2.165 – Daños colaterales

Elysa Brioa  Mi amiga Sonia y yo estamos muy ocupadas, no solo tenemos que estar atentas a las clases, además tenemos que vigilar a la Jenifer. Hemos trazado un plan para conseguir nuestro propósito. Siempre alguna de nosotras está cerca de ella, en el recreo cuando nadie nos ve le quitamos el bocadillo, aunque tengamos que darle fuerte en las manos. Por las tardes nos ofrecemos para ir a su casa y hacer los deberes con ella, de esa manera la tenemos controlada. Su madre no sospecha nada y encima está muy contenta porque su hija lleva amiguitas a casa. Cuando nos trae la merienda, esperamos hasta que se marcha y nos la zampamos entre Sonia y yo. Jenifer nos odia, lo sé, pero me da igual. Está cada vez más delgada, pero no vamos a parar hasta que tenga menos culo. Sonia dice que está cansada, yo la animo diciéndole que ya queda poco, dentro de nada lo conseguiremos y nos sentaremos cómodamente en el colegio.
No se nos ocurre otra manera, cada vez somos más alumnos por aula y no hay dinero para comprar mobiliario. Compartir mesa y la misma silla con un culo tan gordo como el de la Jeni, es un suplicio.

Elysa Brioa
http://elystone.blogspot.com.es/2013/05/danos-colaterales.html

2.158 – Nacido alto

leon_de_aranoa  Era de natural bajo, pero había nacido alto por equivocación. Por eso se golpeaba en la cabeza con la barra de los autobuses, en las puertas de las casas de sus amigos, y con las lámparas de algunos restaurantes íntimos, arruinando la ocasión.
Atrapado en un cuerpo que no era el suyo (un cuerpo alto), se compraba equivocado la ropa pequeña, por eso las mangas de los jerseys le quedaban siempre cortas, y los tobillos al aire. Por encima del seto del chalet adosado donde pasó un verano, vio sin querer cosas que nunca quiso ver, y molestaba sin pretenderlo a quienes se sentaban detrás de él en el cine.
Si un día os cruzáis con él le reconoceréis sin dificultad: camina encogido por las calles, por temor a que las nubes se le enreden en los cabellos.
Hay por el contrario quien es de natural alto, pero nace bajo. Son fáciles de distinguir. Caminan estirados, con la nariz apuntando al cielo. Calzan a menudo pedestales, les gusta subir escaleras y levantar la voz, y, si las circunstancias históricas se lo permiten, invadir países vecinos.
Pero se enfadan sin remedio cuando, en el cine, delante de ellos, se sienta alguien de natural bajo que, por equivocación, ha nacido alto.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

2.151 – Volar un momento

gabriel de biurrun  En ocasiones, desde el auto, observo compañía a un lado. Un pájaro. No es siempre el mismo. No puede ser. Por un instante acomoda su aletear secreto al bárbaro petardeo de la máquina. Lo veo por la ventanilla. Es un instante, no más. La memoria se encarga de ralentizarlo, de hacerlo dos instantes, tres; lo que tarda en dibujarse un sueño, lo que tarda uno en darse cuenta de que rueda a velocidad de pájaro.
Pero es un instante, no más. El pájaro no vuela más tiempo junto al auto. No es idiota. Sí es curioso, sin embargo, y quiere saber qué animal viaja en la panza del monstruo; a quién dejará perplejo con la máxima demostración de libertad.

Gabriel de Biurrun

2.144 – El amor en secundaria

paloma casado  Solo esperar la salida me produce tal desasosiego, que no me deja pensar en otra cosa que no sea si él estará en la puerta, si me llevará a casa en el coche impregnado de su olor a tabaco rubio y colonia, si me preguntará ¿qué tal las clases? con una sonrisa de gato de Cheshire.
Si viene, sé que me encontraré con sus ojos en el espejo retrovisor y ya no me los podré quitar de encima cuando trate de estudiar en mi cuarto, ni cuando me vaya quedando dormida para soñar otra vez con él. En mis sueños, nos encontramos por casualidad los dos solos en cualquier parte y me invita a un helado, o llueve y me resguarda bajo su paraguas y vamos sorteando los charcos y nos paramos bajo los soportales de la plaza vacía y entonces sucede. Estamos tan cerca, que nuestras bocas no pueden dejar de juntarse y temblando, hago mío ese sabor de tabaco y saliva sabia y pienso que no me importa que esté casado.
No puedo soportar más tiempo la incógnita y disimulando mi ansiedad, le pregunto a mi compañera de pupitre: ¿Vendrá hoy tu padre a buscarte?

Paloma Casado
http://estanochetecuento.com/el-amor-en-secundaria/

2.137 – La medalla

alonso-Ibarrola32  Se alarmó al leer en la prensa varios casos de compañeros que habían descubierto que sus medallas de oro, concedidas por sus «méritos laborales» el día de su jubilación, eran falsas. Su mujer, una paciente esclava del hogar, de sus caprichos y manías de viejo, para tranquilizarlo y ante sus insistentes ruegos, mostró la susodicha «medalla» a un experto para que verificara su autenticidad. La pobre señora, no se atrevió, al volver a casa, tras la consulta, a contarle la verdad. «Tranquilo. Es auténtica», dijo. El anciano emitió un suspiro de alivio y siguió leyendo apaciblemente su periódico. Un año más tarde enfermó y su dolencia acentuó el trabajo de su mujer, que noche y día se veía, obligada a atenderlo. La fatiga se reflejaba en su rostro. Estaba harta, irritada y no veía el final de aquella insostenible situación. Su marido, en un momento de serenidad y lucidez, le regaló la «medalla de oro» y ella no pudo contenerse. «¡Es falsa, imbécil!». Una frase que luego, viuda, le remordería hasta la tumba…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.130 – El libro prohibido

iwasaki  En una librería electrónica encontré una sección esotérica que llamó mi atención, pues no sólo tenían la primera edición del Diccionario infernal del padre Collin de Plancy o el Malleus Maleficarum con prólogo de Lord Byron, sino el apócrifo y terrible Necronomicón del árabe loco Abdul Al-Hazred. Pensando que sería una antología de historias góticas lo encargué más por romanticismo que por interés. A los tres días me lo llevó a casa un hombre alto y borroso que parecía vendedor de Biblias. Se trataba de un volumen en octavo y encuadernado en una tela que recordaba a las arañas. Lo encontré algo ajado, descolorido en las cubiertas y torturado por los nervios, pero era la edición valenciana de 1610. Un sello de agua indicaba que el ejemplar había pertenecido a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires. «La crisis» -pensé- y me dispuse a disfrutar de mi tesoro.
El libro era una maldición y una blasfemia, pues contenía todas las aberraciones posibles de nuestro tiempo y el anterior. Leí las revelaciones de la Clavícula de Salomón, los hechizos del Kitab-al-Uhud y las profecías del papiro de Leyden. Conocí la genealogía atroz de los primigenios: Azathot, Cthulhu, Nyarlathotep y Yog-Sothoth. Descubrí razas malditas que habitan en las profundidades marinas, que supuran en las esquinas sucias de nuestras casas y que aguardan una señal de guerra en el abismo de los espejos. Pero lo peor era el libro en sí: no tenía fin, no tenía comienzo, la numeración era delirante y las páginas que pasaba no volvían a aparecer.
Después de varios días de insomnio encontré unos folios garrapateados con letra menuda y temblorosa. Era un índice alfabético de las miles de ilustraciones de aquel libro infinito, acaso abandonado por algún lector enloquecido y aterrorizado. Hice una hoguera en el jardín y arrojé esa monstruosidad a las llamas. Lleva meses ardiendo. Quizás sea la señal que espera Yog-Sothoth.

Fernando Iwasaki
Ajuar funerario. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.123 – Los carteles

2003 Sundance Film Festival - "Mondays in the Sun" - Portraits  Lo dicen los carteles a manera de advertencia, de consejo de enemigo. A la entrada de las fincas, en las praderas que rodean palacios, haciendas, parcelas.
Lo dicen los carteles que cuelgan de las verjas, de las tapias de ladrillo; de los muros de cemento coronados de cristales y de espino.
Al pie de las vallas, de las torres y los fosos, de las altas alambradas: lo dicen los carteles.
Cuidado con el Pueblo.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

2.116 – Flores para la memoria

javier_ximens  Cuentan en los Montes que en la Navidad de 1948 —cuando los rencores iban bajo palio—, Olvido huía de los guardias civiles que el alcalde había mandado en su persecución por habérsela visto llevando leche y mazapanes para los guerrilleros. Quiso la Providencia que el parto se presentara en tales circunstancias, de modo que —con dolores silenciosos— la mujer parió una hermosa niña entre las retamas y la tuvo que dejar allí ante el cerco de los guardias. Se enternecieron los hombres y dejando la cacería llevaron la criatura a la casa del regidor. Como su mujer estaba seca de maternidad acordaron quedarse con ella.
Que la madre muriera fusilada en la cárcel de Talavera por ser del maquis o por intereses ajenos nunca se pudo demostrar.
Desde entonces —todos los 25 de diciembre—, el viento de la sierra tañe en las campanas de la iglesia los gritos del parto, y aquellas retamas maternales alumbran navideñas flores blancas. En el pueblo se las conoce como «Las flores de Olvido» y en sus pétalos se forma un rocío seroso, dorado y con sabor tan triste como difícil de olvidar.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/12/flores-para-la-memoria.html

2.109 – Vidas cruzadas

flavia Company  Tener una hermana gemela no es algo que se escoja -tiempo al tiempo- pero, y eso puedo asegurarlo hoy con una certeza absoluta, es algo que no se elegiría aunque así pudiera hacerse. Me dirán que dependerá del caso, que habrá gustos para todo, que a cada cual le va según su experiencia. Pues no: puedo asegurarles con una convicción incuestionable que, en el fondo del fondo, a nadie le gusta verse repetido y ya desde su nacimiento conocer una de las verdades más aplastantes con las que, tarde o temprano, todos debemos enfrentarnos: no somos únicos.
Tenemos que conformarnos, no obstante, con la suerte que nos toca. De un modo u otro, mi hermana gemela y yo hemos ido cumpliendo años en armonía, si bien es cierto que, en más de una ocasión, al mirarme en el espejo he pensado que yo no era yo, sino ella y, por el contrario, al mirarla a ella he llegado a pensar que se trataba de mí. Sé que a mi hermana le ha sucedido otro tanto. Ni siquiera nuestros padres han podido distinguirnos. Es difícil entender semejante confusión si no se ha sufrido nada similar, pues parece sencillo detectar los límites de la propia persona.
Sea como fuere, hasta ahora siempre habíamos estado de acuerdo sobre el momento y las características de nuestros pactos. Por ejemplo, habíamos coincidido en el deseo de intercambiamos el marido durante una semana. O el trabajo. Nunca había habido problemas después con la devolución de nuestras vidas o, por decirlo de otro modo, siempre había estado claro a quién correspondía cada marido, cada trabajo, cada casa o cada problema. Hasta ahora, insisto. Porque el asunto del embarazo ha trastornado las facultades mentales de mi querida hermanita que, estando embarazada yo, insiste en mantener la loca idea de que este embarazo es en realidad suyo, aunque no sea a ella a quien se le note. Dice que el hijo que yo llevo dentro le pertenece, que yo no soy más que el receptáculo en donde el bebé está creciendo y que, una vez salga al mundo deberé entregárselo a sus verdaderos padres, es decir a ella y a su marido. Y como siempre ha sido más hábil que yo con el lenguaje, ha convencido de semejante despropósito no solo a nuestros esposos y padres sino, lo que es peor y más grave aún, al ginecólogo y al mundo entero, que ha comentado su caso en la prensa y, aunque parezca mentira, se ha puesto de su parte. ¿O de la mía?

TITULAR: «Una japonesa da a luz al hijo de su hermana».

Flavia Company
Trastornos literarios,La vida en prosa .Textos de ficción basados en un titular publicado en la prensa escrita. Ed. Páginas de espuma. 2011

2.102 – Metafísicas transpersonales

Jordi Cebrian  Me apunté a un curso de filosofía transpersonal, un seminario cuyo objetivo era algo así como remover nuestro interior para sacarlo fuera, dejando el exterior dentro, más o menos. Me pasa siempre con estas cosas que me cuesta ponerme en situación. Cuando ya todos estaban meditando con los ojos cerrados, yo aún no podía quitarme de encima la sensación de estar haciendo el ridículo, allí sentado en la posición del loto. Intenté sacar mi yo interior y mutarlo por mi ello exterior, tal y como decía el profesor, pero sólo conseguí que me doliera el estómago por acumulación de gases.

Jordi Cebrián
www.cienpalabras.com