La joven que asistía al mago se declaró incompetente cuando la concurrencia, muy alarmada luego de comprobar que la jaula seguía vacía, le exigió la devolución pronta del niño.
Eduardo Berti
Mar de pirañas. Menoscuarto. 2012
3.315 – El iluso y los incrédulos
Hace calor. En el bar un grupo de hombres miran sin mirar los polvorientos rayos de luz que se filtran a través de la persiana.
—Puedo caminar por esos rayos —dice el iluso.
Los hombres se ríen y hacen apuestas. El iluso trepa de un salto a uno de los rayos de luz, intenta dar un paso tambaleante y cae. Los incrédulos cobran sus apuestas.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009
3.314 – El centinela
Hace dos años la conocí, fue amor a primera vista. Esa misma tarde, disimuladamente, rocé sus muslos firmes y morenos apenas con la punta de mis yemas, vestía una minifalda marrón y una blusa negra sin mangas. No dijo nada y yo sonreí. Teníamos ya una cita. Esa noche, lo recuerdo, cerré apresurado todas las puertas, todas las cortinas y apagué todas las luces. Tomé un par de velas, las encendí y me desnudé y la desnudé. Fue maravilloso. Al día siguiente fui despedido, olvidé acomodar al resto de los maniquíes.
Yobany García Medina
3.313 – Primera cita
Todo es cuestión de mantener la calma. Es sólo una evaluación que no pasa de 10 a 15 preguntas elementales. En el peor de los casos, la solución es contestarlas con algún choro que ni te entienda, al fin de cuentas entre más palabras digas, mayor será la probabilidad de aprobar el examen. Tomo valor y me siento en la banca, preparo mis mejores argumentos. La primera pregunta es fácil. ¿Vienes regularmente aquí?, sí. ¿Te gustan las mascotas?, un poco. ¿Desde cuándo estás soltero? Hago una pausa y pienso en una respuesta adecuada: si considero mi última relación, que duró una semana, diría que desde hace un mes. La evaluadora me mira con inquietud, sospecha mi improvisación. Prefiero los exámenes escritos, al menos así evito mirar el rostro de quién califica, esa expresión de lástima al saber que no estudié y sólo respondo estupideces.
Continúa el cuestionamiento. ¿En qué trabajas?, no trabajo, estudio. Genial. Yo estudio historia, ¿y tú? De nuevo hago una larga pausa para decir que soy preparatoriano. De inmediato noto sus muecas de desagrado, ella se levanta para irse. Creo que reprobé la evaluación.
Adrián Mendieta Moctezuma
3.312 – Astronomía íntima
Miguel le prometió que era el hombre que buscaba y que juntos conseguirían todo lo imaginable. Sara aún recuerda aquella frase lapidaria que acabó por convencerla: «Juntos seríamos capaces de llegar a la Luna». Hoy, meses después, lo de ser los nuevos Armstrong y Aldrin es una quimera y sus ansias por conseguir lo inalcanzable son un imposible. Todo lo que se proponen les queda demasiado lejos y no llegan ni a fin de mes. Su vida es un quiero y no puedo pero continúan juntos. Nunca llegarán a la Luna pero ella al acostarse sigue viendo las estrellas.
Miguel Ángel Molina López
99×99. Microrelatos a medida.
Ediciones de Baile del Sol. 2016
3.311 – Alevoso
3.310 – Deberíamos…
3.309 – Una duda metafísica
En Arkansas han prohibido a Darwin porque les parece incompatible con la Biblia, lo que viene a ser lo mismo que prohibir la Biblia por no adaptarse a Darwin. En realidad, El origen de las especies y el Génesis son las dos caras de la misma moneda: ambos tratan de explicar algo inexplicable, que es nuestra presencia en este estercolero llamado mundo. A mucha gente le puede parecer más razonable proceder de un puñado de barro que de un mono, pero tan incomprensible es una cosa como la otra.
En Arkansas, en fin, están convencidos de que los hombres vienen del barro y las mujeres de las costillas y no quieren que sus hijos estudien otra cosa por miedo a que se malogre alguna vocación científica. Y es que son enormemente rigurosos en la selección del material didáctico. Por ejemplo, tampoco permiten que sus niños jueguen con pistolas de plástico existiendo las de verdad. Y les disgusta que la gente dispare sobre blancos artificiales habiendo personas de carne y hueso a las que se puede abatir sin problemas.
La verdad es que observando con detenimiento a los ciudadanos de Arkansas uno no tiene más remedio que aceptar lo que dicen los sabios: que la evolución carece de rumbo, que no va a ninguna parte y que el hombre no es la culminación de nada. Aunque quizá se equivoquen: es evidente que el ser humano constituye hoy por hoy el punto más alto de la estupidez en la cadena alimentaria, incluso en la cadena perpetua. En ese sentido, podríamos afirmar que la evolución se dirige a Arkansas, pasando por Marbella, lugares bíblicos donde los haya, en los que cada día, desde la mañana hasta la noche, se cumplen el Génesis y el Apocalipsis en confuso desorden.
En Arkansas, en fin, acaban de prohibir a Darwin, que es como prohibir el Everest, y se han quedado tan anchos. O sea, que si no prohíben a Shakespeare o a Cervantes es porque no han oído hablar de ellos. Y aquí es donde le surge a uno la duda metafísica: ¿Cómo van a ser capaces de enseñar la Biblia si no saben leer? A ver si Darwin nos lo explica.

