1.940 – Algo

Pedro Herrero_110921  Aunque su familia y amigos le decían que tenía que rendirse a la evidencia, la joven casada se negaba a aceptar que su marido hubiera muerto en la violenta explosión del pozo de petróleo. Aunque había visto esa misma situación en las películas, y sabía que en la vida real las cosas también se tuercen de un día para otro, la madre de dos hijos en edad escolar no estaba dispuesta a enfrentarse a un futuro estéril, carente de sentido. Aunque una voz interna la animaba a ser fuerte para poder salir adelante, superando la adversidad, ella se veía incapaz de dar un paso en ninguna dirección. Pero cuando, al cabo de unos días, llamaron a la puerta y apareció su marido, sano y salvo, hubo algo más que un abrazo apasionado, humedecido por lágrimas histéricas. Algo que buscaba respuestas antes de formular las preguntas adecuadas, acerca de cómo había sobrevivido a la catástrofe, acerca de cómo no habían dado con él los equipos de salvamento. Algo quizás irracional, causado por la súbita liberación de un estado nervioso prolongado, acerca de dónde había estado desde entonces, y acerca de dónde estaba en realidad (y con quién) cuando todo ocurrió. Algo extraño, en definitiva, oculto en una atmósfera irrespirable de felicidad espontánea, que dio paso a otro tipo de preguntas, formuladas de noche junto al cuerpo yerto de su marido, más frío que de costumbre. Algo acerca de quién era él en realidad, y por qué había regresado.

Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2014/01/algo.html

1.933 – Retrovisor

Carmela Greciet  Habíamos salido de vacaciones en dos coches, pues mi trabajo me obligaba a regresar a casa unos días antes. Viajaba primero yo, y unos metros más atrás, con los niños, venía Clara.
A medida que caía la noche, la autopista se había ido quedando en calma.
Escuchaba música en la radio cuando, surgido de la nada, apareció frente a mí el Kamikaze. Los ojos amarillos del Kamikaze.
Logré esquivarlo de un volantazo.
Miré hacia atrás sintiendo que yo era ya mi pasado, que el futuro estaba sucediendo a mis espaldas.

Carmela Greciet
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía.2010

1.926 – Las siete tumbas del Sr. Barea

fernando-leon-de-aranoa02  En el cementerio de Calonge, cerca del municipio foral de Etienne, en la Provenza francesa, hay siete tumbas con el mismo nombre. En ellas están enterrados los siete hombres que fue el señor Barea: educado los domingos, pusilánime en los hospitales, capaz ante sus empleados, tierno con ella a solas, iracundo sin motivo, obstinado en el error y, frente a los débiles, débil.
Su viuda le llora indistintamente ante ellas, dependiendo de a cuál de los siete hombres que fue su marido añore más.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.919 – Pesca

federico fuertes guzman4  ¡Otra vez mi mujer me ha dejado destapado! Ella tira y tira, y la madrugada me encuentra aterido y en posición fetal. Son las seis y todavía quedan un par de horas de cama, así que intentaré recuperar el tapado. Primero llega una colcha estampada de flores, después una primera manta de color celeste y una segunda amarilla (colores patrios para nosotros). Siguen llegando mantas y yo sigo tirando: mantas de lana, edredones, colchas estampadas, sábanas de franela y, ¡oh sorpresa!, después de mucho esfuerzo, aparece un gran banco de boquerones que dan sus últimos saltos sobre el lugar que hasta ese momento ha correspondido a mi cónyuge en el lecho nupcial.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.E.D.A.libros.2008

1.912 – Apalabrados

latinpost-2013-05-psicologo  Como de costumbre el doctor colmó sus expectativas con esa profusa atención que testimoniaba su fruncido entrecejo, su camisa escrupulosamente abotonada, el impecable nudo de la corbata y ese nervioso garabatear con el que había tomado notas mientras él hablaba.
–Los sueños son como los bailes de máscaras –empezó diciendo –.Nadie es quien aparenta ser.
Lucas compuso una media sonrisa de incomprensión.
–Le pondré un ejemplo –continuó –. El abad asesinado que aparecía en su sueño nos señala su rechazo inconsciente a la boda en ciernes con… ¿María se llama su futura esposa?
Asintió con la cabeza.
–El pulpo representa los obstáculos que ha encontrado durante los preparativos. El tiburón volador en realidad es alguien por quien se siente amenazado; probablemente el exnovio de María.
–¿Y el buitre? –preguntó.
El psicólogo se llevó la punta del lápiz a la barbilla y se quedó pensativo durante unos segundos.
–No lo sé –contestó al fin –.Esa máscara era realmente buena.
Luego volvió al crucigrama que disimulaba dentro de su libreta. Incauto, que se deja estafar fácilmente. Ocho letras : «pardillo».
–Si pasa al mostrador María le cobrará, señor Lucas.
Como siempre, al despedirlo, desplegó sus brazos para darle un afectuoso achuchón.

Juan Antonio Vázquez
http://estanochetecuento.com/78-apalabrados/

Ilustración: Charles M. Schulz

1.905 – Poo de Llanes *

alejandra-diazortiz23  No, no pensaba en él.
Le pareció algo impúdico pero, perdida en aquella playa donde cualquier sentido se extraviaba, en lo único que podía pensar era en las manos de Francisco, el cocinero que tanto placer le daba hasta tres veces al día.
Por el aroma sabía que en ese momento estaba en la cocina del pequeño hotel Rocamar, lavando las fabes que la noche anterior había dejado remojando en agua fría. Casi alcanzó a oír el ruido de las legumbres al caer dentro de la tartera en las que serían cocidas con otro tanto de agua, ajo, cebolla picada, azafrán tostado y un generoso chorro de aceite de oliva.
No, no pensaba en él.
Pensaba en las almejas bien frescas, que tras un hervorín serían, junto con un sofrito de ajo, cebolla y pimentón, esmengadas con las fabes. Mientras tanto, la espera la mojaba con el vino que, amable, le acercaba Patricio, el hombre de la sonrisa franca.
A lo lejos, entre el mar y la saudade, atisbaba a Eva y Ana pintando las mesas de azul. Aquello le anunciaba el momento de la entrega. Su estómago dio un respingo.
Entonces sí, pensó en él.
Lamentó su prematura huida. De haber detenido el mar un poco más, se habría quedado, como ella -y con ella-, embrujado, tras relamerse las heridas con ese mágico manjar convertido en fabes con almejas…

Alejandra Díaz-Ortiz

* Al placer de Carlos…

1.898 – El café con leche

jose_antonio_ayala  No sé bien si lo soñé o lo viví realmente: estaba tan tranquilo tomando un café con leche, cuando, según la expresión popular, se me fue por lo vedado. Me quedé sin respiración. Gruesas lágrimas resbalaban por mis mejillas. El sabor del café por un lado, de la leche por otro, me resultaban odiosos. El agua que conseguía tragar no aminoraba el regusto del café con leche. Pero, sobre todo, el enfisema que me aquejaba desde hacía tiempo me impedía expulsar el aire con fuerza, respirar siquiera un poco. Me asfixiaba. Me asfixié, frustrando así toda una carrera literaria que se me presentaba prometedora. Y todo por el maldito café con leche que ni me apetecía.

Jose Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.891 – Anima mea

gomes  Ciertos momentos de nuestra vida son francamente aterradores. Basta frotar, mientras tomamos una ducha, la pastilla de jabón recién comprada esta tarde, para que emerja, súbitamente, de una de las burbujas, la mujer tantas veces deseada y nunca alcanzada.
Podemos contemplarla entonces, recorrer su desnudez una vez tras otra con miradas lúbricas, descubrir en sus ojos que ella también arde en deseos por nosotros. Pero no más. Todos sabemos lo frágiles que son las burbujas de jabón. Todos hemos visto cómo se deshacen cuando intentamos apoderarnos de ellas.

Miguel Gomes
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.884 – La historia de la madre que quería pensar en todo

Ursula+Woelfel  Una mujer quería subir a una montaña con sus hijos durante las vacaciones. Estuvo pensando lo que deberían llevar. Quería pensar en todo: Por ejemplo, podía haber lluvia. Entonces necesitaban impermeables, calzado para cambiarse y medias.
Podría hacerse de noche demasiado pronto. La mujer llevó una linterna para cada uno.
También podría suceder que se perdieran. Entonces tendrían que pasar la noche al aire libre. La mujer metió una tienda de campaña y sacos de dormir, junto con un hornillo de alcohol, una olla grande y alimentos para unos días.
¿Y si uno de ellos se ponía malo en el camino? Era imprescindible tener medicinas para diferentes enfermedades, y vendajes.
También se le ocurrió a la mujer que podría haber niebla. Así que ató a los niños a una cuerda fuerte y se colgó del cuello una bocina para la niebla.
De este modo subieron a la montaña, y se arrastraban unos a otros y jadeaban y sudaban. Pero no llegaron muy lejos. La mujer pisó una boñiga de vaca y como iba cargada se resbaló cuesta abajo y los niños detrás, atados a la cuerda.
En la boñiga del camino no había pensado la mujer

Ursula Wölfel

1.877 – El balón

rene_de_Obaldia  Un alto muro separaba el patio de recreo de los chicos del patio de recreo de las chicas. Para esas criaturas que estaban entre los trece y los dieciséis años ¿qué mejor recreo que dejarlos estar juntos? Los maestros pensaban distinto. Y el muro, exasperando las diferencias de sexo, sugería uniones secretas.
Inútil pensar siquiera en escalar el muro. Por lo contrario, el balón desafiaba el obstáculo; viajaba maravillosamente de un patio a otro.
¡Oh juegos! ¡Minutos púberes! ¡Oh las redondeces latentes! ¡Las mudas de ropa!
Aquel balón parecía un balón honrado. De hecho, lo era. En cada despegue, cargado de sexualidad, ronroneaba. Principios machos y principios hembras se concentraban en su corazón. Finalmente iba tomando un aspecto singular… A veces volvía con barba, o dolores de barriga, ronchas, espinillas…
Por turnos, manifestaba rudezas ferruginosas, dulzuras lácteas, saltos de temperatura… El chico o la chica que lo lanzaba se estremecía de pies a cabeza.
-¡Confisco ese balón! -dijo un día la institutriz.
¡Oh suplicios aéreos! ¡Pasiones de cristal! ¡Transparencias! ¡Oh la primera sangre cuya mancha cubre el universo! ¡Oh!
Pocos meses después, los alumnos notaron que la malvada maestra había ocultado el balón en su vientre. Pero nadie se atrevía a reclamarlo.

René de Obaldia
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005