Habían cometido un error imperdonable: asaltar una joyería enclavada en una demarcación que no era la suya. La «mafia» no perdona estas cosas. Lo sabían y es por ello que trataron de huir. En vano, los dos amigos fueron atrapados y conducidos a un sótano discreto. Primeramente se llevaron a uno de ellos. Se cruzaron una mirada de complicidad. No hablarían. Horas más tarde volvió… Resultaba casi irreconocible: un rostro tumefacto, una cuenca del ojo mostrando su horrible vaciedad, tres o cuatro dientes menos, pelo arrancado de cuajo en algunas partes de la cabeza, un hilo de sangre que le brotaba de la comisura izquierda de la boca, y también manchas de sangre en torno a la bragueta que hacían intuir estragos por la zona. Respiraba, jadeaba… «No he hablado», dijo con voz imperceptible. Su compañero, sin embargo, dijo todo lo que sabía, y dio todos los nombres al instante. Antes de volver junto a su desfigurado amigo se despeinó para disimular un poco y tratar de justificarse…
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1.595 – Encantamiento
1.588 – Los lugares
Mi memoria es espacial, recuerdo a las personas si me las encuentro en el lugar al que pertenecen. Al carnicero sólo le reconozco de uniforme, detrás de su mostrador de mármol sonrosado, entre costillares, piezas de carne y cochinillos lívidos. Al vendedor de periódicos si está en su kiosco, enmarcado por la colorida maraña diaria de titulares y revistas para adultos. Encontrarme, por ejemplo, al zapatero en el videoclub me sume en el más absoluto de los desconciertos.
A mis vecinos los identifico sin dificultad en el portal del edificio, o en un par de manzanas a la redonda. Superado ese perímetro, resultan para mí perfectos desconocidos.
Es como si necesitara del marco para reconocer el cuadro.
Esta particularidad me causa graves inconvenientes. Cuando me cruzo a cualquiera de ellos en otro lugar de la ciudad, parque o transporte público, lejos de sus contextos habituales, jamás les saludo. Sé por la portera que toman mi incapacidad por altanería o simple falta de educación.
Lo mismo sucede con los grandes acontecimientos de mi vida.
No recuerdo el final de las películas, pero sí la fila y el número de la butaca desde la que las vi. No recuerdo a la adolescente que me besó por primera vez, pero sí el cuarto de baño de la discoteca de provincias donde sucedió. He olvidado de qué hablaban las líneas que me conmovieron de aquella magnífica novela, pero recuerdo perfectamente que estaban en página impar. De la muerte de mi abuela recuerdo las dimensiones exactas del tanatorio, el verde tornasolado del mármol en las paredes y las cortinas de cretona, levemente arrugadas. Y recuerdo también a la perfección el comedor del hotel de carretera donde mi mujer me dijo que ya no podíamos seguir juntos, pero, si me lo preguntan, he olvidado por completo en qué quedó aquella conversación.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.581 – Retirada
La larga fila de soldados cruzaba la estepa rusa, totalmente cubierta de nieve. El frío era terrible y el viento azotaba sin piedad los rostros de millares y millares de soldados, que de dos en fondo, se batían en retirada. La fila se perdía en el infinito y caminaba lenta, muy lentamente. De vez en cuando, un desgraciado caía en redondo, junto a la fila, muerto de fatiga, de hambre, de frío. Nadie se inmutaba, nadie le socorría. La fila seguía inexorablemente su marcha. Un soldado, bajo de estatura, abandonó momentáneamente la fila y se arrodilló para apretarse las cintas de sus botas. Terminada la operación, quiso integrarse en la fila, pero los compañeros se lo impedían. «Atrás, te pones en la cola…!», le gritó uno. Tuvo que esperar catorce horas para agregarse a la cola de la larga fila. Ya para entonces se le habían congelado los dos pies.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
1.574 – Saldo
Le da un beso a su mujer aún dormida en la frente, al levantarse, pero ella se lo devuelve después, en el cuarto de baño, cuando sale de la ducha.
Están en paz.
Luego prepara el desayuno a sus tres hijos que, al salir, ya en la puerta de la casa, le dan cada uno dos besos, lo que deja un saldo a su favor de seis. De ésos le dará dos a su madre cuando se detiene un minuto a saludarla, camino del trabajo, y otros dos a Lucía, la nueva secretaria de Cuentas, cuando se la presentan; recupera uno que le da su hermana cuando pasa por la oficina a verle, a media mañana, con lo que aún le quedan tres.
Su mujer le da dos más a la hora de comer, en el restaurante con manteles de cuadros rojos y blancos en el que suelen encontrarse. Más otros dos que le da Bianca, la encargada, cuando se sienta a la mesa con ellos a tomar café, hacen siete. Dos los desperdicia con una antigua compañera de carrera de la que apenas recuerda el nombre, con la que se encuentra en la puerta del edificio Andrade.
Con los cinco que le restan regresa al trabajo, donde le dará dos a escondidas a Isabella, una joven estudiante en prácticas que va sólo por las tardes. Luego, en el hotel Dos Castillas, le dará los tres restantes y ocho más, repartidos por distintos lugares de su cuerpo. Ella le devuelve doce, la mayor parte en la boca y el cuello. Él la besa dos veces más en el coche, cuando la deja frente a la casa de sus padres, con los que aún vive. Piensa mientras se los da que son besos rápidos, clandestinos, pero cuentan igual.
Llega a su casa tarde, cansado y sin apenas besos.
Da uno a cada uno de sus tres hijos, que duermen ya. Se acuesta junto a su mujer, uno abajo. En números rojos, le explica que en la agencia están sobrecargados de trabajo. A pesar del enfado, antes de darse la vuelta y dormir, ella le da un beso en la frente.
Estoy en paz, piensa él antes de quedar profundamente dormido.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.567 – El sol
Desde el amanecer de hoy se celebra la fiesta del sol, el Inti Raymi, en las estepas y las serranías de los Andes. Al principio de los tiempos, la tierra y el cielo estaban a oscuras. Sólo noche había.
Cuando la primera mujer y el primer hombre emergíeron de las aguas del lago Titicaca, nació el sol.
El sol fue inventado por Viracocha, el dios de dioses, para que la mujer y el hombre pudieran verse.
Eduardo Galeano
Los hijos de los días – Siglo XXI – 2012
1.560 – Motivos
El Departamento de Ciencias del Comportamiento de una prestigiosa universidad del Medio Oeste americano realizó a mediados de los años ochenta un estudio sobre una muestra de población de seis mil quinientos individuos según el cual, los motivos por los que el hombre sonríe con más frecuencia a lo largo de su vida adulta, son:
1. Un recuerdo de la adolescencia.
2. Una llamada de teléfono largamente esperada.
3. Un diagnóstico.
4. El hallazgo inesperado de una fotografía en el transcurso de una mudanza.
Por el contrario, el mismo estudio establece que los motivos por los que el hombre siente tristeza y llora con más frecuencia en esa misma franja de edad, son:
1. Un recuerdo de la adolescencia.
2. Una llamada de teléfono largamente esperada.
3. Un diagnóstico.
4. El hallazgo inesperado de una fotografía en el transcurso de una mudanza.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.553 – La ausencia
La echó de menos nada más despedirse. También al levantarse esa mañana y avanzar hacia el trabajo. Tenía la sensación de que aquel no sería un día más. Cada escaparate le traía su recuerdo, identificaba a lo lejos su silueta aunque no fuera la de ella. Creía verla en las calles, sonriendo a otro hombre, hablando a una amiga, levantando el brazo para pedir un taxi. Se le había quedado aquel recuerdo grabado al verla marchar. Al igual que el aroma de su cabello recién lavado y la imagen de dos pequeñas gotas de sudor dibujadas en su frente. Pero lo que más lamentó fue que durante aquella noche juntos ni siquiera le hubiera preguntado su nombre.
Álex Oviedo
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012
1.546 – Cena fría
La noche anterior han discutido por tonterías, como tienen por costumbre, levantando más la voz y diciendo esas cosas que se dicen sin pensar, cuando la rutina conyugal no da motivos suficientes para perder los estribos, y es preciso recurrir a antiguas ofensas y sospechas sin fundamento. Por eso, temerosa de haberlo calumniado por culpa de un vulgar ataque de celos, la mujer prepara hoy a su marido una fiesta sorpresa, para decirle que lo quiere mucho y para que sepa que -aparte de ella- también lo quiere mucho un montón de gente. Con esta finalidad ha llamado a sus amigos, ha reunido a buena parte de la familia, ha elegido la jornada en que su guardia nocturna como enfermera en el hospital (que hoy ha podido cambiar con una compañera) obliga al hombre a hacerse la cena cuando llega a casa después del trabajo. Lo ha dispuesto todo para que, cuando él abra la puerta del piso y prenda la luz del recibidor, le caiga encima una lluvia de confeti, una salva improvisada de aplausos, el alboroto de unas voces coreando su nombre con entusiasmo. Todo ello, seguido de un silencio sepulcral de todos los presentes, que le permita explicar entonces –sin prisa y con argumentos satisfactorios- quién demonios es la señorita que lo acompaña.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2012/09/cena-fria.html
1.539 – Cómo se pescan calamares
El calamar tiene ocho brazos que puede replegar sobre su cabeza: de tal modo se esconde de cualquier enemigo. Para protegerse mejor, también suelta un líquido muy negro, la famosa tinta que le sirve para ocultarse al menor peligro.
Cuando los pescadores ven que el agua se pone negra echan la red y así pescan fácilmente a los calamares.
