1.640 – Metátesis

Juan Ramón Torregrosa Primero echó en falta una blusa beige, luego unas braguitas color rosa. Juraría que las había lavado y tendido. Otro día fue la falda azul que tanto odiaba, pero que tenía que ponerse por obligación en el trabajo. En su lugar se encontró unos pantalones vaqueros que no eran suyos, pero sí de su talla. Se los probó. Le sentaban bien. En la siguiente colada aparecieron unos calzoncillos, una camiseta interior de tirantes y un jersey. Ahora lo que le faltaba era el sujetador y unas medias. Vivía sola y apenas se relacionaba con los vecinos. Hasta que un día, justo al ir a introducir la llave en la cerradura del portal, creyó ver entrando en el ascensor a alguien que vestía una blusa beige y una falda azul. Era ella, su mismo corte de pelo, su estatura, su andar desgarbado.
Instintivamente, giró la cabeza para contemplarse en el espejo de la entrada. Un muchacho vestido con unos vaqueros ajados y un jersey de cuello alto, entre sorprendido y cómplice, le miraba desde lo hondo del espejo con sus mismos ojos.

Juan Ramón Torregrosa

http://nalocos.blogspot.com.es/2013/07/juan-ramon-torregrosa.html

1.639 – 7 12 27 31 32 44

daniel sanchez bonet Pagar de una vez la hipoteca, hacer ese viaje soñado lejos de la rutina aplastante del día a día o simplemente vivir mejor, sin sentir la soga de fin de mes… Antes de marcar la edad de su hijita pequeña -el ojito derecho de la familia-, el pobre Armando se secó la frente y dio una profunda calada a su imponente cigarrillo casero. Después, con las demás casillas siguió el mismo ritual: secarse la frente, calar el cigarro y marcar. Marcar la edad de su otro hijo –al que nunca falló cuando había que llevarlo a entrenar-, marcar el día de la boda con su mujer –para él, lo más importante de su vida-, marcar la edad que tenían los dos cuando se casaron –apenas se llevaban un año-. Secarse la frente, calar el cigarro y marcar. Marcar, por fin, el último número y con él, retar con valentía y a pecho descubierto a la diosa fortuna…
Armando sólo fallo seis números, pero su sueño -aquel que llevaba 44 años esperando- seguía intacto.

Daniel Sánchez Bonet

http://microrrelatoapeso.wordpress.com/2012/03/28/7-12-27-31-32-44/

1.638 – Carta sin remite

carta  Somos dos tíos fuertes, ¿a que sí?: Posdata. Recibe un cordial saludo. Bueno, ya me despido. Y Wilder antes que Coixet. Mejor güisqui que diazepam. Solo un par de sugerencias más. Innegociable el arroz dominguero en casa de sus padres. Que quede limpia la encimera para que no acudan hormigas. Dos de azúcar. La leche, descremada. El café, caliente. Cuela la pulpa de la naranjada. Y tener un perro. Siempre quiso viajar a Nueva York. Anímala a maquillarse cuando llueva. Pero quizás ignores algunos detalles. A estas alturas ya sabrás que los besos en la ducha valen el doble. Querido tipo afortunado:

José Agustín Navarro Martínez

Relatos en cadena 2012-2013-Ganador del 27/6, semana 32

http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2013

1.637 – Romance

 Azucena Rodríguez La aldeana parió dos hijos el mismo día desventurado. Su suegra le hizo juicio de adulterio. La nuera alegó: “No só culpable, que yací con mi señor marido dos vezes en una misma noche.” El tercer hijo dio en ser morenico a los pocos meses de nascido. La suegra volvió a protestar y la aldeana a atestiguar: “Que la nodriza morena es, e su leche le oscureció”. La suegra quedó conforme, ca ella alimentó al su hijo con leche de cabra e, ya marido, tornóse cabrón.

Adriana Azucena Rodríguez

1.633 – El pantano

 alonso-Ibarrola32  No había otra elección. El pueblo quedaría próximamente sumergido por las aguas del nuevo pantano y tenían que irse… Les habían construido otro pueblo nuevo a veinte kilómetros de distancia. Un anciano del lugar se mostró disconforme y reacio. No atendió a razones y ni corto ni perezoso se subió con provisiones a la torre del campanario. Moriría ahogado. El alguacil por poco murió descalabrado cuando intentó subir para detenerlo. Pensaron que lo mejor sería dejarlo. Al verse solo bajaría por propia iniciativa. No bajó. Y quienes volvieron a por él arrostraron grandes peligros, pues arrojaba grandes pedruscos sobre sus cabezas. Le dejaron por imposible… No se hizo el pantano por falta de presupuesto y cambio de planes. Volvieron todos sus habitantes de nuevo con sus enseres y bártulos a ocupar sus viviendas al cabo de tres meses de ausencia. Encontraron el cadáver del anciano en un pozo. Calcularon que llevaba dos meses allí abajo. Todo hacía suponer que quiso beber agua y se cayó al intentar llenar el cubo. Quien más, quien menos, pensó que había muerto como quería.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.632 – Las cosas que se quieren perder

 2003 Sundance Film Festival - "Mondays in the Sun" - Portraits Los objetos con más tendencia a perderse son los relojes regalados por alguien muy querido y las cadenas de oro. También las carpetas con apuntes manuscritos en los días anteriores a un examen, nuestro rotulador rojo favorito y las llaves de casa, aunque éstas tiendan a hacerlo sólo de manera temporal.
Resulta llamativo también el empeño en ser olvidados en los taxis que muestran los paraguas en los días de lluvia y las bufandas al comenzar el invierno. Las gafas de sol de óptica, por el contrario, manifiestan una mayor disposición a perderse en los meses de más calor.
A día de hoy parece probado que existe una relación de proporcionalidad directa entre la importancia de los objetos y su tendencia a desaparecer: el número de teléfono de una mujer de ojos oscuros, anotado al vuelo en un ticket de compra en la cola de unos grandes almacenes, tendrá más posibilidades de no ser encontrado jamás cuanto más diáfana sea la claridad con la que creamos haber visto en ellos a la mujer por la que daríamos, llegado el caso, nuestra vida.
También las personas muestran en ocasiones tendencia a perderse. En especial los niños, porque aún desconocen la rutina, y los viejos, porque la quieren olvidar.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.631 – Furtivo amor

Pedro Herrero_110921 En la calle donde vivo hay un chico que me gusta. Él quizás no se ha dado cuenta aún, pero yo lo sé desde que su padre me invitó a su fiesta de cumpleaños cuando todavía éramos chiquillos. Lo he sabido siempre, aunque luego cambié de colegio y dejamos de ser compañeros en clase. Aunque apenas coincidíamos por el barrio, salvo cuando él y su padre bajaban a tirar la basura, casualmente a la misma hora en que yo llegaba del instituto. Aunque sólo de vez en cuando, en el supermercado (siempre acompañando a su padre, ¡maldita sea!) cruzábamos unas palabras. No me extraña que nunca se haya fijado en mí y que no haya sabido interpretar las escasas miradas furtivas que he podido dedicarle en todos estos años. Eso, al menos, es lo que pensaba hasta ayer, cuando finalmente hallé en mi buzón una invitación para ir a cenar a su casa. Y es lo que sigo pensando ahora, cuando he llamado a la puerta, y -tras decirme que el chico no está- me ha recibido su padre.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/