1.952 – 01100

alberto chimal  En los cabarets de la ciudad de los robots, los clientes beben aceite enriquecido, se conectan a redes eléctricas de voltajes exóticos y escuchan a los músicos y cantantes. Hay desde androides con formación operística hasta arañas rupestres que tocan cuatro guitarras a la vez. Y los repertorios también son muy variados: piezas de Kraftwerk y otros clásicos se alternan con las de cantautores actuales.
Pero el más curioso de todos estos artistas es Benito Punzón, quien cada noche aparece en el escenario, impecablemente vestido, y no utiliza ningún instrumento, ni siquiera su altavoz integrado. En cambio, zumba como planta eléctrica, martilla como antigua caja registradora, incluso imita el rascar de la piedra en las minas profundas: todos esos sonidos que para los robots son signos del pasado más remoto, de antes de la existencia del primer cerebro electrónico. La mayoría nunca los ha escuchado en otra parte pero todos se conmueven: alguno tiembla, otro arroja chispas que son como lágrimas.

Alberto Chimal

1.945 – Declaración de amor

pilar galan 5  Yo no sé si al final del camino nos esperan Mercadona, Carrefour, Eroski, DIA o el Lidl, o la sección grandes marcas de productos gourmet, no se trata de eso.
No sé si nos esperan tu madre, la mía, sus achaques, el olor a sumidero de las tardes de domingo, las comuniones de trajes que pican, las bodas llenas de primos que no conoceremos ni nos importarán nunca, la sangría de tu padre, su barriga como una pelota a punto de explotar al sol, los talones agrietados, los codos, las orejas, los pelos de la nariz, o cualquier parte de nuestra anatomía susceptible de contrata y derribo.
No sé si al final o en el medio nos aguardan las peleas, el sexo rápido antes del trabajo, los sábados de grandes superficies contra las parcelas pequeñas de los lunes, los análisis, el miedo, los deberes y la trigonometría que ni se da ni me importa, porque esto es el principio y no el final, es la línea de cajas, no la sección congelados, y en medio, hasta llegar al despiece de carne y los cadáveres de conejos, tan de posguerra, aún nos queda la juguetería, los dulces, las chuches, el aroma del té de limón, el café, la leche, el azúcar, la sal, el agua, la vida.

Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed De La Luna Libros. 2014
http://editorial-delalunalibros.com/tecleo-en-vano-pilar-galan
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/caceres/pilar-galan-escritora-nuestra-lengua-define-estamos-hechos-palabras_794909.html

1.938 – La ciencia de la pereza

italo calvino2  Para los turcos, Dios no nos ha impuesto castigo más brutal que el trabajo. Por esa razón, cuando su hijo cumplió 14 años, un viejo turco, buscó al profesor de la comarca para que se ejercitara en la pereza.
El profesor era conocido y respetado, pues en su vida sólo había escogido la senda del menor esfuerzo. El viejo fue a visitarlo y lo encontró en el jardín, tendido sobre cojines, a la sombra de una higuera. Lo observó un poco, antes de hablarle. Estaba quieto como un muerto, con los ojos cerrados, y sólo cuando escuchaba el ¡chas! que anunciaba la caída de un higo maduro a poca distancia, estiraba lánguidamente el brazo para cogerlo, llevárselo a la boca y tragárselo.
“Éste es, sin duda, el profesor que necesita mi hijo”, se dijo. Se acercó y le preguntó si estaba dispuesto enseñarle a su hijo la ciencia de la pereza.
—Hombre —le dijo el profesor con un hilo de voz—, no hables tanto que me canso de escucharte. Si quieres transformar a tu hijo en un auténtico turco, mándamelo y basta.
El viejo llevó a su hijo, con un cojín de plumas debajo del brazo, y le dijo:
—Imita al profesor en todo lo que no hace.
El muchacho, que sentía especial inclinación por esa ciencia, vio que el profesor, cada vez que caía un higo, estiraba el brazo para recogerlo y engullirlo. “¿Por qué esa fatiga de estirar el brazo?”, pensó, y se mantuvo recostado con la boca abierta. Le cayó un higo en la boca y él, lentamente, lo mandó al fondo. Luego volvió a abrir la boca. Cayó otro higo, esta vez un poco más lejos; el discípulo no se movió, sino que dijo, muy despacito:
—¿Por qué tan lejos? ¡Higo, cáeme en la boca!
El profesor, al advertir la sapiencia de su discípulo, le dijo:
—Vuelve a casa, que aquí nada tienes que aprender. Soy yo, más bien, quien debe aprender de ti.
Y el hijo volvió con el padre, que dio gracias al cielo por haberle dado un vástago tan ingenioso.

Italo Calvino
Cuentos populares italianos (Trieste)

1.931 – La lengua de Cervantes

Rogelio Ramos Signes  Se trataba de una pieza musculosa alojada entre los arcos dentarios propios de los vertebrados, alfombrada de papilas gustativas y propicia para la expresión verbal. En estos parajes habíamos dado en llamarla «lengua de Cervantes».
Luego, algunos colaboradores ingleses nos informaron que un órgano de similares características se conocía en el Reino Unido como «lengua de Shakespeare».
Por eso es que ahora estamos tratando de comunicarnos con colegas italianos para que nos expliquen qué cosa es lo que ellos denominan «lengua del Dante».
Glosofaríngeos, deglutores académicos, perversos de toda laya, más algunos filólogos internacionales preocupados en el tema de las mucosas (que de todo hay en este mundo) trabajan denodadamente para demostrar que Cervantes, Shakespeare y Alighieri son sinónimos. ¡Qué quieren que les diga! No sé. No sé.

Rogelio Ramos Signes
Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía. 2010

1.924 – Dormidos

DAVID LAGMANOVICH  Hay poca gente en este bar. Cuatro camareros, en grupos de dos, hacen tiempo -¿para qué?- apoyados en el mostrador. El nuevo parroquiano trata de llamar la atención de alguno, pero no tiene éxito y decide concentrarse en la lectura de una novela. El tiempo comienza a pasar y él quiere un café, quizá con una aspirina para atenuar su permanente jaqueca. La novela se torna cada vez más complicada. Uno de los personajes se dirige a él, al lector, usando su nombre propio y en tono admonitorio: «Juan Esteban, no te metas con mi hermana o terminarás mal». Él mira en dirección a los camareros y sólo percibe un desinterés absoluto ante lo que está ocurriendo. Cierra el libro violentamente y lo deja sobre la mesa. Siente que algo salta de las páginas y se encuentra con el personaje que le ha hablado, ahora de carne y hueso, sentado frente a él. Intenta por última vez más llamar a un camarero, pero los cuatro están dormidos. No le queda más remedio que despertar.

David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007

1.917 – Oración lingüistica

pilar galan 65  Mi suegra dice te se y me se, y asín, mientras la eternidad es una tarde de domingo atrapada en la mesa camilla de su casa.
Mi hijo pequeño dice sidericordia, y nos reímos. En el colegio estudia que los verbos indican acciones, y se buscan en el diccionario a través de los infinitivos. Ar, er, ir. También confiesa que confunde verbos y adjetivos, y que la lengua le aburre porque tiene que escribir renglones y renglones, y copiar los cuadros amarillos.
Mi madre no dice nada. Musita palabras sin sentido, o te mira fijamente intentando reconocer el camino de vuelta ya olvidado. A veces tose, o empieza a gemir y sobrevuela un conato de esperanza, que se diluye enseguida.
Mi hijo mayor escribe tqmuxo, y volveré trd. Bs.
Mi jefe dice reestructuración y objetivización adaptizada de contenidos actitudinales. Y luego plis, traime un café, porfa, enseñando unos dientes manchados de nicotina.
Durante el día, mi marido y yo cruzamos insultos y reproches, con el desafecto rápido de antiguos conocidos.
Por la noche, cuando todos duermen, hablo sola.
En el principio fue el Verbo, dicen.
Del final no dicen nada.
Porque estamos saciados de desprecios.
Sidericordia, señor, sidericordia.

Pilar Galán

1.910 – Ángel de luz

angel-guarda255  “Mamá está en mi cuarto”, le dije a mi hermana. “Dice que quiere hablar contigo, que vayas.”
Mi hermana me miró con lástima, aunque también con reproche. “No puede ser”, me contestó. “Mamá está muerta”. “Ya lo sé, pero ahí está. Ven a ver”.
“Bueno, está bien. Vamos”.
Y atravesamos la pared cogidos de la mano.

Agustín Monsreal

1.903 – Pleno municipal

PedroHerrero  La propuesta del señor alcalde, de declarar laborable la festividad del santo patrón que da nombre al municipio, provoca el rechazo frontal del principal partido de la oposición, defensor de la tradición secular de pasear su imagen por las calles del pueblo, desde la ermita hasta la iglesia parroquial, como argumento de la importancia de dicha efeméride. El alcalde quiere trasladar ese acto al día de la fiesta nacional, con el fin de optimizar el calendario de fiestas locales. Pero esa iniciativa tampoco es del agrado del tercer grupo del consistorio -cuyos votos son esenciales para cerrar cualquier acuerdo de gobierno- que expresa su temor de que los fastos religiosos adquieran demasiado protagonismo, frente a la proclama reivindicativa que ese día tiene lugar desde el balcón del ayuntamiento. Cada año, en estas mismas fechas, se convoca un pleno extraordinario que siempre mantiene en vilo a la mayor parte de la población, pendiente de saber si el día en cuestión será festivo, para coger el coche, salir al campo y disfrutar de un merecido día de vacaciones.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/2014/03/pleno-municipal.html

1.896 – La libertad

Italo_Svevo2  La puerta de la jaula había quedado abierta. El pajarito se plantó, con un ligero salto, en la entrada y desde allí miró el vasto mundo, primero con un ojo y después con el otro. Por su pequeño cuerpo pasó el estremecimiento del deseo de los espacios vastos, para los cuales estaban hechas sus alas, pero después pensó: «Si salgo, podrían cerrar la jaula y yo quedaría preso fuera». Volvió a entrar y poco después vio, con satisfacción, cerrarse la puertecita que sellaba su libertad.

Italo Svevo
 Fábulas. Madrid: Gadir, 2008.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/

1.889 – Marzo y el pastor

italo calvino  Había un pastor que tenía más ovejas y carneros que granos de arena hay en la orilla del mar. Pese a todo, siempre andaba preocupado de que se le muriese alguno. El invierno era largo, y el pastor no hacía más que suplicar a los Meses:
—¡Diciembre, sé propicio! ¡Enero, no me mates las bestias con la helada! ¡Febrero, si te portas bien conmigo, siempre te rendiré honores!
Los Meses oían los ruegos del pastor y, sensibles como son a todo acto de homenaje, no mandaron lluvia ni granizo, ni enfermedad del ganado. Las ovejas y los carneros continuaron pastando todo el invierno y ni siquiera pescaron un resfriado.
Pasó también Marzo, que es el mes de carácter más difícil; y anduvo bien. Se llegó al último día del mes, y el pastor ya no tenía miedo de nada; ahora vendría Abril, la primavera, y el rebaño estaba a salvo. Dejó su tono suplicante y empezó a burlarse y a fanfarronear.
—¡Oh, Marzo! ¡Oh, Marzo! Tú que eres el terror de los rebaños, ¿a quién crees que asustas? ¿A los corderitos? ¡Vamos, Marzo, yo ya no tengo miedo! ¡Estamos en primavera, ya no puedes causarme daño! ¡Marzo tonto, puedes irte directamente a donde ya sabes!
Al oír las palabras de ese ingrato, Marzo perdió los estribos. Corrió hecho una furia a casa de su hermano Abril y le pidió prestados tres días. Abril accedió, pues le tenía cariño a su hermano. Entonces, Marzo recogió vientos, tempestades y pestes que andaban sueltos y después los descargó sobre el rebaño del pastor. El primer día, murieron todos los carneros y las ovejas que no estaban muy fuertes. El segundo día, les tocó a los corderos. El tercer día, no quedó un animal vivo en todo el rebaño… y al pastor sólo le quedaron los ojos para llorar.

Italo Calvino
Cuentos populares italianos (Córcega)