No le fue bien a Cupido con Guillermo Tell, aunque dos días más tarde, sus flechas quedaron olvidadas debajo de una cama de sábanas perfumadas.
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Nos confinaron a todos en una mazmorra oscura durante meses. Lo único que nos daban era agua. Para sobrevivir, nos vimos obligados a devoramos los unos a los otros. A1 final, tan sólo quedé yo. En un inesperado gesto de clemencia, me permitieron abandonar la cárcel y regresar a mi vida normal, pero no conseguí habituarme al sabor de las comidas que cocinaba mi dulce Amanda… Sé que eso no atenuará ante los jueces la abominación de mi crimen.







