2.818 – El burro zancón

ramon g de la serna  Recuerdo mi entrada buscando algo en un corral, ya tarde, cuando había oscurecido, en aquel pueblo de Castilla.
Había pisado las piedras puntiagudas, los morrillos puntiagudos, que son los que más sensación de la realidad me han dado en la realidad, y fui a aquella casa a buscar a Lucio, un criado patudo, al que le salía perilla de chivo por toda la sotabarba.
-Espera un poco que eche de comer a los animales… Es su hora…
El burro gris, zancudo, de Lucio estaba sentado como después he visto que Goya pintó sentados a los burros, y a la luz del farol vi que escribía… ¿Qué escribía?… Me acerqué y vi que escribía: El Quijote. Tercera parte…
Eso es lo que yo recuerdo confusamente, apareciéndoseme aquel corral a esa hora, en que las bestias son personas porque la fuerza de la realidad permite una cosa así… Sospecho que aquella tercera parte del Quijote debía estar bien de realidad, además de escrita en el mejor y más puro de los castellanos, en el castellano del rebuzno, que es el más denso y sesudo.

Ramón Gómez de la Serna
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

2.811 – La primera palabra

DAVID LAGMANOVICH  Vaciló al escribir el comienzo. Trazó la primera palabra, que resultó ser «En», pero luego dudó. ¿Dónde ubicar la acción? Mientras pensaba, la tinta se había secado en la punta de la pluma. La miró un rato y se le ocurrió una idea: ¿por qué no aquí mismo, en esta tierra árida, en esta amada sequedad? Mojó nuevamente la pluma y prosiguió: «un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme…».

David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed Menoscuarto. 2007

2.804 – Desplante

Ruben-Abella-copia  Landelino Ortega vio acercarse a Pepe Villa en pleno chaparrón, un minuto antes de que dieran las ocho. Con mucha calma, rodeó el mostrador de la mercería y fue a esperarlo a la puerta. Cuando lo tuvo enfrente, al otro lado del cristal, echó el tranco de golpe y se señaló el reloj con el dedo.
Pepe Villa se quitó el pelo empapado de la frente y, con ojos suplicantes, abrió en el aire un paraguas invisible. Landelino Ortega negó varias veces con la cabeza y observó con impavidez cómo su vecino se alejaba chorreando lluvia, encogido por el peso del aguacero.
Luego volvió al mostrador e hizo caja.
Se fue a casa preocupado. Si las ventas no mejoraban, iba a tener que cerrar el negocio.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

2.797 – Las metamorfosis

jose-emilio-pacheco  Pigmalión, gran escultor de Chipre, creó una estatua más bella que todas las mujeres y todas las obras de arte. La llamó Galatea. Apasionado, la besaba y acariciaba. Galatea no respondía a su creador. En su desesperación Pigmalión rogó a Venus que le diera vida a la estatua. Galatea al fin cedió a sus caricias. Durante unos meses todo fue pasión y placer. Luego empezó la discordia. Llegaron los celos, el egoísmo, los rencores. Pigmalión y Galatea acabaron por separarse. Ahora se odian y cuando se encuentran en algún lado no se dirigen la palabra.

José Emilio Pacheco
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

2.790 – Nochebuena

eduardo-galeano-ii  Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón: se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a… -susurró el niño-. Decile a alguien, que yo estoy aquí.

Eduardo Galeano
El libro de los abrazos – Ed Siglo XXI – 2009

2.783 – El incendio

Ana_MariaMatute  El niño cogió los lápices color naranja, el lápiz largo amarillo y aquél por una punta azul y la otra rojo. Fue con ellos a la esquina, y se tendió en el suelo. La esquina era blanca, a veces la mitad negra, la mitad verde. Era la esquina de la casa, y todos los sábados la encalaban. El niño tenía los ojos irritados de tanto blanco, de tanto sol cortando su mirada con filos de cuchillo. Los lápices del niño eran naranja, rojo, amarillo y azul. El niño prendió fuego a la esquina con sus colores. Sus lápices -sobre todo aquél de color amarillo, tan largo- se prendieron de los postigos y las contraventanas, verdes, y todo crujía, brillaba, se trenzaba. Se desmigó sobre su cabeza, en una hermosa lluvia de ceniza, que le abrasó.

Ana María Matute
La otra mirada. Ed. Menoscuarto.2005

2.776 -Vendetta

federico fuertes guzman4  -Padre, vengaré a nuestra familia. Me embarcaré en ese barco y acabaré con todos nuestros enemigos. Y recuerda bien estas palabras: si mi embarcación vuelve con las velas verdes desplegadas, sabrás que habré sobrevivido y habremos sido vencedores. Si vuelve con velas rojas, la victoria habrá sido de ellos, pero te aseguro que habré muerto defendiendo nuestra patria. Y tú, madre, reza por todos nosotros para que salgamos victoriosos.
El rey daltónico y la reina sorda miran al hijo desconcertados.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. Libros. 2008

2.769 – Atractivo

aranoa_4  Lo que hacía de ella una mujer atractiva era que tenía una risa a prueba de balas, un beso en la punta de la lengua y los bolsillos llenos de caricias, que repartía entre nosotros a dos manos.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era la marea creciente de su conversación y la arrogante disposición de sus huesos, siempre en pugna con su piel: esqueleto prodigioso, Santa Patrona de los Traumatólogos.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era su bendito peligro sin advertencias: epicentro y réplica de mi terremoto, curva de montaña sin señalizar. Su corazón era un paso a nivel sin barreras.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era que tenía una locomotora a punto de descarrilar en los ojos y un mar sereno en las manos. Que bailaba al caminar y, al soñar, dormía.
Pero lo más importante, lo que por encima de cualquier otra cosa hacía de ella una mujer atractiva, era que guardaba un extraordinario parecido consigo misma.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

aquiyacendragones

2.762 – Montón

gabriel de biurrun  Ese maravilloso viaje que le habían prometido sus padres con la mirada fija en el suelo y la sonrisa de comer limón, Corfú; la garantía de unas gafas de sol enormes, diecisiete tarjetas que venían con las flores, una copia de la esquela, una foto en la cuna, el certificado, un suplemento semanal, instrucciones de una crema para el pecho, la ecografía y la amniocentesis; prospectos de yodo, prospectos de hierro, la factura de la clínica y la del hotel. Habitación individual. Todo eso sobre la mesa, en ese orden. Y la ventana. Y al otro lado de la ventana, nada de nada.

Gabriel de Biurrun Baquedano
http://propilogo.blogspot.com.es/p/relatos-en-cadena.html

2.755 – Lágrimas Pasajeras

Pedro GuillermoJara  Mi compañera de viaje duerme acomodada en el asiento del bus. No la conozco y de vez en cuando observo a hurtadillas su perfil, sus manos entrelazadas, su piel blanca, su cabello largo y castaño. Creo escuchar su respiración acompasada. Es hermosa, no sé su nombre y no conozco su destino. Observo el paisaje que se desplaza esta mañana de otoño. En un prado un álamo con sus hojas oro-viejo resplandece con furia.
De pronto una lágrima comienza a rodar por la mejilla de mi compañera de viaje: se desliza con lentitud en búsqueda de las concavidades y pliegues del rostro hasta desaparecer en el mentón. Luego aparece otra lágrima. Tomo mi pañuelo y las enjugo. Ella no se da cuenta porque continúa dormida y soñando. No sé si son lágrimas de pena, de despedida, de separación, de ruptura. Mientras tanto sus lágrimas ruedan y se cobijan en mi pañuelo. Mi compañera de viaje llega a su destino, desciende. La observo desde la ventanilla. Habla por celular.
El bus parte.
El asiento está vacío.
El álamo resplandece.
Duermo.

Pedro Guillermo Jara
http://nalocos.blogspot.com.es/2014/05/lagrimas-pasajeras-de-pedro-guillermo.html