Dos agentes cruzaron muy de madrugada el cuidado jardín y se acercaron a la puerta principal del magnífico chalet, emplazado en el barrio residencial más lujoso de la capital. Llamaron y se dieron a conocer al mayordomo. El señor, en batín y pañuelo de seda anudado al cuello, les recibía minutos después. Estaba detenido por presunto delito de estafa. Le concedieron unos minutos para que se vistiera y despidiera de los suyos. No quiso despertar a los niños, pero su mujer, agitada y nerviosa, le abrazó con fuerza y trató de animarlo… «Tenías que haberme dicho que las cosas no te iban bien, cariño. No te preocupes. Pediré dinero a papá… ¿Cuánto debes?». El hombre no dijo nada e inclinó la cabeza. «¿Un millón, dos, tres…?». El hombre permanecía en silencio. «¿Son diez, veinte… cien?». La mujer, impaciente y nerviosa le recriminó: «¡Habla, dime algo, por favor…!». El hombre, sin atreverse a mirarla bisbiseó: «Mil doscientos millones, querida…». Más tarde, la mujer, en la soledad del dormitorio, se consolaba pensando en lo importante que era su marido.
Etiqueta: Miércoles
2.073 – Hubo una vez…
Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue.Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos.
Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.
Únete siempre a los filisteos.
Augusto Monterroso
2.066 – La llamada
“Deberías airearte un poco”, recuerda que le decía ella y nunca le hacía caso. Ahora todas las noches cumple con aquella frase. Después de cenar sale a la calle. Camina con su leve cojera hacia la cabina de teléfonos más cercana, entra y cierra la puerta. El hombre marca el número de su casa mientras observa su decrépito reflejo en el cristal de la cabina por el que se deslizan pequeñas gotas de lluvia. Nervioso escucha el primer tono, el segundo y al quinto, como siempre, salta el contestador automático. Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer.
Manuel Nicolás Andreu
VIII Edición de Relatos en Cadena (Finalistas)
http://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2014/
2.059 – El cantante…
El cantante de los ojos divinos llegó a la ciudad. Ella le siguió. Acudió al concierto. Logró arrojarle una carta que él, por casualidad, leyó. Concertó una cita; charlaron, pasaron la noche en un hotel. Se despidieron con pena. Le dedicó una canción. Ella estaba casada. Nunca pudo contárselo a nadie.
Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010
2.052 – La repetición
Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he sabido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido: mi nacimiento; aunque me parece recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.
Eduardo Berti
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.045 – Títulos
Mi amigo escritor publicó un libro de microrrelatos que tituló La hormiga escritora. Los textos incluidos eran diminutos y tenían cierta mordacidad que evocaba la picadura del insecto. El libro, de distribución gratuita, fue bien recibido por sus parientes y amigos, entre los cuales tengo el honor de contarme.
Luego compuso otro volumen, llamado La tortuga veloz. No tuvo el mismo éxito porque, a pesar de las implicaciones del título, quienes lo adquirieron lo consideraron de lectura un tanto laboriosa, lo que perjudicó la venta de la obra.
Ahora mi amigo está a punto de intentar la publicación de un tercer libro de minificciones, al que no sabe si titular El ciervo perplejo o, tal vez, La mosca que no sabía volar. En esas dudas se le van los días, y el libro no acaba de ser enviado al editor. Éste, por su parte, propone un título alternativo: El zoólogo ignorante.
David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007
2.038 – Ocaso de un imperio
Swift inventó el país de Liliput, poblado por hombres diminutos, y Tomás Moro la isla de Utopía, cuya capital es Amauroto. Yo también me dedico a inventar lugares imaginarios. Sin ir más lejos, ayer dibujé un círculo con guijarros en el patio y lo nombré Imperio de Chu. Chu es un país árido, sembrado de agujas de pino y habitado sólo por hormigas. Más allá de sus fronteras se extienden parterres con begonias y crisantemos, y también un sendero de grava que conduce hasta la verja de salida, esa verja que siempre permanece cerrada (al menos, para mí). Todos los imperios están condenados a desaparecer: esta mañana, el jardinero arrasó Chu al pasarle un rastrillo por encima. Como me encaré con él, las enfermeras decidieron inyectarme una nueva dosis de tranquilizante.
Manuel Moyano
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.031 – El tornillo
Por la rotura de un tornillo, de un solo tornillo, un gran avión de pasajeros se precipitó en tierra con todos sus ocupantes. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera porque mañana he de viajar en avión por motivos laborales. Puedo alegar que estoy enfermo, que tengo cáncer. «Aquí», le digo a mi jefe, señalando con el dedo índice los pulmones. Pero solamente consigo que me dé un consejo: «No fume tanto». Necesito tener la conciencia tranquila. Las luces del atardecer se filtran por los rosetones de la iglesia y una anciana espera una vez más que la Virgen se le aparezca sobre la hornacina de enfrente, justo donde el morado del vitral deja reposar su luz. El sacerdote me dice que todos estamos en manos de la Providencia, pero ignora los nombres de los encargados de revisar los tornillos de los aviones. ¿Tendrán la conciencia tranquila?
Desde el ventanal del aeropuerto observo una infinidad de aviones. Algunos son movidos por minúsculos «jeeps» y se bambolean con exceso. Un sudor frío invade mi frente. Una luz roja indica que debo tomar ya mi avión. Trato de llamar a mi familia para despedirme, quizá por última vez. Inútil. No funciona el aparato. Seguramente le faltará algún tornillo. Soy el último en ocupar el autobús que nos conducirá, a través de la pista, al avión. Soy el primero en descender apresuradamente, pero no me dirijo a las escalerillas, sino a las alas. Todos me observan extrañados. Trato de colgarme de una de ellas. Mis saltitos resultan ridículos. Ante la inutilidad del esfuerzo, golpeo el fuselaje, las chapas metálicas; compruebo las juntas, toco las cabezas de los tornillos. Mis compañeros de viaje se han detenido en las escalerillas y me observan. Dos empleados de la compañía tratan de alejarme del aparato. Primero con buenos modales, luego a la fuerza; me arrastran hacia la escalerilla y yo solamente les ruego que me dejen comprobar si el maletero situado en la panza cierra herméticamente.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.024 – Derechos de autor
El autor de *Las diez reglas básicas para un matrimonio feliz* nunca se casó. Eso no le impidió escribir un tratado sobre el divorcio.
Aunque nunca negó su fobia a viajar, consiguió un gran éxito con su *Guía básica para la conquista de los cien mejores Paraísos del Universo*, tres extensos tomos sobre lugares exóticos que jamás conoció. De hecho, hay, quien duda sobre la existencia de más de tres de los citados paraísos.
(Re)Conocido por ser un miserable en usos y costumbres cotidianas, tales como su aversión al baño y a dejar propinas, entre otras virtudes, su consagración definitiva le llegó al recibir el reconocimiento mundial, en forma de premios de diversa calidad e índole monetaria, tras la publicación de su última obra: *Cómo ser un buen humano*.
Al poco, murió.
Alejandra Díaz-Ortiz
No hay tres sin dos.Trama Editorial 2014
2.017 – Alegría del cronopio
Encuentro de un cronopio y un fama en la liquidación de la tienda La Mondiale.
-Buenas salenas, cronopio cronopio.
-Buenas tardes, fama. Tregua catala espera.
-¿Cronopio cronopio?
-Cronopio cronopio.
-¿Hilo?
-Dos, pero uno azul.
El fama considera al cronopio. Nunca hablará hasta no saber que sus palabras son las que convienen, temeroso de que las esperanzas siempre alertas no se deslicen en el aire, esos microbios relucientes, y por una palabra equivocada invadan el corazón bondadoso del cronopio.
-Afuera llueve -dice el cronopio-. Todo el cielo.
-No te preocupes -dice el fama-. Iremos en mi automóvil. Para proteger los hilos.
Y mira el aire, pero no ve ninguna esperanza, y suspira satisfecho. Además le gusta observar la conmovedora alegría del cronopio, que sostiene contra su pecho los dos hilos -uno azul- y espera ansioso a que el fama lo invite a subir a su automóvil.