Era delgada y tenía el pelo blanco y largo como una actriz gótica. Yo sólo quería verla de nuevo y por eso le presté mi casaca. Para tener una excusa y poder ir a su casa esta mañana.
La madre se ha puesto a llorar y me jura que su hija ha muerto hace años. Como no le he creído me ha llevado hasta su tumba y allí estaba ella, blanca como una azucena y con mi casaca negra sobre los brazos abiertos. Parecían alas.
He querido abrazarla y la madre me ha sujetado con fuerza. Ella corre hacia mí. No sé quién me ha mordido primero.
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2.035 – Circunstancial de lugar
Como los ángeles al caer el sol, que, convocados al sueño por las trompetas vespertinas, dan tregua a su batalla cotidiana con la muerte, y recogidas sobre el pecho sus alas doloridas, se acurrucan al cobijo de la bóveda celestial, al amparo del Altísimo que por ellos vela, así, con la misma seráfica dulzura, duermen los niños en el basurero.
Jesús María Benito Regidor
Cadena SER – Relatos en cadena – Finalista 07/10/2010
http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2011
Ilustración: http://libroskalish.wordpress.com/2012/02/01/ciudad-de-cuarzo-arqueologia-del-futuro-en-los-angeles-mike-davis/
2.034 – Apareció…
Apareció súbitamente, caído de la nada, en medio del camino. Los habitantes de la zona se lo llevaron a casa, creyendo, al ver sus alas, que era un mensajero celestial. A partir de entonces, cada noche, una doncella fue encontrada muerta con dos cicatrices bermejas en su cuello.
Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010
2.033 – Cartas
Señor concejal te amo Irma me dirijo a usted y aunque tus ojos ni vigilen mis pasos para informarle que te amo de igual manera después de conocer las cifras y estoy dispuesto a quererte de todos estos años de gestión y a no olvidarte nunca no estoy nada de acuerdo y a quererte más con usted con el corazón y por eso le escribo muchos besos Irma adiós señor concejal un beso atentamente en los labios a dos de marzo mi pequeña Irma de mil novecientos adiós noventa y seis.
Raúl Vacas
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009
2.032 – La segunda Babel
La segunda vez que decidieron construir una torre para llegar al Cielo, Él estaba demasiado ocupado como para haber notado nada extraño. Hacía milenios que no les prestaba ninguna atención. Ellos, pese a sus múltiples lenguas, lograron entenderse los unos a los otros, y encumbraron la construcción más alta que nunca antes se hubiera levantado sobre la superficie de la tierra. Ahora Él sigue en sus cosas, y a través de la serpenteante pendiente de ladrillo y argamasa los hombres empujan una enorme guillotina.
Juan Jacinto Muñoz Rengel
El libro de los pequeños milagros (Páginas de Espuma, 2013)
2.031 – El tornillo
Por la rotura de un tornillo, de un solo tornillo, un gran avión de pasajeros se precipitó en tierra con todos sus ocupantes. El hecho no tendría mayor importancia si no fuera porque mañana he de viajar en avión por motivos laborales. Puedo alegar que estoy enfermo, que tengo cáncer. «Aquí», le digo a mi jefe, señalando con el dedo índice los pulmones. Pero solamente consigo que me dé un consejo: «No fume tanto». Necesito tener la conciencia tranquila. Las luces del atardecer se filtran por los rosetones de la iglesia y una anciana espera una vez más que la Virgen se le aparezca sobre la hornacina de enfrente, justo donde el morado del vitral deja reposar su luz. El sacerdote me dice que todos estamos en manos de la Providencia, pero ignora los nombres de los encargados de revisar los tornillos de los aviones. ¿Tendrán la conciencia tranquila?
Desde el ventanal del aeropuerto observo una infinidad de aviones. Algunos son movidos por minúsculos «jeeps» y se bambolean con exceso. Un sudor frío invade mi frente. Una luz roja indica que debo tomar ya mi avión. Trato de llamar a mi familia para despedirme, quizá por última vez. Inútil. No funciona el aparato. Seguramente le faltará algún tornillo. Soy el último en ocupar el autobús que nos conducirá, a través de la pista, al avión. Soy el primero en descender apresuradamente, pero no me dirijo a las escalerillas, sino a las alas. Todos me observan extrañados. Trato de colgarme de una de ellas. Mis saltitos resultan ridículos. Ante la inutilidad del esfuerzo, golpeo el fuselaje, las chapas metálicas; compruebo las juntas, toco las cabezas de los tornillos. Mis compañeros de viaje se han detenido en las escalerillas y me observan. Dos empleados de la compañía tratan de alejarme del aparato. Primero con buenos modales, luego a la fuerza; me arrastran hacia la escalerilla y yo solamente les ruego que me dejen comprobar si el maletero situado en la panza cierra herméticamente.
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
2.030 – La ardilla verosimil
Un hombre es amigo de una ardilla que vive en el jardín de un conocido financista. Trepando de un salto al alféizar de la ventana, la ardilla escucha conversaciones claves acerca de las oscilaciones de la Bolsa de Valores. Usted no se sorprenderá en absoluto si le cuento que el amigo de la ardilla se enriquece rápidamente con sus inversiones.
Pero yo sí estoy sorprendida. No dejo de preguntarme por qué usted está tan dispuesto a creer, sin un instante de duda, que una ardilla pueda entender conversaciones claves acerca de las oscilaciones de la Bolsa.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
2.029 – Naturaleza de la nube
Para el asceta jansenista Milton Worner, las nubes están ahí esperando el día del juicio terrible. Ellas, liberadas entonces de su servidumbre por el Reino de la Palabra, servirán de soporte a la ascensión de los justos y condenarán los azules de un cielo ya inútil al silencio final.
Al parecer, el poeta italiano Paulo Strozzi, en su juventud, hacía durar el tiempo del amor tanto como tardaba una nube amiga en cruzar el marco visual de su ventana.
En el Museo de lo Milagroso y lo Curioso de Évora, se exhibe, junto a la momia apergaminada y lisa de un infante de Lancaster, un tarro de vidrio que guarda prisionera la rareza de una nube diminuta. Advierte el conservador del Museo que esta pequeña nube llueve desconsoladamente todas las primaveras.
Rafael Pérez Estrada
2.028 – Corrección política
El placer de ver a otros arriesgando la vida, el goce en el peligro ajeno, ya no es un espectáculo aceptable. Por eso los trapecistas trabajan ahora con cables de seguridad, los tigres aparecen con bozal, a los osos les han cortado las uñas, el tirador de cuchillos lanza sus armas contra una silueta dibujada.
Pero en privado, en los ensayos,los artistas del circo siguen jugando con el peligro y el tirador se jacta de poder acertarle a su mujer o a cualquier otra un cuchillo en el ojo a veinte pasos.
Ana María Shua
2.027 – De la luz a las tinieblas
Al principio, las ranas cantaban al amanecer —como acostumbran hacerlo los pájaros—, para celebrar la luz de un nuevo día. Con el correr del tiempo, sin embargo, descubrieron que ese desbordamiento de alegría resultaba insensato, pues mientras más cantaban al sol, más secaba éste las aguas.
Desde entonces, y en venganza, las ranas cantan la llegada de la noche, pero lo hacen despacio, sin emoción, no sea que de repente la oscuridad también les resulte nociva.