En esta jaula viven los antiguos compañeros de Baco. ¡Vaya festividad! Todo es danzar, beber y tocar instrumentos musicales (pulsan las liras y de las flautas nacen como arabescos notas armoniosas y provocativamente sensuales). En ocasiones, a falta de ninfas, los sátiros gozan solitarios y ensimismados ante la multitud absorta.
Parece-que no extrañan su libertad; mejor aún, se diría qué nunca la conocieron. Su constante bacanal produce envidias en cuantos la contemplan (en particular a solteronas beatas). Se ha dado el caso de entusiastas que mirando los juegos eróticos, permanecen frente a la jaula por semanas, cada vez más tristes a causa de no estar en ella, languidecen y ahí mismo mueren; lo que no mengua el jolgorio;
un cadáver le procura mayor intensidad.
Los rígidos guardias que rodean la jaula tienen la misión de impedir que el público acepte invitaciones de los sátiros. No los culpen:
obedecen órdenes. Vean ustedes el letrero puesto por la empresa del lugar y en el que pese a su decoloración todavía puede leerse:
ESTRICTAMENTE PROHIBIDO PARTICIPAR EN LA JUERGA Y EMBORRACHARSE CON LOS RESIDENTES DE ESTA JAULA.
Etiqueta: Miércoles
2.810 – La noticia
No podían matarle. Evitaba las emboscadas, devolvía la sangre con más sangre. Por cada uno de sus hombres que caía mataba a doce funcionarios públicos, y a cada detención le seguían más secuestros. Las canciones popularizaron su crueldad, los seriales daban su nombre a los malos.
Después de años sin poder terminar con el enemigo público número uno, los asesores del presidente se reunieron, buscaron soluciones.
Al día siguiente, todos los medios publicaron la noticia de su muerte en una emboscada. Las televisiones la airearon, se corrió por los mercados, por las plazas, por los parques.
Si la gente le creía muerto, calcularon, moriría.
Cuando reapareció, hasta las fuerzas policiales corrieron, espantadas. Ahora es peor, gritaban. Ha resucitado.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.803 – Noches de Reyes
Ya había cumplido once, pero se negaba a aceptar la realidad. No existen los Reyes. ¡Cómo que no! Yo he visto que se han bebido el agua y se han comido los mazapanes. El agua me la bebo yo, le decía Gerardo. Y yo los mazapanes, explicaba Carmen. La niña se resistía. Prefería seguir sin saberlo. Juraba que había oído las pisadas de los camellos. Nosotros somos los Reyes. No puede ser. ¿Y por qué no puede ser? Pues… porque… ¿entonces quién es el tercero? ¡Falta un Rey! De pronto, la niña se rindió y dijo desilusionada: Es verdad. El tercero es el tío Julio, ¿a que sí? Por eso viene cuando no está papá, ¿verdad? ¡Basta de tonterías! Los Reyes somos papá y mamá. Ahora vete a tu cuarto. Gerardo no miró a Carmen, que se había puesto muy roja. él también prefería no saber. ¿Para qué perder la ilusión? Julio era el hermano pequeño de Gerardo, el tercer Rey Mago.
Rafael Reig
2.796 – El secundario
Al llegar a casa, le había brotado un actor secundario en el suelo de la cocina.
-Soy Steve Buscemi me conocerás por películas como El gran Lebowski Fargo cameos en las cintas de Adam Sandler soy el actor fetiche de los hermanos Coen y un icono del cine independiente aunque también he hecho teatro de bajo presupuesto y estoy situado en el puesto cincuenta y dos de la lista de las cien mejores estrellas de cine de todos los tiempos realizada por la revista Empire pero sobre todo te sonará mi cara porque hago de ti en Reservoir Dogs -le dijo del tirón, sin ni tan siquiera hacer una coma para coger aire. El personaje mira con horror a Buscemi, le palpa la comisura de los labios, le frota el pelo. Huele sus manos. Le apunta con la pistola a la cabeza. Dispara. En ese momento, la cara del señor Rosa desaparece. Se borran sus ojos saltones. Se transforman sus facciones.
-Nunca había visto a nadie morirse tan bien; ¡qué irse!, ¡qué apagarse! -sentencia el señor Rosa con el rostro de Luis Ciges.
Manu Espada
Personajes secundarios. Ed. Menoscuarto, 2015.
2.789 – Tuning
Con cuatro horas diarias de gimnasio, una dieta estricta y largas sesiones de bronceado, el anciano logró cambiar su aspecto en pocos meses. Afeitó barba y se mudó al Hemisferio Sur, donde cambió la calurosa chaqueta roja por una guayabera multicolor. Luego, vendió el viejo trineo para comprar un descapotable último modelo, y contrató a un fotógrafo prestigioso para que lo retratara en una playa, exhibiendo sus brazos recién tatuados.
Esa Navidad, repartió juguetes en tiempo récord, con la vitalidad de un hombre nuevo. Eso sí, con su imagen diferente impresa en las tarjetas, aquel año Unicef no vendió ni una postal.
Martín Gardella
2.782 – La humildad premiada
En una Universidad poco renombrada había un profesor pequeño de cuerpo, rubicundo, tartamudo, que como carecía por completo de ideas propias era muy estimado en sociedad y tenía ante sí brillante porvenir en la crítica literaria.
Lo que leía en los libros lo ofrecía trasnochado a sus discípulos en la mañana siguiente. Tan inaudita facultad de repetir con exactitud constituía la desesperación de los más consumados constructores de máquinas parlantes.
Y así transcurrieron largos años hasta que un día, a fuerza de repetir ideas ajenas, nuestro profesor tuvo una propia, una pequeña idea propia reluciente y bella como un pececito rojo tras el irisado cristal de una pecera.
Julio Torri
Por favor, sea breve. Ed, Páginas de espuma 2001
2.775 – El protagonista
-Por favor, recapitulemos las premisas de la investigación para llegar a una conclusión viable.
-Todo comenzó cuando Sancho se esfumó, como por arte de magia, de la faz de la tierra. En un principio desconfiamos de la locura de su amo, pero las sospechas que recayeron sobre el hidalgo se disiparon pronto. A las dos semanas borraron al capitán Haddock. No quedó ni rastro de ese borracho en ninguna viñeta. Nosotros entramos en acción cuando Rick nos pidió que investigásemos la desaparición de Sam, el pianista negro, de todos los fotogramas de la película. Desde entonces, barajamos varias hipótesis que nos han llevado a una conclusión: un psicópata está asesinando a los personajes secundarios. Nuestra conjetura quedó confirmada cuando recortaron de las hojas a los Dalton, dejando un maligno vacío que superaba a los propios personajes. Tacharon los diálogos de todas las hijas de Bernarda Alba y taparon con típex las palabras del alférez Yago. De todo ello, si me permite, y siempre desde el punto de vista freudiano, he elaborado una teoría propia: el homicida tan solo puede ser un personaje egocéntrico que, movido por los celos profesionales hacia un secundario cercano a él que le hace sombra en lo laboral, ha decidido librarse de todos los de su especie. Es decir, el psicópata es un personaje protagonista que desea brillar en solitario y quiere librarse de la candela refulgente que le acompaña. ¿Estoy en lo cierto?
-Elemental.
Manu Espada
Personajes secundarios. Ed. Menoscuarto, 2015.
2.768 – Caníbales y exploradores
Los caníbales bailan alrededor de los exploradores. Los caníbales encienden el fuego. Los caníbales tienen la cara pintada de tres colores. Los caníbales están interesados en el corazón y el cerebro, desprecian la carne tierna de los muslos, el resto de las vísceras. Los caníbales ingieren aquellas partes del cuerpo que consideran capaces de infundir en ellos las virtudes que admiran en sus víctimas. Los caníbales se ensañan sin goce en su banquete ritual. Los caníbales visten las prendas de los exploradores. Los caníbales, una vez en Londres, pronuncian documentadas conferencias sobre los caníbales.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
2.761 – Por algo se empieza
Estuve cenando en casa de unos buenos amigos, demócratas de toda la vida, y a los postres se habló de la falta de flexibilidad de los sindicatos para adaptarse a los tiempos modernos. Al principio entendí que la mención a los tiempos modernos era un sutil juego de palabras, pero luego advertí que no había intención irónica: o no habían visto la película homónima de Charlot o no la recordaban. Lo curioso es que la concepción que tenían del tiempo, y de la modernidad, no era muy diferente de la que se criticaba en aquella historia muda.
Luego se habló también de las supuestas conexiones entre el CESID y la red de ex agentes suyos dedicada al espionaje industrial, lo que inevitablemente condujo al asunto de Al Kassar. Tuve la osadía de indignarme un poco por todo este intercambio de intereses entre las mafias y el Estado y me dijeron que era tonto: hay que aceptar que en defensa del interés general los aparatos del Estado tengan que moverse a veces en las sucias aguas de la delincuencia. Lo que les molestaba no era eso, sino la torpeza con que delinquían las personas dedicadas a la construcción del bien común.
Hablaban en un tono seguro y reposado, y aunque ninguno de ellos procedía de Harvard -ni siquiera sabían inglés-, habían adquirido en algún sitio una sabiduría que les indicaba cuándo debían indignarse y por qué. Comprendí que representaban alguna clase de vanguardia de la que yo, sin darme cuenta, la verdad, había ido autoexcluyéndome, porque hablaban todo el tiempo de la importancia de las formas. Deduje que el gusto por los contenidos era una pasión propia de las clases menos ilustradas. Además, es verdad, si te paras a pensarlo los contenidos, como la moral, sólo les interesa a quienes no tienen otra cosa. La moral es asunto de las clases medias y bajas: una ordinariez, en fin. O sea, que me sentí como un zoquete y me retiré al cuarto de baño para meterme dentro del cuerpo un Alka Seltzer, que no es lo mismo que un Al Kassar, pero por algo se empieza.
Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011
2.754 – El olmo de mi hermana
Al olmo de mi hermana le diagnosticaron la enfermedad holandesa de los olmos. El tratamiento era muy caro: se decidió que la enfermedad siguiera su curso fatal. Pero el árbol era viejo y astuto. A lo largo de un siglo había entrelazado sus raíces con la cañería de la cloaca. Su muerte resultaría más cara todavía. Por dos mil dólares, con una enorme jeringa conectada a un motor, se le inyectó lentamente, en veinticuatro horas, una cubeta de líquido con medicamento.
Según los expertos, el olmo está ahora sano y fuerte y no hay que hacer caso de sus síntomas de hipocondríaco. Como la tala es peligrosa, se duda entre la psicoterapia o la mudanza.
