El cigarrillo terminó de consumirse con la ilusión pasajera de sentirse reencarnado en el ave fénix.
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1.341 – 73
Habéis desobedecido mi orden, dijo el Señor a Adán y Eva. Y sin darles otra oportunidad, los despertó de golpe.
Ana María Shua
1.340 – Blablá
1.338 – Derecho
1.337 – Diez ejercicios. 5 – Secretos orígenes del donjuanismo
En su primera juventud don Juan Tenorio estuvo casado con una de esas mujeres de las que Chamfort escribió que, como no se las puede abandonar, es preciso engañarlas.
Marco Denevi
1.336 – Reflexiones de un escritor después de una charla
En cuanto acabó la charla en el instituto, se dio cuenta de que tenía que actualizarse enseguida.
Había aprendido informática, mímica, expresión corporal, hasta había acudido a un taller de cuentacuentos para que le enseñaran a no aburrir a ese público tan exigente formado por alumnos de quince años.
Comprendió que no le había servido de nada cuando escuchó la pregunta que cambió su concepción de la oratoria.
– ¿Tardó usted mucho en escribir el libro de Patronio y los cuentos del Lucanor ese?
Más tarde, algo azorada, la profesora le explicaría entre disculpas que acababan de explicar en clase al infante don Juan Manuel.
Definitivamente tenía que reciclarse. Era durísimo hacer la competencia a los videojuegos, a Internet, al botellón. Pero era mucho más duro competir con un fósil.
Pilar Galán
Paraiso posible. Ed. De la Luna libros. Abril 2012
1.335 – La diferencia
1.334 – Las insaciables madres de los neuróticos hijos en las podridas Dinamarcas
1.333 – Ya no quiero a mi hermano
«Carlitos está aquí», dijo la médium con su voz de drácula, y de pronto se transformó y puso cara de buena. Entonces mamá le hizo muchas preguntas y el espíritu respondía a través de la señora. Seguro que era Carlitos porque sabía dónde estaba el robot y cuántas monedas había en su alcancía, dijo cuál era su postre favorito y también los nombres de sus amigos.
Cuando la médium nos miró haciendo las muecas de Carlitos papá empezó a llorar y mamá le pidió por favor, por favor que no se fuera. Las luces se apagaban y encendían, los cuadros se caían de las paredes y los vasos temblaban sobre la mesa. Me acuerdo que la señora se desmayó y que una luz atravesó a mamá como en las películas. «Carlitos está aquí», dijo con cara de felicidad.
Desde entonces hemos vuelto a compartir el cuarto y los juguetes, el ordenador y la Play-Station, pero la bicicleta no. Mamá quiere que sea bueno con Carlitos aunque me dé miedo. No me gusta su voz de drácula. Y además huele a vieja.
Fernando Iwasaki
Ajuar funerario.Ed Páginas de espuma. 2009
1.332 – Saltos*
Mira por donde, el jersey de lana que su tía Carmina le había metido en el bolso a última hora, iba a servir para algo.
-¿Qué haces, tía? ¿Un jersey? Pero que voy a Australia, que allí ahora es verano, que no me va a hacer falta.
-Dice ella que verano, ¿pero vamos a ver, mi alma, cómo va a ser verano si estamos en enero? Tú cógelo, que para eso lo hice, y si no te vale, pues lo guardas para cuando vengas….Dice que verano…¡esta chavala está fatal!-había sentenciado la tía Carmina antes de darle un billete de cincuenta euros y pedirle que se cuidara mucho.
En casa no hubo grandes despedidas. Todos se habían prometido en la cena de Navidad que nada de escenas dramáticas. Ella se iba a trabajar a la otra esquina del mundo sí, pero no le quedaba otra. Además, con internet, se verían todos los días.
Ni su licenciatura superior en la Escuela de Minas ni sus ocho años de trabajo en una constructora le habían servido para labrarse un futuro estable hasta ese momento. Estaba harta de cobrar dos duros por currar lo suyo y lo de los demás. Así que cuando recibió el correo electrónico con la oferta de trabajo no se lo pensó mucho. «Empresa australiana precisa Ingeniero Superior de Minas para proyectos relacionados con la captación de aguas subterráneas». ¡Perfecto!. Su proyecto de fin de carrera la había hecho toda una experta -y enamorada- en la materia y su nivel de inglés era más que aceptable. El sueldo acabó por convencerla: 63.000 euros brutos al año durante seis años y dos viajes a España pagados por la empresa, uno en verano y otro en Navidad.
Y allí estaba, solo dos meses después de responder aquel correo electrónico, en un avión camino de Sidney.
-¿Eres Violeta Morales?
-Sí, sí, sí…-titubeó ella que se había quedado absorta mirando por la ventanilla.
-Vente para atrás con nosotros, llevamos dos horas calculando quién de todas las mujeres que van en turista sería Violeta Morales y por fin te encuentro. Ya pensábamos que no existías. Por cierto, me llamo Esteban, y no te asustes, no ha pasado nada, somos compañeros de trabajo. Yo y aquellos cafres del fondo que oyes gritar. Pero coge tus cosas y vente para acá que tienes mucho que oír. ¿Sabes cocinar? Esperamos que sí, eres la primera asturiana del grupo y la verdad, una fabada no vendrá mal de vez en cuando.
Esteban encadenaba un tema con otro y apenas la dejaba responder. Cuando se dio cuenta él ya llevaba su equipaje de mano hacia la cola del avión.
-¿Tendrás algo para taparte, no? Es que atrás hace un frío que pela.
Violeta abrió el bolso y con la mano derecha tocó el suave jersey de lana gorda de su tía Carmina.
Aitana Castaño Díez
http://sairutsa.blogspot.com.es/2012/01/saltos.html
(*Para los que cruzáis charcos y sueños en busca de un futuro mejor)



